Nobel de Física a los exploradores de los agujeros negros

Los investigadores Roger Penrose, Reinhard Genzel y Andrea Ghez ganan el galardón

El siglo XXI en física está siendo la época de los agujeros negros, y el Comité Nobel lo sabe. Esta mañana la Academia Sueca de las Ciencias ha galardonado a Roger Penrose, uno de los genios de la física teórica del siglo XX, y a Reinhard Genzel y Andrea Ghez, los astrofísicos que demostraron que el centro de la Vía Láctea alberga un gran agujero negro con la masa de cuatro millones de soles.

La posibilidad de que existan agujeros negros era conocida desde hace un siglo, poco después de que Einstein publicara las ecuaciones de la relatividad general. Sin embargo, durante décadas el consenso fue que estos objetos tan exóticos de los que nada puede escapar serían “defectos de la teoría”, espejismos que vemos en las ecuaciones porque no estamos interpretando bien las matemáticas. Con su trabajo a lo largo de los años 60 y 70, Roger Penrose nos convenció de que no sólo estábamos entendiendo bien las ecuaciones, sino que además esos objetos podían existir.

Los primeros agujeros negros se descubrieron en la década de 1960 y tenían masas modestas, de 10-15 veces la masa del Sol. No fue hasta la década de 1990 cuando se demostró que esos objetos tienen unos impresionantes “hermanos mayores”: los agujeros negros supermasivos, que habitan el centro de las galaxias. El primero que se descubrió, por ser el más cercano, fue el del dentro de nuestra galaxia. Los equipos de Reinhard Genzel y Andrea Ghez estudiaron el movimiento de las estrellas más cercanas al centro galáctico y observaron que todas giraban en torno a un objeto misterioso, cuya masa fueron capaces de medir: cuatro millones de veces la masa del Sol. Se cree que este tipo de agujeros negros se instalan en el centro de las galaxias al principio de la vida de éstas y que después van engullendo estrellas y otros objetos que pasan por sus cercanías hasta alcanzar estos tamaños colosales.