«Hay pacientes con poca tolerancia a largos periodos de ayuno»

Entrevista a la doctora Alicia Santamaría Nieto, médico Especialista de Endocrinología y Nutrición del Hospital HM Rosaleda Santiago de Compostela

Alicia Santamaría
Alicia Santamaría FOTO: Archivo Archivo

1. El ayuno intermitente sigue generando mucha controversia ¿a qué se debe?

El ayuno intermitente es un periodo de abstinencia voluntaria de comida y bebida y es una práctica muy antigua, instaurada en diferentes poblaciones y con diferentes formatos. Un ejemplo de ayuno cultural es el Ramadán, con un periodo de ayuno de aproximadamente 14 horas, desde el amanecer hasta el anochecer. En los últimos años el ayuno intermitente es un tema de creciente interés tanto en publicaciones científicas como en los medios de comunicación, atribuyéndosele grandes beneficios en términos de salud, aunque no siempre con una sólida base científica, lo que da lugar a plantear hipótesis muy dispares.

2. ¿Es preciso hacerlo siempre bajo supervisión médica, aunque sea de pocas horas?

Una modalidad de ayuno intermitente es fisiológica y lo hacemos todos en mayor o menor medida a diario como es el ayuno nocturno. De hecho, etimológicamente la palabra desayuno viene a significar literalmente “deshacer el ayuno”. Hay diferentes modalidades de ayuno intermitente, algunas con largos periodos de ayuno de hasta 2 días y otras modalidades con solo algunas pocas horas. Es conveniente siempre tener en cuenta las patologías previas de cada paciente, por ejemplo ante un paciente diabético, habrá que tener en cuenta su medicación habitual y en todo caso hacer ajustes en el tratamiento para evitar hipoglucemias por ayuno, por ejemplo. En el ayuno intermitente a medio-largo plazo hay un riesgo de desnutrición proteica o déficit de vitaminas y minerales si el aporte no se ajusta a los requerimientos individuales.

3. ¿Sirve para todo el mundo o no todas las personas son candidatas?

En general, no todo sirve para todo el mundo. Hay pacientes con muy poca tolerancia a largos periodos de ayuno, o a una restricción importante de la ingesta. Además, en pacientes con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria puede ser una estrategia perjudicial y exacerbar conductas previas, por ejemplo, habría que individualizar en cada caso. Hay más consenso para la contraindicación en mujeres gestantes y lactantes, así como niños y ancianos y pacientes frágiles como aquellos con inmunodeficiencias o trasplantados.

4. Entre sus bondades, parece que en EEUU acaban descubrir que reducir el número de comidas reduce la posibilidad de ser hospitalizado por la covid e incluso de morir ¿esto es así?

Diferentes estudios plantean potenciales beneficios que atienden a diferentes aspectos fisiológicos,  desde la disminución de peso y una mejoría en el control glucémico a través de una mayor sensibilidad a la insulina -la obesidad y la diabetes mellitus son factores de riesgo para la hospitalización y muerte por COVID-19-, así como la reducción de marcadores de estrés oxidativo y citoquinas inflamatorias, hasta plantear como arma terapéutica ciertas moléculas que se producen con la cetogénesis del ayuno. En general son estudios que adolecen de ser estudios observacionales y hay que interpretar las conclusiones con cierta cautela. Harían falta más estudios para tener una evidencia científica más sólida.

5. Pero el hecho de que produzca ese beneficio, ¿se debe a espaciar las comidas o a que haciéndolo es posible reducir el sobrepeso?

Lo que se sabe es que el ayuno intermitente desencadena una serie de procesos metabólicos, más allá de la restricción calórica y la disminución de peso, que da lugar a un estado de cetogénesis que parece favorecer la regulación del sistema inmunitario, reduciendo parámetros inflamatorios y mejorando la respuesta inmune a través de la activación de nuevas rutas enzimáticas.

6. En definitiva, todo tiene que ver con que espaciar las comidas y hacer que el organismo pase de usar la glucosa de la sangre a las cetonas, incluyendo el ácido linoleico reduce la inflamación y mejora la salud cardiovascular, ¿o no?

Un estudio reciente postula precisamente que el ácido linoleico que tiene lugar con la cetogénesis podría ser un potencial tratamiento en pacientes con COVID-19, al favorecer la unión a la proteína de membrana del SARS-Cov-2 y así aminorar la afinidad del virus a la proteína  que posibilita la entrada del virus en las células de nuestro organismo. Más allá de este hallazgo, diferentes estudios apoyan la hipótesis de la mejoría en parámetros de inflamación y de respuesta de estrés celular, que podría suponer una nueva estrategia terapéutica para ciertas enfermedades como la obesidad, el asma o la artritis reumatoide, en las que la respuesta inflamatoria es crucial.

7. También se asegura que promueve la autofagia ¿nos podría explicar qué es y si es cierto?

La autofagia es un proceso a través del cual el organismo logra reciclar moléculas disfuncionales y patógenos y así poder reutilizar los azúcares, nucléotidos, nucleósidos y ácidos grasos para canalizarlos hacia otras vías metabólicas y mantener la homeostasis celular. Es de especial relevancia durante periodos de estrés y ayuno por su rol de proveedor de nutrientes y energía a través de este reciclaje de macromoléculas. Se ha relacionado de manera positiva con diferentes procesos fisiopatológicos tales como la supervivencia y muerte celular, la modulación del sistema inmunitario y favoreciendo la longevidad.

8. Entonces ¿podría ser el ayuno intermitente incluso un buen complemento a las vacunas?

No hay la suficiente evidencia científica que nos permita establecer esa afirmación. Existen estudios observacionales con resultados en esta dirección, pero se necesitarían en todo caso diseñar estudios de intervención para confirmar esta hipótesis.