La pandemia dispara las consultas sobre dietética y nutrición un 28%

Algunas personas utilizan la alimentación como válvula de escape o método anti-ansiedad mediante atracones; otras, como vía para contrarrestar los momentos de confinamiento y sedentarismo

Las personas con hambre emocional pierden el control comiendo, y en ocasiones, lo hace a escondidas, porque siente vergüenza por su compulsividad
Las personas con hambre emocional pierden el control comiendo, y en ocasiones, lo hace a escondidas, porque siente vergüenza por su compulsividad

La preocupación de los españoles por su salud nutricional se ha incrementado a causa de algunos hábitos socio-laborales vinculados a la pandemia del coronavirus, como los confinamientos temporales, la generalización del teletrabajo, la permanencia en el domicilio durante más tiempo o el mayor sedentarismo. Así se desprende de las estadísticas de los servicios de Dietética y Nutrición del Grupo Hospitalario HLA, que cuenta con 16 hospitales, 36 centros médicos multiespecialidad en toda España.

Según tales estadísticas, desde mediados de junio de 2020, cuando concluyó el primer estado de alarma -el único que, hasta la fecha, ha conllevado una cuarentena nacional o restricción generalizada de la libertad de la circulación- y se declaró oficialmente la “nueva normalidad”, las consultas sobre dietética y nutrición han crecido un 28,1% respecto al mismo periodo del año anterior, con los picos más destacados en julio, octubre y noviembre de 2020.

Intentar comer menos

Santiago Pérez, psicólogo de los hospitales HLA Montpellier (Zaragoza) y HLA Universitario Moncloa (Madrid), distingue dos tipos de trastornos alimentarios principales en un contexto, el de la pandemia y sus hábitos asociados, en el que “muchas personas perciben una pérdida de control, al pasar de una vida socialmente rica, con deporte, ocio y un sin fin de vías de escape, a otra en la que todas estas libertades son castradas”.

Por un lado, comenta este especialista, “están las personas que antes utilizaban el ejercicio físico como una forma de compensar lo que comían y que ahora, al desaparecer o reducirse el primero, ejercen el control intentando comer menos. En otras palabras, cuando sentimos que se altera el control sobre nuestras vidas, podemos compensarlo con una decisión que es exclusivamente nuestra: la cantidad de comida que introducimos en el organismo”.

Raquel Escortell, nutricionista de la Clínica HLA Vistahermosa (Alicante), confirma que “los pacientes en general, a raíz de la pandemia, están más concienciados sobre su alimentación. Los que tienden a comer menos a causa de la situación actual lo hacen por una cierta obsesión por una dieta hipocalórica como vía para contrarrestar los momentos de confinamiento y sedentarismo, lo que les ha derivado en un trastorno de la alimentación”.

El hambre emocional

Respecto al otro tipo de trastorno alimentario vinculado a la pandemia, Laura Alfaro, psicóloga especialista en nutrición de la Clínica HLA El Rosario (Albacete), explica que “la situación sin precedentes que estamos viviendo provoca que algunas personas utilicen la alimentación como válvula de escape o método anti-ansiedad. Es la denominada hambre emocional. Quienes sufren esta dolencia experimentan una sensación que les induce a comer de forma compulsiva y, por lo general. alimentos poco saludables y con muy bajo valor nutricional. La intención es calmar un conflicto emocional, lo que puede causar, a su vez, sobrepeso y, desde el punto de vista psicológico, sentimientos de culpa y baja autoestima”.

Rosario Rubio, nutricionista de la Clínica HLA Santa Isabel (Sevilla), y Marian Martín, nutricionista del Hospital HLA San Carlos (Denia), coinciden en la confusión habitual entre el hambre emocional y el hambre real, origen de desórdenes alimentarios: “Solemos detectar esta confusión en gran parte de los pacientes que acuden a consulta para pérdida de peso. Se manifiesta no tanto en forma de grandes atracones como de picoteo o ingestas extras de alimentos, en muchas ocasiones después de haber comido ya”.

“Aunque se da en ambos sexos, haciendo una media, el perfil de las personas que sufren hambre emocional es el de una mujer de entre 35 y 65 años que pierde el control comiendo. En ocasiones, lo hace a escondidas, porque siente vergüenza por su compulsividad. Esta vergüenza puede ser la alerta que nos empuje a consultar a un profesional y el tratamiento para este tipo de problema pasa por la psiconutrición, consistente en tratar las emociones que el paciente siente, su origen y la forma de gestionarlas en cada momento”, concluye Laura Alfaro.