Entrevista

«Los niños con problemas de insomnio son más enfermizos y vulnerables a infecciones»

Francisco Segarra es director de la Unidad de Patología del Sueño del Hospital Universitario General de Cataluña

DR. FRANCISCO SEGARRA
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1. ¿Existen datos de cuántos niños sufren problemas de insomnio en nuestro país?

La prevalencia del insomnio infantil está alrededor del 25%-30% de la población pediátrica, de los cuales el 5-10% es por causas médicas (intolerancias alimentarias, alergias, reflujo gastroesofágico, etc.), por trastornos afectivos/ansiedad, o por otras alteraciones del sueño (síndrome de piernas inquietas, síndrome de apnea/hipopnea del sueño…). Sin embargo, en la mayoría de los casos de insomnio infantil (90%-95% de afectados) la causa es de tipo conductual (behavioral insomnia of childhood, según la clasificación internacional de trastornos del sueño que edita la Asociación Americana de Medicina del Sueño).

2. ¿Ha aumentado la incidencia del insomnio infantil en estos últimos meses?

Sí. La incertidumbre que ha generado la pandemia, el confinamiento y el cambio en las rutinas de los niños (y de sus padres), ha generado un aumento de los problemas de sueño y no sólo en forma de insomnio (dificultad para dormirse, despertares nocturnos), sino también con pesadillas recurrentes, terrores nocturnos y algunas regresiones que hacen aparecer situaciones ya superadas, como enuresis nocturna.

3. ¿Qué consecuencias para la salud puede implicar tener un mal hábito de sueño desde niños?

Dormir, además de un hábito, es una necesidad biológica ineludible para tener una buena salud física y psíquica. Un sueño insuficiente o de mala calidad provocará problemas en el niño/a nivel conductual (impulsividad, agresividad, hiperactividad…), a nivel anímico (irritabilidad, ansiedad), a nivel cognitivo (dificultades de atención, concentración) y puede también repercutir en su salud con más vulnerabilidad a las infecciones, déficit en la hormona del crecimiento o pérdida de apetito.

4. ¿Cuál es el perfil habitual de los menores que tienen problemas de insomnio?

No podemos hablar de un perfil específico. Cualquier niño/a en determinadas circunstancias puede padecer insomnio. Si bien es cierto que existen algunos factores de predisposición, son las circunstancias de mantenimiento del problema (conductuales, médicos o ambos) los que deben abordarse en concreto para corregir el trastorno.

5. ¿Cómo pueden los padres distinguir entre un problema aparentemente puntual de dormir mal y una patología más severa como es el insomnio infantil?, ¿cuál sería la línea roja que puede servir de voz de alarma?

A partir de los seis o siete meses de edad, los niños/as están preparados neurobiológicamente para dormir toda la noche unas 10 o 12 horas. Si bien es cierto que por diversas razones pueden tener alguna mala noche o incluso algunas «malas noches» por circunstancias externas que alteran las rutinas o la «normalidad» del menor. Pero cuando la norma son los despertares nocturnos, las dificultades para dormirse solo sin problemas y ello conlleva menos horas de sueño de las recomendadas, es entonces cuando debemos buscar la ayuda del especialista.

6. ¿Cuáles son los tratamientos que se utilizan para mejorar esos trastornos del sueño en los menores?

Como decíamos antes, siempre hay que hacer un correcto diagnóstico y detectar la causa del problema. En la mayoría de los casos la razón es de tipo «conductual» por lo que, según la evidencia científica, la primera opción de tratamiento son las técnicas conductuales, las cuales han demostrado una alta eficacia clínica sin efectos secundarios o indeseables significativos en los niños.

7. ¿Y qué papel juegan en todo ellos los padres? Es decir, ¿qué procedimientos o estrategias deben aprender ellos para ayudar a sus hijos a dormir mejor?

En el insomnio infantil de tipo conductual (behavioural insomnia of chilhood) el papel de los padres es crucial puesto que, de hecho, serán ellos los que deberán implementar unos hábitos y rutinas adecuados. En el fondo se trata de «enseñar» a los padres cómo «enseñar» a sus hijos a dormir correctamente y de forma autónoma.

8. ¿Qué ventajas tiene el hecho de actuar a tiempo y no dejar que el problema se cronifique?

Sabemos que si el insomnio no se trata a tiempo, además de los problemas conductuales y de salud que puede provocar en los menores, el trastorno puede cronificarse de forma que un niño insomne no tratado puede convertirse en un adulto insomne con todo lo que ello implica para su salud y su organismo a largo plazo.

9. Pero también entra dentro de lo habitual que un menor tenga algunas noches complicadas y duerma peor...

Es relativamente normal que alguna noche los niños duerman mal, bien porque les cuesta conciliar el sueño, o se despiertan más de lo normal, o porque tienen problemas para tener un sueño tranquilo. Este problema puntual de sueño puede deberse a que no se encuentra bien físicamente, a la aparición de una pesadilla, al sentimiento de miedo, o a alguna situación estresante durante el día que le ha generado este problema de sueño. Si esto se trata de una situación puntual, si pasa muy de vez en cuando, no hay por qué preocuparse. Ahora bien, si el niño empieza a despertarse más de la cuenta, como por ejemplo más de tres veces por la noche, y esos despertares necesitan atención, o si durante la noche está más de una hora despierto, o entre día y noche duerme menos de nueve horas y esta situación se va repitiendo más de dos o tres veces por semana de forma repetida, ahí es cuando debemos empezar a plantearnos la consulta con un médico especialista en sueño.

10. Porque dejarlo pasar puede tener graves consecuencias a largo plazo. ¿Cuáles cree que serían las más peligrosas?

En cuanto a las consecuencias en la salud sabemos que si un niño duerme poco o duerme mal de forma crónica, es decir, durante mucho tiempo seguido, seguramente va a tener problemas de salud a largo plazo y entre esos problemas de salud más frecuentes de los menores que duermen mal encontramos un mayor riesgo de desarrollar algunas enfermedades cardiovasculares. Por ejemplo, tratamos niños con algún retraso en el desarrollo, van más justitos de peso y talla; hay más probabilidades de que desarrollen la prediabetes; que tengan más problemas de sobrepeso y de obesidad, y también se observa una depresión del sistema inmunológico, con lo que son niños más vulnerables ante determinadas infecciones. En definitivia, los menores que duermen mal de forma continuada se convierten en niños más enfermizos.