Illa no es quién para dar lecciones después de 53.000 muertes

Si chocante es que un mes después del regreso de unas plácidas vacaciones al Gobierno le entraran las prisas por confinar Madrid, más lo es aún la forma elegida

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha vuelto a quedar deslegitimado en esta pandemia, y ya van unas cuantas veces. La última ha sido a cuenta de su intento chapucero de confinar Madrid. Un intento que se enmarca en la campaña que el delegado del Gobierno, José Manuel Franco, el PSOE y el propio Pedro Sánchez intensificaron el pasado verano contra Isabel Díaz Ayuso para desterrar al PP de la Comunidad y hacerse con el poder total en la capital.

Resulta sorprendente que en agosto, cuando los rebrotes empezaban a sacudir numerosos barrios de esta ciudad y decenas de localidades de media España, el responsable de pandemias del Gobierno, Fernando Simón se fuera de vacaciones. También se ausentó unos días el ministro, aunque fue más cauto y no se dejó fotografiar con la tabla de surf en la mano, como el portavoz áulico de Sanidad. Si tan grave era la cosa, ¿por qué no se quedaron entonces en sus despachos, diseñando por ejemplo unos criterios comunes para todo el país, objetivables y consensuados con todos los territorios para aplicar en caso de que las infecciones se dispararan?

Si chocante es que un mes después del regreso de unas plácidas vacaciones al Gobierno le entraran las prisas por confinar Madrid, más lo es aún la forma elegida: una resolución que no alcanza ni siquiera el rango de un decreto y que encima no llevaba la firma del ministro, sino la de su número dos, Silvia Calzón. No es de extrañar que el Tribunal Superior de Justicia la haya tumbado. Tampoco parece Illa la persona indicada para dar lecciones de Salud Pública: con 53.000 muertos, España es la oveja negra de la pandemia.