Segunda ola de Covid-19: Cuatro claves para entender qué está a punto de pasarnos

El pasado viernes «la curva» volvió a ser protagonista de las redes sociales: España ya presentaba 10 veces más casos que Italia

El 24 de julio volvió «la curva». Desde el final del estado de alarma los españoles nos habíamos acostumbrado a pasar el día sin prestar demasiada atención a los datos suministrados por Sanidad sobre nuevos contagios. Ya no aparece Simón en las pantallas a diario ni miramos el gráfico de aumento de casos esperando el día en que «la curva» se doble. Pero el 24 de julio las redes sociales volvieron a hablar de ella.

«La curva» nos decía que España presenta ya casi 10 veces más nuevos casos diarios que Italia, nuestra hermana gemela en la gestión de la pandemia (ver gráfico). Nuestra curva ascendente presenta un aspecto similar al que presentaba a principios de mayo. Como si hubiéramos perdido dos meses en nuestro empeño por doblegar al virus. El vistazo rápido a la fotografía actual de los datos que sirve la organización Our World in Data debería preocuparnos.

Más aún cuando la sustituta de Simón en las lides de gestionar lo que los españoles debemos o no debemos saber sobre la pandemia fue algo más clara que su predecesor (y se agradece): «Puede que España esté en una segunda ola», dijo María José Sierra, directora adjunta del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) el 23.

Rebrotes masivos

Segunda ola, rebrotes masivos, continuación de la pandemia... El nombre da igual. Lo cierto es que España vuelve a salir reflejada entre los países más afectados de la nueva escalada de casos y vuelve a preocupar a Europa (la recomendación francesa a sus ciudadanos de que no viajen a Cataluña es buen ejemplo). La próxima semana es crucial para el desarrollo de los rebrotes y la imagen de nuestro país. Nos enfrentamos a un panorama cuando menos incierto que bien podría resolverse como un mal susto o una larga pesadilla según la respuesta que demos a estas cuatro preguntas:

1. ¿Están nuestros jóvenes en más riesgo que nunca?

El mismo día 24, en declaraciones a Catalunya Radio, el coordinador de la unidad Covid del Hospital del Mar de Barcelona, Robert Güerri, hacía un llamamiento serio. Si no se frena la tendencia al alza de contagios, «los hospitales volverán a sufrir tensiones graves». Varios de Cataluña y Aragón han empezado a reabrir plantas Covid que estaban destinadas a recuperarse definitivamente para enfermedades más corrientes. A finales de la semana, el hospital de Barbastro anunció que ya no disponía de más plazas UCI para pacientes de coronavirus otra vez. Y en las declaraciones del doctor Güerri apareció un dato que sonó a preocupante novedad: «El número de neumonías graves en pacientes jóvenes ha aumentado de manera progresiva».

Parece generalizada la idea de que el nuevo paciente de la segunda ola es fundamentalmente asintomático, joven y menos grave. Pero tras este dibujo de trazo gordo se esconde una posible sorpresa desagradable. Después de un periodo de alivio después del desconfinamiento, el número de neumonías ha crecido. En la zona de Segrià, de 1 caso por cada 100.000 habitantes a 15 en menos de un mes. En L’Hospitalet se han superado de nuevo los 10 casos por cada 100.000 personas. Son datos muy alejados de los 65 por 100.000 que sufrió Barcelona en lo peor de la pandemia, pero no dejan de ser preocupantes. Sobre todo, porque afloran entre ellos más pacientes jóvenes de los que deberían esperarse.

2. ¿Tienen la culpa los bares y las discotecas?

