Las auxiliares invisibles que han luchado contra el coronavirus

Desarrollan un trabajo necesario y fundamental para el colectivo de personas dependientes. En numerosas ocasiones, son el único vínculo de ellas con la realidad. Las profesionales que prestan los servicios de atención a domicilio han estado en la primera línea de batalla y, sin embargo, casi nadie ha puesto los focos en ellas

Cuando el patógeno que prácticamente ha paralizado el mundo empezó a hacer estragos en nuestro país, los Servicios de Atención Domiciliaria (SAD), que dependen básicamente de ayuntamientos y diputaciones, no se suprimieron. Sin embargo, muchos usuarios se dieron de baja por miedo a que el personal asistencial les pudiera contagiar o porque sus familias se hicieron cargo de ellos al estar confinados. Los SAD son un componente fundamental de la política de atención a las personas dependientes. Su objetivo es el de que puedan mantenerse el máximo tiempo posible en sus hogares con un nivel de atención adecuado. Las prestaciones comprenden desde la atención sociosanitaria (aseo, acostar y levantar de la cama, cuidar a usuarios encamados…) a la ayuda en labores domésticas (limpieza, cocina, compra…). “La mayor parte de los usuarios reconoce que el principal valor del servicio es la compañía y el calor humano. Normalmente se crean fuertes vínculos entre usuario y asistente”, comentan desde Clece. Esta empresa del Grupo ACS gestiona en toda España 91 SAD, en los que están involucrados 20.699 profesionales y 119.889 usuarios.

Esta atención no se ha suprimido desde que se declarara la pandemia, aunque su actividad se ha visto reducida sensiblemente por voluntad de sus beneficiarios de los allegados de éstos que, en no pocos casos, se han ocupado de cuidarles. En cambio, sí que han tenido que adaptarse para atender a aquellas personas que han sido presas del Covid-19.

Alfredo Mozo es el gerente de Clece en el SAD de Valladolid, un servicio del Ayuntamiento de la capital castellano-leonesa. “El 10 de marzo -explica- le comunicamos a sus responsables la propuesta de atención previendo el riesgo de contagio entre auxiliares y usuarios, y viceversa, con el fin de estar en condiciones de garantizar la prestación de los servicios esenciales llegada una situación límite como la que se atisbaba. La premisa principal era la de evitar la propagación del virus, por lo que la primera decisión que se adopta es la de que los afectados no podrían ser atendidos por sus auxiliares habituales”.

A la vista de la situación, corporación y empresa optan por formar un equipo integrado por profesionales formados para la ocasión y conocedores de los protocolos que se debían seguir. “No fue difícil -añade Mozo- encontrar voluntarias dispuestas a enrolarse; la respuesta fue rápida, ya que las coordinadoras conocen la disposición que siempre muestran algunas de ellas para dar un paso adelante ante situaciones de especial riesgo”.

La auxiliar Elena Antón, que llevaba entonces cuatro años trabajando en este SAD, fue una de las que dio un paso adelante. Y lo hizo, argumenta, “porque si no íbamos nosotras, en muchas casas no entraría nadie en bastante tiempo”. “¿Miedo? No. He tenido más bien respeto a la situación, lo que me ha llevado a ser muy rigurosa en el cumplimiento de los protocolos”, apunta.

Clece le impartió durante el 18 de marzo la formación necesaria para que pudieran llevar a cabo esta encomienda con la mayor seguridad y calidad posibles. “Antes de entrar en cada domicilio -precisa-, nos ponemos el equipo de protección individual compuesto por buzo, pantalla protectora, gafas estancas, guantes, mascarilla, y desinfectante. Cuando salimos de la casa, nos quitamos todo y lo desechamos. No se reutiliza el material”.

¿En qué consiste su labor? Ella responde: “Les hacemos su aseo personal o les ayudamos dependiendo de su autonomía personal. El tiempo de permanencia en cada casa es de mínimo una hora. Solemos ir a tres o cuatro cada día”. Su moral es baja. “No olvidemos -prosigue- que son personas que han pasado el Covid-19 sin recibir visitas, por lo que su ánimo está por los suelos y, naturalmente, hemos tratado de animarles y ayudarles para que se vinieran arriba. Intentamos de dejarles nuestra huella para que se mantenga el resto del día”. Pero el equipo del SAD no se olvidan de ellas hasta el día siguiente. “Las coordinadoras llaman a los usuarios varias veces para interesarse por su estado. Y también a nosotras. Estoy muy agradecida de que la empresa haya estado muy atenta a mí preguntándome cómo me encuentro y si necesitaba algo”, precisa.

Elena Antón hace hincapié en que “todos los enfermos lo han pasado mal”. “Tuve el caso de un señor que ha estado dos veces ingresado y que ha tardado mucho en recuperarse. Me impactó mucho la agresividad con que el virus se había cebado en él”.

A la responsable de Coordinación del SAD en San Blas-Vicálvaro, Raquel de la Plaza, el virus le pilló de sopetón como a todos y, al principio, le hizo frente “con cautela”. “La gente no quería abrir la puerta en un primer momento, tenía a temor a que las auxiliares les llevaran el virus a casa. Pero tanto los usuarios como las coordinadoras tuvimos que ir venciendo poco a poco el miedo a lo desconocido. Pero no podíamos dejar de atenderles porque si no muchos de ellos, que no tienen a nadie, se habrían quedado totalmente desamparados", relata. Añade que “las auxiliares, además de lavarles, les hacen la compra y le recogen los medicamentos en la farmacia, hacen de psicólogas, pero no ahora, sino siempre porque, en muchas ocasiones, ellas son el único vínculo con la realidad”.

“Este trabajo nuestro -confiesa la vallisoletana- es muy necesario y fundamental, y sin embargo es poco conocido por la sociedad. Espero que toda la tarea que hemos desarrollado en esta crisis haga que dejemos de ser profesionales invisibles”. La coordinadora madrileña insiste en la misma idea: “Las auxiliares han hecho mucho a lo largo de estos más de dos meses y, sin embargo, no se les ha aplaudido. Han hecho de enfermeras, familiares, paños de lágrimas... Han cumplido con creces las expectativas, han aguantado muchísimo y, sin embargo, casi nunca se habla de ellas”.