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Opinión

Esteroides anabólicos

Son fármacos diseñados para imitar los efectos de la testosterona y sus efectos secundarios no son menores

Joven con pastillas Dreamstime

En los últimos años, el uso de esteroides anabólicos se ha extendido entre jóvenes y aficionados al gimnasio que buscan aumentar rápidamente su masa muscular o mejorar su aspecto físico. Pero detrás de estos resultados llamativos se oculta una realidad que conviene explicar con claridad: su uso sin control médico puede comprometer gravemente la salud. Así lo subraya un reciente análisis publicado en la plataforma médica Medscape.

Los esteroides anabólicos son fármacos diseñados para imitar los efectos de la testosterona. En medicina tienen un lugar bien definido: tratar el hipogonadismo, recuperar masa muscular en enfermedades graves o frenar ciertos cánceres. El problema surge cuando se emplean con fines estéticos, a dosis que multiplican hasta por cien las utilizadas en clínica.

Entre quienes los consumen circulan supuestos métodos «seguros» –como cycling, stacking o pyramiding–, pero ninguno ha demostrado reducir riesgos. De hecho, pueden agravarlos.

Y los efectos secundarios no son menores: desde acné severo y ginecomastia (aumento de mamas) hasta reducción del tamaño testicular, alteraciones menstruales o problemas urinarios.

A medio y largo plazo, los daños pueden ser devastadores: hipertensión, infartos, ictus, tumores hepáticos, trastornos psiquiátricos y dependencia, que afecta a un tercio de los usuarios. Además, cuando se comparten agujas, se añaden riesgos de hepatitis o VIH. Los esteroides anabólicos son herramientas médicas útiles cuando se prescriben con criterio. Pero usados por cuenta propia, son una apuesta peligrosa. Ningún resultado físico merece un daño irreversible.