Las palabras clave de las últimas horas son «ocio nocturno». Especialmente, desde que la responsable técnica de la célula de gestión de la pandemia en la Organización Mundial de la Salud (OMS), María Von Kerkhove, confirmara que los locales de diversión nocturna se han convertido en «lugares propicios» para la transmisión del virus. La experta tiró la piedra y escondió la mano («no creo que la solución sea cerrar esos locales», dijo con precaución), pero dejó el bombazo encima de la mesa: bares de copas y discotecas están en la picota. Las autoridades han recogido el guante. Limitaciones de horario y registro de acceso en Castilla-La Mancha, cierres parciales en zonas de Cataluña, Aragón y Murcia, lucha generalizada contra el botellón en Andalucía. El responsable de emergencias sanitarias de la OMS, Mike Ryan, fue algo más explícito que su colega: «Si hay transmisión comunitaria, cualquier lugar que incite a pasar mucho tiempo encerrado es el mejor ambiente para el contagio». Según el Ministerio de Sanidad, las discotecas son responsables del 10% de los nuevos brotes. Eso significa que el 90% de los casos se producen fuera de ellas. Cada Comunidad Autónoma ha optado por su propia regulación de la noche. El aforo máximo permitido en Madrid es del 40%. En Castilla y León, del 75%. Los empresarios del sector han alertado de que más de la mitad de las empresas dedicadas al ocio nocturno están en peligro de desaparecer, y decenas de miles de puestos de trabajo se encuentran en el aire. El problema es que no existe la certeza de que combatir el ocio nocturno solucione la curva. En Alemania, por ejemplo, tienen el mismo dilema. Jonas Schmidt-Chanasit, experto asesor en pandemias del Instituto Bernhard-Nocht, ha alertado de que «los datos en Europa parecen indicar un aumento de contagios generalizado entre la población más que un cúmulo de rebrotes en una actividad específica como los bares o las plantas de tratamiento de alimentos». La vuelta al trabajo, las vacaciones e incluso la apertura de guarderías y campamentos de verano podrían tener también parte de culpa que compartir con los bares y discotecas.

3. ¿Qué pasa con los rastreadores?o

Cuando algunos medios de comunicación alertaron del extraño comportamiento de los brotes en Madrid (demasiados contagios nuevos para la escasa cantidad de brotes detectada), ciertos expertos apuntaron a un posible problema de detección. Los brotes están, pero no se los ve porque faltan rastreadores. El propio Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid salió al paso advirtiendo que en Madrid no es que haya escasez de rastreadores, sino que se «asignan en los lugares y momentos donde son necesarios». Pero a la vista de las reacciones de todas las instituciones implicadas, él es el único que confía en su argumento. Madrid, como ocurre prácticamente en toda España, necesita más rastreadores. Con uno por cada 12.000 habitantes, nuestro país tiene menos de la mitad de los recursos que la OMS recomienda para combatir la segunda ola. Ya en febrero el organismo internacional solicitó a todos los países que iniciaran el suministro de recursos para el rastreo con tiempo suficiente. «Hoy existe una completa frustración por parte de muchos expertos en salud pública porque no se les ha escuchado en estos meses», confiesa Helena Legido-Quigley, experta en sistemas de salud y profesora de la Universidad Nacional de Singapur. El caso de España es paradigmático: «Ustedes tienen menos de la mitad de los rastreadores necesarios para controlar la pandemia». Las declaraciones que hizo el portavoz del sindicato de enfermería SATSE fueron aún más ilustrativas: «Madrid cuenta con menos rastreadores que un solo barrio en Alemania».

4. ¿Es el aeropuerto de Barajas un coladero?

La situación madrileña se complica por el foco sensible del aeropuerto de Barajas. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso, no se ha cansado de advertir que en la vía de entrada por avión existe un problema sin resolver. Desde mayo se han detectado 77 casos importados en la Comunidad. Solo con observar las estadísticas de comportamiento del virus a nivel global se entiende perfectamente el problema. Cada día la pandemia alcanza niveles récord en el mundo. Las áreas del planeta donde el virus campa descontrolado se centran en EEUU, Iberoamérica, India y algunas localidades del sur de África. La amenaza principal está fuera de nuestras fronteras. Igual que el líquido a ambos lados de una membrana, los casos fluirán de las zonas de mayor densidad a las de menor densidad. Lo más probable es que los casos «entren» a España y no que «salgan» de España y, obviamente, el punto de acceso más sensible es un aeropuerto. Las medidas tomadas en Barajas (control visual, control documental mediante una declaración firmada y control de temperatura) han sido criticadas por todas las asociaciones médicas por insuficientes. Alemania ya propone la realización de tests PCR obligatorios a los pasajeros que procedan de zonas de riesgo. Barajas debería ser uno de los puntos de principal preocupación en nuestro país.