La segunda ola trae el teletrabajo para el 50% de empleados

La EPA recogía en 2019 que el 8% de los trabajadores en España lo hacían a distancia. La primera ola de la pandemia elevó ese porcentaje al 34%. Los expertos prevén que la segunda arrastrará hacia el teletrabajo al 50%, lo que no se esperaba hasta 2030

Jose Ramón Jimenez, arquitecto. Reportaje sobre teletrabajo.©Gonzalo Pérez MataLa Razón.

La segunda ola de la pandemia arrastra a los empleados españoles de nuevo hacia el teletrabajo. La primera ya llevó hasta él al 34% cuando los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2019 recogían que sólo el 8% de los trabajadores en España lo hacían a distancia. Es un fenómeno que ha venido para quedarse y las estimaciones de los especialistas sitúan en un 50% los trabajadores españoles que lo harán en casa en breve, un porcentaje al que no se esperaba que se llegase hasta 2030, de forma especial los empleados del sector de la contabilidad, administrativos y otros trabajadores de oficina. En menor proporción, directores, gerentes, científicos e intelectuales.

La experiencia de esta pandemia arroja a veces resultados contradictorios: parece observarse que quienes teletrabajan conciliaban mejor la vida familiar y la laboral, enfermaban menos, gozan de más tiempo libre y no gastan en desplazamientos a la empresa. Y la productividad no merma en sectores creativos, como en el mundo de la programación, del diseño o del financiero. Sin embargo, no se produce el mismo hecho en sectores repetitivos o más bien monótonos, en los que la productividad descendía. Asimismo, y este punto se acusa prácticamente en todos los sectores y afectados, se observa que en el teletrabajo la ausencia de los compañeros actúa como un factor definitivamente negativo.

Este último aspecto lo confirma la psicoperapeuta Peggy Jean Gilbert, estadounidense afincada hace medio siglo en España, especializada en el proceso de crecimiento personal en cualquier situación de crisis del ser humano y miembro de la Federación Española de Sociedades de Psicoterapeutas (FESP): «El compañerismo es un factor positivo para el trabajador, cuando las relaciones son buenas y se ayudan unos a otros. No obstante, es obvio que nuestra sociedad occidental camina hacia la imposición del teletrabajo en sus múltiples formas. Esto ahorrará dinero y tiempo en desplazamientos para el trabajador, él mismo se impondrá su autodisciplina para ser responsable y, para no sentirse aislado, lo más probable es que recurra a las redes sociales».

Gilbert insiste en que «no es exactamente igual tener a un paciente al lado o enfrente, que se le puede tocar un brazo con cariño y ponerse a su lado, que mirarle a través de la pantalla de un monitor. Puedo mirarle a los ojos, modular el tono de mi voz, según lo que le escuche o cómo le encuentre pero, naturalmente, nunca será igual que la relación presencial».

Para el arquitecto José Ramón Giménez-Cassina, director técnico del Gabinete Pericial F. B. Asociados, con sede en Madrid y proyectos en toda España, esta modalidad es más bien caótica en múltiples aspectos. «Nuestra empresa presenta ciertas peculiaridades, ya que la mayoría del personal, que está constituida por arquitectos e ingenieros peritos, somos profesionales liberales, autónomos, que no teníamos horario obligatorio. Acudíamos al gabinete a reuniones, a intercambiar información o datos. Además, no teníamos restricción para viajar por España», explica. Para él, lo peor es que, «al no haber horarios, aparecían reacciones de lo más diversas de todas las partes involucradas, que llamaban o solicitaban reuniones y, al estar trabajando siempre en casa, parece que no se percataban de que no era necesario respetar horarios ni fines de semana, por lo que uno se sentía invadido en su vida privada y los horarios se diría que se volvían un poco enloquecidos, de tal modo que ya no distinguías la línea de separación entre el horario de trabajo y el resto del tiempo personal».

