Operar la inestabilidad cráneocervical mejora el síndrome de fatiga crónica

Neurocirujanos del Centro Médico Teknon desarrollan un tratamiento quirúrgico pionero con resultados esperanzadores

El síndrome de fatiga crónica o encefalomielitis miálgica (SFC/EM) es una condición médica caracterizada por una fatiga crónica prolongada y discapacitante que perdura durante un mínimo de seis meses, no atribuible a ninguna otra enfermedad existente. Alrededor del 25% de los pacientes más graves están confinados en la cama o en casa, invalidándoles de manera permanente.

Esta enfermedad, pese a que limita la capacidad funcional y las actividades de la vida diaria, aún carece de un tratamiento médico efectivo puesto que algunos fármacos inmunomoduladores no han resultado plenamente efectivos. Sin embargo, el prestigioso equipo de neurocirujanos de Neuroinstitut/Chiari & Hypermobility, del Centro Médico Teknon de Barcelona, ha podido constatar que en casos seleccionados en los que el síndrome de fatiga crónica coexiste con una alteración de la estabilidad de la unión craneocervical que implica compresiones dinámicas del tronco cerebral, la cirugía de estabilización craneocervical ha permitido reducir la sintomatología de un grupo de más de 25 pacientes de manera significativa así como mejorar su calidad de vida. Gracias a una serie de pruebas diagnósticas de neuroimagen se puede diagnosticar la inestabilidad en la zona de unión entre el cráneo y las primeras vértebras cervicales.

Tal y como explica el doctor de Neuroinstitut, Bartolomé Oliver, «esto significa que probablemente un grupo de pacientes que tienen SFC/EM también padecen inestabilidad cráneocervical. Pero no todos. Y que el tratamiento quirúrgico de este problema (la fijación occipito-cervical que corrige la inestabilidad a nivel de la unión del cráneo con la columna) puede mejorar y en gran medida hacer desaparecer o aminorar la sintomatología del síndrome de fatiga crónica o encefalomielitis miálgica». Este hallazgo es pionero a nivel internacional y podría ser de ayuda para algunos de los 46.000 pacientes que sufren esta enfermedad en España.

Recuperar la «normal»

Así fue en el caso de Silvie, una dietista-nutricionista de 52 años que dependía de una silla de ruedas para desplazarse y veía los días pasar en su cama. Y no era su único problema, pues sufría mareos, temblores en sus extremidades y un constante agotamiento físico. «También tenía la vista borrosa, se me abrían las pupilas y siempre estaba aturdida, sin capacidad para concentrarme. Mi lista de síntomas era infinita», confiesa. Silvie recibió el diagnóstico de su SFC/EM en 2011. En cambio, tuvo que esperar hasta 2019 para conocer que padecía inestabilidad cráneocervical.

En noviembre de ese mismo año fue operada por el equipo de neurocirujanos de Neuroinstitut, del Centro Médico Teknon de Barcelona. Los resultados no se hicieron esperar: «Mi aturdimiento desapareció. Fue despertar y no tenerlo», recuerda Silvie. Con el tiempo, también perdió sus temblores y sus mareos recurrentes. «Lo que más noté fue una energía y una vitalidad que no había tenido. Tenía ganas de vivir, de hacer de todo», cuenta. Ahora es capaz de llevar una vida más normal y activa. Según afirma, «no puedo ir en bicicleta ni hacer deporte, pero tengo una calidad de vida mucho mejor que antes», una vida en la que desarrolla otra vez su faceta de artista: «Hago muchas manualidades y encargos para vender porque apenas tengo temblores en las manos. Esto ha sido una carta ganadora, la mayor de mi vida», asegura.

Nuevo estudio clínico

Actualmente este equipo de neurocirujanos está recopilando datos para realizar un estudio clínico, ya que, como afirma el doctor Oliver, puede tener una repercusión muy importante en estos pacientes. Quienes aún carecen de un tratamiento efectivo tienen que dejar sus trabajos y renunciar a tener una vida «normal». «En cambio, si se llega al diagnóstico de inestabilidad craneocervical, mediante una serie de pruebas de neuroimagen, puede realizarse una cirugía de estabilización de esta área. Estamos viendo que estos pacientes mejoran lo suficiente como para recuperar una vida autónoma e incluso puede tener lugar su reinserción social-laboral. Muchos de ellos estaban en la cama todo el día, aislados en sus casas y ahora pueden recuperar su día a día», concluye el doctor Vicenç Gilete.