Carmen Quintanilla, presidenta de AFAMMER: «El mundo rural está más indefenso frente al virus»

Las mujeres rurales denuncian que la pandemia no puede ser una excusa para no avanzar en igualdad y mejorar su situación

Con motivo del Día de la Mujer Rural, LA RAZÓN charla con Carmen Quintanilla, presidenta de la Asociación de Familias y Mujeres del Mundo Rural (AFAMMER) sobre las consecuencias de la pandemia de Covid-19 en los pueblos, de las carencias a las que todavía se enfrentan sus habitantes y de sus oportunidades de futuro. AFAMMER celebra hoy en Sevilla las jornadas «Mujeres rurales impulsando su futuro», financiadas por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, un acto en el que también se otorgarán los I Premios compromiso con la igualdad en el mundo rural.

–¿Cuáles han sido las consecuencias del confinamiento para el mundo rural y más concretamente para la mujer que vive en el mundo rural?

–El coronavirus ha creado un efecto contradictorio en el medio rural. Por un lado, nuestros pueblos se han visto más aislados y han sufrido en mayor medida la falta de infraestructuras y servicios. Pero por otro lado, hemos tenido que sufrir la pandemia del coronavirus para que la sociedad sea realmente consciente del importante papel que juegan nuestros pueblos para el conjunto de la sociedad, pero sobre todo, de la actividad que en ellos se producen. La sociedad ha mirado hacia el medio rural como el lugar que hace posible que podamos contar con alimentos sanos y seguros en nuestra mesa. No debemos olvidar que en los momentos más duros del confinamiento se ha paralizado gran parte de la actividad económica, pero el sector de la agricultura, la ganadería y la pesca no ha parado ni un solo momento. Las mujeres en general están sufriendo en mayor medida las consecuencias del coronavirus porque son ellas las que se encargan en mayor medida de las tareas domésticas, del cuidado de los hijos y de las personas dependientes, una situación que se ha visto aumentada por el cierre de colegios e institutos. Las especiales características del entorno rural y el aislamiento ha sido un agravante para las mujeres que viven en zonas rurales.

–¿Consideras que esta situación sanitaria está propiciando que cada vez más personas optenpor vivir en entornos rurales y menos poblados?

–Como mencionaba anteriormente, la pandemia del coronavirus ha atraído las miradas de muchas personas hacia el medio rural que se han visto atraídas por las características de un entorno lleno de naturaleza y sin aglomeraciones. Pero hasta que nuestros pueblos no cuenten con servicios de calidad, no conseguiremos convencer a los jóvenes y las familias que viven en las zonas urbanas para que se vengan a vivir a una zona rural.Por una razón muy sencilla, imaginemos el caso de una persona que vive en la ciudad y tiene la posibilidad de trabajar desde casa no va a mudarse a un pueblo que no cuente con una conexión a internet de calidad, ni con guarderías donde dejar a sus hijos mientras están trabajando.

–¿Quizá la pandemia pueda ser una oportunidad para revitalizar la vida de los pueblos?

–Considero que cuando hace unos meses nos dijeron que nos quedáramos en casa, la mayoría de los españoles fuimos responsables e hicimos caso a las recomendaciones de las autoridades sanitarias y cumplimos con las medidas que impedían la libertad de movimiento. De hecho, conozco el caso de muchas personas que han pasado el confinamiento en pisos de 40 metros cuadrados en las ciudades y no se han ido a sus pueblos a pesar de que se morían de ganas por volver. Pero por supuesto, como en todo siempre hay excepciones. Bajo mi punto de vista creo que siendo responsables en los pueblos hay sitio para todos.

–¿Por qué dice que la pandemia ha visibilizado y agrandado aún más la brecha entre el mundo rural y el urbano?

–Más que agrandar las diferencias las ha sacado más a flote, pues a pesar de que el aislamiento ha sido un factor protector a la hora de evitar el contagio, la falta de servicios sanitarios y educativos en algunos núcleos rurales provocando que no sea posible asegurar la calidad de vida ni la salud de las mujeres rurales y de sus familias porque no cuentan con servicios y equipamientos básicos. Por lo tanto, puede decirse que las personas del medio rural se han enfrentado a la pandemia del coronavirus en una situación de mayor indefensión.

–¿Cree que la mujer rural sufre una doble discriminación?

–Efectivamente, por un lado por el hecho de ser mujer y por el otro por vivir en un medio como el rural al que aún no llegan todas las oportunidades de las que gozan las mujeres que habitan en el entorno urbano. De hecho, las mujeres que viven en las zonas rurales sufren más el desempleo que las que viven en las ciudades pues la tasa de paro femenino en las menores de 25 años del medio rural roza el 50% frente al 41% de las que viven en las ciudades, lo que ha llevado a miles de mujeres jóvenes a tener que abandonar sus pueblos en busca de un futuro mejor en la ciudad.

–¿Cuáles son vuestras principales reivindicaciones?

–En primer lugar en AFAMMER queremos seguir alzando la voz para pedir que se siga avanzando en la mejora de la situación de las mujeres rurales de todo el mundo, pues la pandemia no puede convertirse en una excusa para seguir avanzando en materia de igualdad. Sobre todo, cuando acabamos de conmemorar el 25 Aniversario de la IV Conferencia de la Mujer de Beijing donde AFAMMER junto a otras organizaciones allí presentes consiguió que se declarase el 15 de octubre como el Día Internacional de la Mujer Rural. Para conseguir la igualdad real de oportunidades en el medio rural en AFAMMER reivindicamos que se desarrollen más programas de formación que favorezcan la inserción laboral y el emprendimiento de la mujer rural, pues de esta forma, se asegura el futuro y el desarrollo de los municipios y comarcas, repercutiendo al mismo tiempo a la vertebración social y territorial del país.

–¿Formación y conciliación deben ir de la mano?

Efectivamente, esta formación tiene que ir acompañada por más conciliación, pues solo así las mujeres ocuparan el papel que les corresponde en la toma de decisiones y en el liderazgo de la vida política, económica y social de los pueblos. El acceso a nuevas tecnologías de la información y la comunicación en todos los pueblos de España y la lucha contra la falta de servicios son otras de nuestras demandas históricas.Asimismo, pedimos que se favorezca el relevo generacional femenino en el campo para acabar con la masculinización y con el grave problema del relevo generacional en las explotaciones agrícolas y ganaderas. Tampoco nos olvidamos de nuestros mayores, por ello pedimos que se combata su aislamiento. Y por supuesto no podemos dejar atrás a las mujeres que sufren maltrato, sobre todo las que viven en los municipios más pequeños pues tardan más en verbalizar su situación.