Para la psicoperapeuta Peggy Jean Gilbert, «no hay la menor duda de que es otro modo de concebir no solo el trabajo, sino también la vida», agrega, «en la que se irán modificando las nuevas tecnologías. Las consultas y comunicaciones entre los compañeros ya serán mediante tecnología adaptada por la propia empresa, que será más cercana y los empleados se verán las caras como si estuvieran trabajando a su lado. De este modo, tienen la seguridad física de mirarse a los ojos y de sentir la cercanía del compañero».

C. R. G., alto ejecutivo de una de las más importantes empresas financieras españolas –que prefiere preservar su identidad y la de su compañía– viaja por toda Europa y muy a menudo a Frankfurt, al Banco Central Europeo (BCE), y trabaja en casa desde que se inició la pandemia en España. «Al principio todo me parecían ventajas, especialmente por el estrés en los desplazamientos, que era lo que peor llevaba, y porque me permitía una excelente conciliación con la vida familiar. Digamos que las primeras semanas fueron como una especie de ensayo para la empresa. Como mis hijas ya son mayores, en edad universitaria, no tenía problemas, pero oía a compañeros, que tenían en esos momentos niños muy pequeños, que era horrible para ellos estar todo el día en casa». Este alto ejecutivo teletrabajador reconoce que en la empresa tenía su horario, no estricto en razón de su cargo, pero ahora está disponible para la empresa desde las 8 de la mañana hasta las 23:30 horas, es decir, que trabaja mucho más que antes y sigue viajando: «La empresa ha ido adaptando las modernas tecnologías a las nuevas necesidades. Creemos que en un futuro próximo iremos a trabajar unos departamentos unos días a la semana y otros el resto».

Contrariamente, Elena Tejedor, que trabaja en una compañía experta en soluciones digitales para uno de los bancos más destacados de este país, opina que el teletrabajo es una modalidad magnífica en su empresa, que ya lo practicaba parcialmente desde hace bastante años, respetando rigurosamente el horario del empleado. «Para mí el confinamiento ni siquiera supuso una ruptura con mis compañeros, pues a menudo comíamos juntos y charlábamos unidos por teleconferencia. Y otro tanto hacíamos al finalizar la jornada, que quedábamos del mismo modo para tomar unas cervezas». Añade que le ha ayudado a regularizar sus horarios vitales y a llevar unos hábitos alimentarios más sanos, que se ahorra tiempo y combustible en desplazamientos a la oficina y que les ha hecho a todos los empleados más humanos: «Parece mentira, pero nos ha acercado mucho a todos los compañeros, incluso a los que solo conocemos durante el desarrollo de un proyecto. En este caso, antes, si nos encontrábamos en el pasillo, nos saludábamos sin pararnos, y ahora nos preocuparnos por cómo está él, su familia…».

La vocación es indubitablemente una de las primeras cualidades del docente. Tal es el caso de Marisol Catena, profesora de filosofía de Enseñanza Secundaria (ES) del instituto Profesor Máximo Trueba, de Bohadilla (Madrid), quien se apasiona contando su experiencia con los discentes durante el confinamiento en la teledocencia. Subraya que el segundo y tercer trimestre del curso pasado fueron especialmente duros, y más para el alumnado, cuya adaptación resultó más difícil que para el profesorado, por la propia idiosincrasia de la situación y por tratarse de personas inmaduras (de 12 a 18 años), en pleno crecimiento. Al principio se veía a los chicos desconcertados, cuenta, y sobre todo tristes, porque echaban de menos el contacto directo con sus compañeros. «A estas edades el factor emocional, el valor de la amistad, son muy relevantes. Eso hizo que los profesores nos involucrásemos más, que atendiéramos con más calma sus peticiones o resolución de dudas a distancia, incluso a horas intempestivas. Y lo cierto es que el resultado final fue muy gratificante para los docentes, pues nos demostraron con sus notas un gran sentido de responsabilidad».