“Con la epidemia, cada vez más gente se dedica a la caza furtiva”

Karmele Llano, es la «Jane Goodall» española que lucha en Borneo por la recuperación de los orangutanes

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Toda historia tiene un protagonista indiscutible. Y la de esta se llama JoJo. Durante 11 años vivió encadenado a un tronco con una cadena de apenas medio metro. Vivía rodeado de sus propias heces, basura y al lado de un desagüe. Rara vez se ocupaban de su alimentación y su salud. Y fue solo cuando la herida provocada por la cadena se infectó gravemente, llamaron a una veterinaria: Karmele Llano. Esta bilbaína había llegado a Indonesia en 2003 y estaba colaborando con una ONG cuando conoció a JoJo. Excepto curarlo y ver que aún quedaba una chispa de confianza en su cuerpo, poco más pudo hacer Karmele ese día. JoJo es la razón por la cual esta veterinaria fundó la International Animal Rescue, una organización que persigue regresar a los orangutanes rescatados a su hábitat natural y preservar su ecosistema. Hoy JoJo vive en las instalaciones de International Animal Rescue. Su vida pasada le provocó malformaciones y desnutrición, lo que le impide bastarse solo en la naturaleza. Aún así mantiene la curiosidad, es un experto en puzzles y en construir nidos para dormir.

Recientemente, la International Animal Rescue ha obtenido el Premio Mundial Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad. «La organización la montamos en el 2006. Desde entonces, aumentamos el número de proyectos y el premiado es uno de los muchos que tenemos. El equipo está formado por 180 personas. No se trata solo de la preservación de los orangutanes, trabajamos con muchas especies en peligro. El orangután es una de las más amenazadas y contribuye mucho a la preservación de otras especies. Su ecosistema, la extensión que cubre, es tan grande y sus necesidades son tan altas que cuando hay una población de orangutanes, en cierto sentido, está garantizada la protección de otras especies que viven en su ecosistema. Y a parte de esto es fundamental proteger a los orangutanes: si no empezamos con una especie tan cercana a nosotros, olvídate de la rana, el insecto o el árbol que está en peligro de extinción», apunta Llano

Desde 1980, Borneo ha perdido más de la mitad de sus bosques y actualmente el ritmo de tala, principalmente destinado a aceite de palma, es de 1,3 millones de hectáreas por año. A eso se une que el tipo de suelo de esta selva es muy inflamable una vez que se le han quitado los árboles. Por si fuera poco de las más de 300 explotaciones madereras actuales, solo cuatro cuentan con un trabajo de sostenibilidad previo». Karmele también trabaja en este ámbito, contratando a antiguos cazadores y taladores furtivos para que les ayuden a preservar la región. Asegura que «la reconversión de los furtivos es un motivo económico 100%. Nadie se convierte en un cazador o talador furtivo por amor al arte, lo hacen porque no tienen otra salida. Si queremos que protejan al medio ambiente, hay que darle otra alterativa».

Pero la actualidad no trata solo de furtivos. La pandemia global tiene un enorme impacto en Indonesia. El PBI nacional descenderá un 13% (un 24% en el sector agrícola) y se anticipa que unas 36 millones de personas más caerán en la línea de pobreza. Es cierto –afirma Karmele, que ya lleva casi 20 años en el país –. Estamos viendo cómo la pandemia afecta a la población local. Para ellos está siendo terrible, cada vez más gente se dedica a actividades ilegales, como buscar oro, cazador furtivo o talar árboles. Me da mucha pena porque los colegios están cerrados y la poca salida que tenían mediante la educación, ahora se lo han quitado. Habrá una generación de niños que están perdiendo la posibilidad de educarse. No es tan grave para el orangután, pero sí lo es para su ecosistema».

Lo interesante de la organización liderada por Karmele Llano es que tiene un enfoque completo de la sociedad y de la interacción de los humanos con los animales que rescatarán. No se dedican solo a la vida salvaje. Por ello han comenzado un proyecto de ayuda a los niños y niñas de la zona que no pueden acudir a la escuela. Cuentan con programas educativos, clases de inglés, ordenador, trabajos técnicos de agricultura orgánica, de cocina. El objetivo, según la propia Karmele, es que nadie se quede en el camino.

«Entre el 2000 y el 2015 hemos perdido unos 100.000 orangutanes – señala esta veterinaria originaria de Bilbao –. En los últimos 40 años se ha perdido un 60% de la población y si seguimos a este ritmo, se perderá un 80% en 2030. Eso el orangután de Borneo, porque el de Java está aún peor. Es preocupante la rapidez con la que perdemos la población. En una generación estamos perdiendo mucho y con ello perdemos una gran parte de la biodiversidad: ranas insectos, aves… La mayor parte de la perdida de los orangutanes se debe a la perdida de su hábitat. Y la desforestacion masiva de aquí, la ocasionamos en nuestros países. La demanda de aceite de palma, de maderas…si queremos revertir esto tenemos que cambiar nosotros mediante un consumo responsable. Todos individualmente tenemos un impacto y a nivel colectivo es muy importante. Eso y ponerle presión a los gobiernos. Que los políticos dicen mucho pero no hacen nada, este problema es muy grande como para conversarlo solo entre cuatro».