¿Y si el Párkinson comenzase a desarrollarse en las primeras fases de la infancia?

Un novedoso estudio demuestra que la enfermedad podría empezar a desarrollarse en las primeras fases de la infancia.

La inflamación neuronal, la pérdida de dopamina y una disfunción metocondrial provocan en el párkinson la muerte de neuronas y la aparición de los síntomas
La inflamación neuronal, la pérdida de dopamina y una disfunción metocondrial provocan en el párkinson la muerte de neuronas y la aparición de los síntomas

Es una especie de señal de nacimiento con efecto retardado. Un estudio publicado ayer en «Nature Medicine» demuestra que las personas que se ven afectadas por la enfermedad de Parkinson en edades tempranas (antes de los 50 años) pueden haber desarrollado las células causantes del mal desde el mismo día en que nacieron. De algún modo, vinieron al mundo con los grupos celulares que, tras pasar décadas inadvertidos, se convierten en patógenos en la edad adulta. El hallazgo, anunciado por médicos del Cedars-Sinai Medical Center de Los Ángeles, sugiere también que una molécula podría servir de terapia para evitar el desarrollo de la patología en esos casos.

Crecen los casos en jóvenes

Desde hace tiempo se sabe que la enfermedad de Parkinson se desencadena cuando las células encargadas de la producción de dopamina (la sustancia que controla, entre otras cosas, el movimiento muscular) se deterioran y mueren. Los enfermos comienzan a sentir síntomas propios de ese deterioro: ralentización de los movimientos, rigidez muscular, temblores, pérdida de equilibrio.

Por desgracia, el mecanismo exacto de producción de la enfermedad no es tan conocido Se conocen las implicaciones del fallo en la producción de la dopamina, pero no las causas del fallo celular. La mayoría de los afectados comienzan a observar los síntomas a partir de los 50 o 60 años. Pero un porcentaje creciente de casos (en torno al 10 por 100) afloran entre los 20 y los 50. A este grupo es al que ha prestado atención este estudio. Pero llevar a cabo su investigación, los científicos del Cedars-Sinai utilizaron una familia de células madre conocida como iPSCs (Células Madre Pluripotentes Inducidas) obtenidas de pacientes con párkinson precoz. El trabajo consiste en extraer células de tejido adulto (piel o grasa, por ejemplo) y retrotrae su evolución hasta un estado embrionario. Es decir, se provoca una marcha atrás en el desarrollo de la célula hasta convertirla en la célula indiferenciada que era antes de especializarse. Llevadas a ese estado, las células rejuvenecidas pueden convertirse en cualquier otra célula. Es como si a un ingeniero lo enviáramos de nuevo al colegio para empezar su educación como abogado.

Los autores de este estudio han convertido estas iPSCs en neuronas productoras de dopamina genéticamente idénticas a las de cada paciente. Al cultivarlas en laboratorio, los expertos han podido recrear cómo se desarrollaron esas células desde que el paciente era solo un embrión. Es decir, han simulado el desarrollo de las neuronas en condiciones normales para compararlo con el modo patológico en el que se desarrollaron en los pacientes estudiados. Los investigadores detectaron dos anormalidades que pueden provocar el deterioro de las células dopaminérgicas: la acumulación de una proteína llamada alfa-sinucleína y ciertos defectos de los lisosomas (orgánulos celulares encargados de la gestión de los residuos de la digestión de la célula)

Lo más sorprendente es que algunos de esos errores se acumulan durante más de 30 años antes de que la enfermedad aflore. Es decir, que en los casos de los pacientes que desarrollan el mal prematuramente, puede que los fallos empezaran a desarrollarse poco después de nacer.

Los expertos han probado en laboratorio algunas moléculas que pueden ser utilizadas para revertir los errores celulares acumulados. Una de ellas, llamada PEP005, se ha mostrado muy eficaz a la hora de reducir los niveles de alga-sinucleína. Se da la circunstancia de que esta sustancia (PEP005) está aprobada por las autoridades sanitarias para el tratamiento de patologías precancerosas de la piel. Es decir, se trata de un medicamento cuya seguridad ya ha sido comprobada para otras patologías. En el caso de que se confirmara su eficacia para detener este factor desencadenante del párkinson, se acortarían mucho los tiempos necesarios para poder ponerlo a disposición de los pacientes.