Entrar 30 minutos más tarde al cole puede mejorar los resultados académicos de los niños

Uno de cada cinco estudiantes españoles acude a clase con signos de somnolencia y el 29% asegura tener dificultades para mantenerse despierto en clase, según un estudio hecho en la Comunidad Valenciana

Diversos países como Israel, Alemania o el estado de California en EE UU han retrasado la hora de arranque de las clases 30 minutos con buenos resultadosCristina Bejarano La Razón

La importancia que una correcta higiene del sueño tiene a la hora de mantener una calidad de vida optima es fundamental y, en el caso de los niños en edad escolar, también la influencia que la carencia de sueño puede tener en su rendimiento académico. Así lo demuestran diversos estudios presentados durante el I Congreso Digital de la Asociación Española de Pediatría (AEP) por Gonzalo Pin, coordinador del Grupo de Sueño y Cronobiología de la AEP, que ponen de manifiesto la estrecha relación existente entre el descanso y el desarrollo conductual y académico de niños y adolescentes.

El doctor ha establecido las bases biológicas de esta relación explicando que existe un reloj interno, situado en el hipotálamo, vinculado a los marcadores de luz, actividad y otros estímulos externos. “Históricamente hemos utilizados las horas centrales del día, es decir, las de luz más blanca, para desarrollar acciones con mayor carga de actividad, de modo que, a medida que se iba apangando la luz, nuestro cuerpo y mente se iba relajando predisponiendo nuestro organismo para el sueño”, explica Pin. Pero ahora es muy diferente, al atardecer los niños comienzan sus entrenamientos deportivos y en plena noche exponemos a nuestro cerebro a la luz blanca de las pantallas, actividades que sugieren a nuestro cerebro que todavía queda mucho tiempo para irse a dormir. “Engañamos a nuestro cerebro, alteramos nuestro reloj interno y esto provoca alteraciones en la conducta y, sobre todo, en el aprendizaje,” concluye el experto.

Según un estudio realizado en la Comunidad Valencia a más de 600 alumnos, uno de cada cinco estudiantes acudía a clase con signos de somnolencia. El 40% aseguraba tener dificultades para despertarse por las mañanas y el 29% para mantenerse despierto durante las clases. Además, un alto porcentaje de los adolescentes encuestados afirmaba no dormir las ocho horas recomendables.

Las mejores horas para aprender

“La cronobiología y la cronopsicología son disciplinas que sitúan el tiempo como una constante biológica, no sólo importan el cómo se hacen las cosas, sino cuándo”, explica Pin. En este sentido, prosigue, “hemos aprendido que, a primera hora de la mañana nuestra capacidad de aprendizaje es mínima y va en aumento progresivamente hasta las once de la mañana que comienza decaer y vuelve a subir tras la comida. De este modo podemos saber que no es lo más sensato poner matemáticas a primera hora o enviar a los niños a hacer actividad física tras la comida que es cuando tienen más capacidad de aprendizaje”.

Diversos países como Israel, Alemania o el estado de California, en EE UU, han retrasado la hora de arranque de las clases 30 minutos y “los estudio realizados al respecto han demostrado que se redujo a la mitad los problemas de conducta entre los escolares, mejorando así su rendimiento”, asegura el experto. Unas conclusiones similares se alcanzaron tras la realización del Proyecto SHASTU dentro del programa Erasmus + de la Unión Europea, en el que, participaron durante tres años España, Italia y Turquía. Dicho proyecto partía de la premisa de que si el estudiante duerme mejor, mejorará académicamente y mejorará su conducta. Lo que, acompañado de una cuidada selección de las asignaturas en función de los ritmos biológicos, dentro de su horario escolar, redundará en una mejor calidad de vida, no solo del alumno, sino de todo su ambiente.

La pandemia y las pesadillas

Durante la pandemia se ha producido una desconexión entre los ritmos biológicos internos y los marcadores externos. Además, “se ha demostrado que la Covid-19 ejerce una acción especial en los genes reguladores de nuestro reloj interno provocando alteraciones en ritmo circadiano”, asegura el coordinador del Comité de Sueño y Cronobiología de la AEP. En una encuesta realizada a más de 12.952 familias, los datos revelan que antes del confinamiento un 3% de los niños tenía pesadillas, frente al 14% que asegura haberlas tenido durante el confinamiento.

El 56% de los niños encuestados decía que les gusta irse a dormir, una cifra que se redujo al 33%. “La sensación de inseguridad que tenían les producía una desconexión nada agradable. Para que un niño duerma bien tiene que sentirse seguro y querido, tiene que tener la certidumbre de que si hay algún problema, su ambiente va a responder. Si padres, tutores, docentes, etc., les trasladamos sensación de ansiedad, no solo no querrá irse a dormir, sino que no querrá irse solo, un temor que también aumentó durante el confinamiento de un 36% a un 47%.”, cuenta el doctor Pin.

En cualquier caso, y como concluye el experto, “la sociedad en su conjunto ha de dejar de difundir esa creencia de que dormir es una pérdida de tiempo y de que, mientras dormimos, no hacemos nada”.