Día Internacional de las Personas con Discapacidad

Día Internacional: Cuando la asistencia no llega a las personas con discapacidad

Eva no se puede costear las sesiones de fisioterapia y del psicólogo que necesita por sí sola. ''Me gustaría no sentir dolor y saber qué tengo. No es normal tanta operación'', afirma

Testimonio de Eva quien va a perder las ayudas por su minusválida al incorporarse al mercado laboral..
Eva, una paciente que recibe ayuda del Plan Familia de la Fundación AdeccoJesús G. FeriaJesús G. Feria

«Tengo discapacidad física. No te sé decir el motivo. Hace un año me diagnosticaron fibriomialgia, pero me están haciendo pruebas para ver qué tengo porque con tantas operaciones de hueso tiene que haber algo más», explica Eva, de 47 años, con motivo de Día Internacional de las Personas con Discapacidad que se celebra hoy con el objetivo de promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidad en todos los ámbitos.

«Quiero estar bien, me gustaría no tener dolores y poder trabajar sin miedo a pensar que me voy a caer y a romper algo», afirma.

Desde que la operaron por primera vez del pie derecho, su pesadilla no ha cesado. Está operada de pies tres veces, de rodilla, de ambos hombros... «unas diez operaciones creo», estima.

«En 2004 me operaron por primera vez. Me pusieron un trasplante de hueso de la cadera en el pie derecho porque tenía mucha artrosis. Tardé en operarme porque justo estaba embarazada. La operación fue mal porque rechacé el injerto y volvieron a abrir. Me pusieron una placa, pero como se me movió me tuvieron que operar por tercera vez. Desde entonces el pie ya está bien. Eso sí, los dolores son horribles. A causa de caminar mal me han salido espolones y también tengo fascitis plantar. Me dicen los médicos que lo del pie es por osteoporosis, la rodilla que es degenerativo, aunque sea joven, y ahora me dicen que me tengo que poner una prótesis en la rodilla. Y del hombro derecho me operan el día 15...», relata.

El caso de Eva es muy extremo. Tanto que si no fuera porque está detrás la Fundación Adecco podría parecer hasta demasiado. Y es que pese a todo este historial que le ha supuesto también problemas de confianza y autoestima a Eva no solo no le adelantan las pruebas médicas, sino que prácticamente no logra una cita con un psicólogo, con el psiquiatra o con el fisioterapeuta rehabilitador con la frecuencia que ella necesita.

«Se me rompen los huesos y me preguntan si a alguien de mi familia les pasaba. Les digo que no, pero sigo sin saber qué tengo. Me hago muchas preguntas, demasiadas, de hecho al final estoy yendo al psicólogo y al psiquiatra».

Al principio Eva intentó hacerlo por lo privado, pero «no puedo pagar las sesiones, 50 euros cada una. El problema es que me dicen que me tendría que ver el psiquiatra cada 15 días o un mes y la Seguridad Social me da cita cada tres meses. Con la psicóloga es un poco antes, pero vamos cada dos meses».

«Alba, de la Fundación Adecco, me ayuda mucho», dice en referencia al Plan Familia, una iniciativa que ayuda a las personas con discapacidad a desarrollar competencias, habilidades y autonomía personal para que puedan desarrollar una ocupación o actividad laboral. En su caso, a las sesiones de psicología y de fisioterapeuta.

Ella consiguió trabajo hace unos cuatro años en Serlingo, una empresa de limpieza. «Me contrataron para llevar los temas de conserjería y estoy trabajando en la Universidad Rey Juan Carlos. Pero un día me mandan a Vicálvaro, otro a Quintana, otro a Manuel Becerra. Y me da pánico pensar que me voy a caer en el metro».

De hecho, Eva ya se tuvo que coger una baja porque se cayó subiendo unas escaleras. Otra por la operación de menisco y ahora otra porque le operan del hombro derecho el 15 de diciembre. «Mi médico de cabecera y el traumatólogo me dicen que cómo estoy trabajando con lo que tengo, pero es que tengo que comer» y sobre todo llevar comida a su casa porque tiene dos hijos de 14 y 21 años.

Eva tiene una pensión por Incapacidad Permanente Total para su profesión habitual y está pendiente de que le vuelvan a ver analizar su grado de discapacidad. «Tengo un 33%, pero de la primera vez que me valoraron. Hace un año lo solicité y sigo esperando...».

Y en su caso urge. «Hay meses que no tomo los medicamentos que necesito porque no puedo comprarlos. Aguanto el dolor, no me queda otra. Cuando me mandan parches para el dolor tiemblo por su precio».

Una situación insostenible, por eso, pide «no esperar tanto tiempo para te hagan un simple análisis, y que nos ayudaran sanitariamente no solo a mí sino a todos los que tenemos una discapacidad, porque necesito como mínimo, sesiones de fisioterapia».

Y máxime ahora. Con la inflación que hay un 33% de los hogares con personas con discapacidad no llega a fin de mes y un 43,7% encuentra algún grado de dificultad para hacerlo por el proceso inflacionista, tal y como recoge el informe de la Fundación Adecco. Y no solo, un 30% teme no poder mantener gastos vinculados a la discapacidad (terapias, asistencia, etc.) durante el próximo ejercicio.