De hotel 5 estrellas nada, el palacio Magliori es para los que más lo necesitan

El Palacio Magliori es para los que lo necesitan

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Posiblemente este fue uno de los pensamientos que el papa Francisco tuvo cuando supo que una empresa hotelera internacional, estaba interesada en comprar el palacio Migliori. El palacio que tiene las mejores vistas a la columnata de Bernini en la Plaza San Pedro.

Cuando se abren las ventanas de sus estancias, las inmensas columnas bernianas casi se tocan con las manos. La sensación de estar allí, cerca de San Pedro es estremecedora, es hermosa.

Vistas desde el Palacio Magliori
Vistas desde el Palacio Magliori

Una de las empresas más grandes del mundo de la hotelería, estaba interesada en comprar este inmueble que sin duda se hubiera convertido en el mejor de la zona. Hubiera sido seguramente la joya de la corona en Roma, de la cartera de la compañía hotelera si lo hubiera conseguido, ofreciendo a sus clientes el único hotel en el mundo con varias terrazas a la Plaza de San Pedro, desde donde se iba a poder seguir los Ángelus del Papa seguramente sentados en confortables sillas, escuchar sus audiencias y tomar el sol mirando a San Pedro. Hay otro hotel muy cerca, pero jamás con estas posibilidades.

A pesar de esto, el papa decidió no venderlo y sí rehablitarlo para hacer un centro de acogida nocturna.

Los más marginados, los que llevaban años durmiendo en los alrededores de San Pedro y en las calles de Roma, ahora tienen una posibilidad todos los días, de las 19.00 hrs. a las 7.00 de la mañana pueden entrar a este palacio, que cuenta con calefacción, ascensor, agua caliente, camas hechas con sábanas limpias, almohadas y edredones, también cuartos de baño con duchas. En otra planta tiene un comedor agradable, comida y compañía de los voluntarios de Sant’ Egidio. La soledad en la que se quedan, es en la mayoría de las ocasiones, una de las causas que les mantiene alejados del mundo, tirados en las calles, sin ver la salida a su situación, abnegados, solos con su pena y dándole vuelta a sus recuerdos, a lo que fue su vida y a lo que será o no será.

Uno de ellos, de origen rumano que llegó a Roma hace más de 20 años, es una persona a la que le gusta hablar, algo nada común en las personas que aceptan ayuda y dormir en casas de acogida. ……Cuenta que tuvo trabajo, esposa, hijos, un varón y una chica, que su esposa lo dejó, la hija se fue con su novio y el hijo a Rumania. Cuando se le preguntó si le gustaría verlos nuevamente, dijo que a su esposa y a su hija las ve de vez en cuando, pero que aún pudiendo ir a Rumanía, lo cual no desea porque en Roma ha encontrado su propio paraíso y más ahora, durmiendo en este palacio, no quisiera verlo nunca más.

Son dolores ocultos, son rencores enraizados en los que se han encerrado y no desean ni mencionarlos, aunque él, este rumano que se confiesa ya casi romano, es especial y habla sin problema, pero sólo por encima de lo que más le duele.

La capacidad del palacio puede llegar a alojar hasta 50 personas. Los voluntarios de Sant’ Egidio son los que se ocupan cada día de ellos junto con los empleados de la ElimosinerÍa Vaticana.

Massimiliano Signifredi que es profesor en una escuela de Roma y voluntario, lo cuenta así: “nos vamos turnando, ya que de lo contrario, esto no se podría hacer, no hay persona humana que lo aguantara. Yo tengo a mi familia, hago una vida normal, durante el día soy profesor y los días que me toca, vengo a ayudar de las 19.00 a las 21.00 hrs. A las 22.00 las luces de los pasillos se apagan y cuando todos están en sus estancias regreso a mi casa.

Este Palacio fue propiedad de una familia y hace años lo donó al Vaticano. Ha pasado a ser parte de los inmuebles de la Santa Sede y lo gestiona la APSA, la entidad que se ocupa de administrar el patrimonio de sus inmuebles.