¿Y si el virus desarrolla resistencia a la vacuna?

Las optimistas noticias dadas por Pfizer pueden enfriarse con experiencias anteriores de virus que mutan para defenderse

Esta representación tridimensional del Instituto estadounidense de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID) muestra el SARS-CoV-2, también conocido como 2019-nCoV, el virus que causa COVID-19, con la puntas proteínicas que cubren su superficie y le permiten infectar células humanas en Hamilton / Montana (Estados Unidos de América), a 13 de febrero de 2020. CORONAVIRUS;COVID-19;ESTADO DE ALARMA;PANDEMIA;LABORATORIO;NIAID; NIAID (Foto de ARCHIVO) 13/02/2020 NIAID NIAID

Al igual que las bacterias que desarrollan resistencia a los antibióticos, los virus pueden desarrollar resistencia a las vacunas como la recién anunciada de Pfizer. Nuestro sistema inmunológico utiliza una serie de tácticas para combatir los patógenos: virus y bacterias. Pero el trabajo del patógeno es evadir el sistema inmunológico, crear más copias de sí mismo y propagarse a otros huéspedes. Las características que ayudan a un virus a hacer su trabajo tienden a mantenerse de una generación a otra. Las características que dificultan la propagación del virus a otro huésped tienden a perderse. Propagarse rápidamente es algo bueno, pero matar a su huésped en poco tiempo (impidiendo que se propague a otros huéspedes) es malo.

Una forma en que los humanos se protegen de un virus es desarrollando anticuerpos contra él. Los anticuerpos se adhieren a las proteínas de la superficie externa de un virus y evitan que ingrese a las células huésped. Un virus que parece diferente de otros virus que han infectado al huésped tiene una ventaja: el huésped no tiene inmunidad previa. De ese modo muchas adaptaciones de los virus implican cambios en su superficie externa, así evitan ser detectados. Y es que, al igual que la selección natural actuó dando forma a la evolución de todos los seres vivos del planeta, también influye en los virus… aunque técnicamente no estén vivos, ya que necesitan un organismo huésped para reproducirse.

En los animales y las plantas, el clima, la geografía o la interacción con presas y depredadores son algunos de los principales agentes que presionan para evolucionar. En los patógenos hay dos: huéspedes y medicamentos (incluyendo vacunas).

Hay tres características de las vacunas que buscan reducir la posibilidad de que los virus se vuelvan resistentes. Una es que pueda responder a múltiples características del virus, otra es que detenga la reproducción y, finalmente, que proteja contra los diferentes tipos circulantes del virus.

De acuerdo con un reciente estudio, realizado por expertos de la Universidad Estatal de Pensilvania, todos los casos documentados de resistencia a una vacuna pueden atribuirse a la ausencia de al menos una de esta tres características. Si falla la primera, una mínima mutación la hará ineficaz. Cuando es la segunda característica la que falta se propicia la diversidad de los patógenos y se acelera la mutación. Y si, finalmente, la tercera propiedad no está presente, la vacuna solo le protegerá contra un virus de la familia.

Los autores del estudio, publicado en «Plos Biology», señalan que si surgiera resistencia a la vacuna en las semanas, meses o años entre la vacunación y la exposición, una persona vacunada podría quedar desprotegida. En caso de que la resistencia se generalice y sea común, «las campañas de vacunación completas podrían volverse ineficaces. Además, dado que los anticuerpos preexistentes con frecuencia interfieren con la eficacia de la vacuna, no podemos asumir que una nueva vacuna sería capaz de restaurar la protección. Dado que una gran proporción de las vacunas candidatas a evitar la Covid se dirigen a la proteína del virus, la evolución de la resistencia a la vacuna podría socavar simultáneamente otras. Es un fenómeno que se conoce como resistencia colateral o cruzada».

Para evitar esto, los autores sugieren evaluar el riesgo de evolución de la resistencia incluso antes de que se autorice una vacuna. La primera medida sería aprovechar que se recolectan muestras de sangre durante los ensayos clínicos de SARS para cuantificar las respuestas individuales a la vacunación.

En segundo lugar, «muchos ensayos clínicos de la vacuna recolectan hisopos nasales o muestras fecales de individuos vacunados para cuantificar la protección de la vacuna contra la infección. Proponemos que estas muestras también se utilicen para recopilar datos como indicadores del potencial de transmisión. Y en tercer lugar, muchos ensayos clínicos de Covid recolectan muestras de hisopos nasofaríngeos de individuos sintomáticos vacunados y de control para confirmar que el SARS es el agente causante de la enfermedad. Proponemos que se generen secuencias del genoma viral a partir de estos hisopos para buscar evidencia de mutaciones impulsadas por la vacuna».

No hay duda que una vacuna Covid segura es una prioridad urgente. «No estamos abogando por retrasar el lanzamiento de una vacuna, incluso si existe una alta probabilidad de que la resistencia evolucione contra ella. Más bien, abogamos por que las vacunas se evalúen lo antes posible para determinar la probabilidad de que impulsen la evolución de la resistencia. Esta evaluación se puede realizar controlada durante los ensayos clínicos en lugar de esperar primero a que los resultados prometedores del ensayo se desvanezcan después de que se autorice una vacuna. Como en otras enfermedades, como la neumonía, la evolución de la resistencia puede hacer que las vacunas sean ineficaces. Al aprender de estos desafíos anteriores y al implementar este conocimiento durante el diseño de la vacuna, podemos maximizar el impacto a largo plazo de vacunas Covid».

En pocas palabras, aún estamos a tiempo de implementar medidas contra posibles resistencias y estas no requieren de grandes infraestructuras ni producirán demoras en el desarrollo de los esperados fármacos.