Urticaria

Hay un dicho popular que expresa la aparición de una urticaria cuando algo o alguien te resulta insoportable. Pues bien, parece que ando en eso, pero no sé por qué ni por quién. Después del confinamiento, un día comenzó a picarme el cuero cabelludo. Pensé que sería sequedad hasta que descubrí una cordillera montañosa en mi cabeza. Sin saber qué era seguí viviendo. Pero un día me desperté con ronchas rojas y picantes en las piernas. Tampoco le di demasiada importancia. Otro día la cosa fue a peor. Hasta que una mañana me levanté plagada de habones picantes en medio cuerpo. El cuerpo, ese misterio, porque dichos habones aparecen y desaparecen como por arte de magia, y cuando pienso que ya está superado vuelven a mí con una furia titánica. Un día acabé en urgencias. Me pusieron una inyección que me quitó hasta los lunares, y un tratamiento con antihistamínicos y corticoides que debía ir retirándome poco a poco. Es una alergia, me dijo la doctora que me atendió. Tendrás que hacerte las pruebas, pero en la inmensa mayoría de los casos no se descubre a qué, ni por qué ocurre. Con el tratamiento estuve mejor, pero una vez que dejé la cortisona todo comenzó de nuevo. Una mañana me desperté como un monstruo. Mi plaga personal había tomado asiento en toda mi piel, incluidos ojos y boca. ¡Qué espanto mirarse en el espejo y ver una cara de película de miedo! ¡Qué impotencia no saber qué hacer! Después de otra visita a urgencias, hoy me hallo de nuevo con dosis mínimas de corticoides y mucho antiestaminico. Llevo días sin grandes brotes, pero desconfiada con mi cuerpo y con mi mente. En cualquier momento, en cualquier situación, como una reunión laboral o una cita interesante, puede salirme en el rostro una anomalía de tamaño imponente. Algo que se va y vuelve sin mi comprensión. ¿Qué me produce esto? ¿Será urticaria a la incertidumbre, al miedo, a la pena por las pérdidas, a tener mi vida en manos de mandatarios inverosímiles? ¡Qué misterio es el cuerpo!