El «fantasma de las Navidades futuras» de la Covid-19

«Asistimos a más y más brotes en las residencias porque las promesas políticas no se han hecho realidad»

Si echamos la vista atrás recordando el pasado más reciente y utilizamos todo lo vivido para valorar el presente y planificar el futuro más cercano, más bien pareciera que estuviéramos asistiendo al «Cuento de Navidad» del autor Charles Dickens.

El «fantasma del pasado» nos recuerda la gran cantidad de muertes de nuestros mayores en casi todas las residencias geriátricas durante la fase aguda de esta pandemia, ante las que todos los políticos y autoridades sanitarias, tanto del gobierno central como de todas las comunidades autónomas, nos prometieron solucionar el problema de infraestructura, organización y coordinación, para que esta inexplicable situación no volviera a suceder.

Tantas personas mayores que «murieron sin que les tocara morir» pusieron al descubierto la ineficacia de un modelo de «atención sociosanitaria» que no es tal porque adolece de profesionales debidamente especializados, de la coordinación necesaria, tanto con los hospitales como con la atención primaria y la geriatría, de las medidas de protección necesarias para los profesionales, de las necesarias pruebas diagnósticas, de los protocolos de cuarentena, aislamiento, cuidados paliativos y despedida digna junto a los familiares de los pacientes, y en definitiva de todos los recursos esenciales para poder ofrecer a todos los residentes la asistencia sanitaria de urgencia necesaria en cada caso y de forma digna. Y luego, las promesas: incremento de recursos personales y materiales, planificación de las necesarias derivaciones a los hospitales, coordinación con la atención primaria, equipos de protección individual (EPI) para todos los trabajadores, pruebas diagnósticas suficientes…

Ahora nos visita el «fantasma del presente»: hoy volvemos a enfrentarnos a una situación de verdadero olvido y desamparo; cada vez asistimos a más y más brotes de Covid-19 en las residencias geriátricas de la gran mayoría de comunidades autónomas, sencillamente porque las promesas políticas no se han hecho realidad, ni tienen visos de serlo.

Si aumentan los casos positivos en las residencias geriátricas no será porque el residente sea el vector del contagio, sino los propios trabajadores que como es lógico hacen su vida diaria tras su jornada laboral y se convierten en el más que probable foco de contagio, como ya está ocurriendo en los hospitales; pero siguen sin hacerse las pruebas diagnósticas periódicas necesarias como se establece en todos los protocolos de seguridad. Eso sí, se restringen cada vez más las visitas de sus seres queridos, lo que aumenta la vulnerabilidad de nuestros mayores.

Es imprescindible retomar el debate social, clínico y político de «medicalizar las residencias geriátricas», lo que no significa convertirlas en «minihospitales», sino en rediseñar nuestro actual modelo de asistencia sociosanitaria en estos centros, para que todos puedan contar con profesionales de enfermería y personal auxiliar especializados, con un médico-geriatra durante las 24 horas, profesionales de apoyo psicosocial, habitaciones con tomas de oxígeno y de aspiración, posibilidad de realizar las extracciones sanguíneas necesarias para los análisis clínicos, radiografías, electrocardiogramas, salas de atención de urgencia con respiradores y desfibriladores, programas de RCP, protocolos de cuidados paliativos y despedida digna junto a sus familiares, planes de derivación a los servicios de urgencias de los hospitales, o bien el ingreso en «hoteles medicalizados» si es necesario. Y todo ello respetando siempre el imprescindible plan de humanización asistencial.

Nuestros mayores son el grupo de población más vulnerable ante el Covid-19, pero también lo son ante la soledad, el olvido y la falta de dignidad. ¿De veras que alguno de nuestros políticos cree necesario, a tenor de los datos actuales, esperar la inexorable visita del «fantasma de las Navidades», el fantasma del futuro de Charles Dickens, para actuar de forma más proactiva y menos reactiva, olvidando y dejando de nuevo a nuestros mayores a su suerte?