Las grandes farmacéuticas fracasan en las vacunas para la Covid-19

Han fallado en sus proyectos o se han centrado en enfermedades crónicas, mucho más rentables

Instalaciones de fabricación de pruebas de vacunas de Kaneka en Lieja (Bélgica)
Instalaciones de fabricación de pruebas de vacunas de Kaneka en Lieja (Bélgica)YVES HERMANREUTERS

Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson (con su filial Janssen) o AstraZeneca han desarrollado las vacunas que actualmente se inoculan a la población. Pero, ¿qué ocurre con Roche, la tercer farmacéutica más grande? ¿Y Novartis o Merck? ¿Qué pasó con GlaxoSmithKline y Sanofi, todas ellas entre las 10 más grandes? Una de las razones por las que Merck pudo ayudar a producir algunas de las vacunas de Johnson & Johnson es que sus propios esfuerzos de desarrollo fracasaron. Otras compañías, incluidas Glaxo y Sanofi, todavía realizan ensayos y esperan la aprobación inicial de sus sueros, esperan que para final de año.

Para Carmen Álvarez, doctora en Biología Molecular y profesora de Inmunología en la Universidad Internacional de La Rioja, «a muchas empresas les ha pillado con el pie cambiado o desarrollando otras vacunas. Algunas no trabajan habitualmente con coronavirus, y sin embargo otras sí lo tenían y perdieron la oportunidad. Muchas también estaban desmantelando sus filiales para reducir sus gastos cuando todo comenzó. Y al no planificar tener filiales en centros importantes de Europa han perdido su oportunidad».

Glaxo y Sanofi, por ejemplo, han anunciado casi dos meses atrás el inicio de un nuevo estudio de fase 2 de una de las dos vacunas que desarrolla, una de proteína recombinante. El estudio evaluará la seguridad, reactogenicidad e inmunogenicidad y, si tiene éxito, se iniciará la fase 3. La otra vacuna candidata de Sanofi está a la espera de los ensayos en fase 1 y 2 y contará con 415 participantes en 13 laboratorios.

Mientras tanto Roche, el gigante suizo, no se ha centrado en vacunas contra la covid, pero produce 15 pruebas para la detección de la enfermedad. La demanda de estas pruebas hizo que los ingresos por diagnósticos de la compañía aumentaran un 28% en el cuarto trimestre, mientras que las ventas de productos farmacéuticos cayeron un 7%. Roche dice que se ha centrado en el diagnóstico y no solo en la fabricación de medicamentos.

Merck, por su parte, se volcó en la producción de las vacuna desarrollada por Johnson & Johnson después de comunicar que no continuaba con el desarrollo de sus vacunas candidatas al SARS-CoV-2 : V590 y V591. El laboratorio planea concentrar su estrategia de investigación en el avance de dos candidatos terapéuticos, MK-4482 y MK-7110. Una estrategia que, desde lo comercial, parece lógica. «Una vez vacunas a la población» –añade Álvarez– «se acabó el negocio.

Por eso no hay tantas empresas que se dediquen a ello. Se centran más en inmunoterapia, enfermedades crónicas. Las vacunas ya se sabe de antemano cuál será el beneficio y no es algo crónico. No son rentables a largo plazo». A corto, a pesar de tener un precio de menos de 20 euros por dosis, Pfizer espera que las ventas de su vacuna alcancen los 12.000 millones de euros para fines de este año, con un margen de beneficio de casi el 30%.

El desarrollo de las vacunas fue una apuesta de las empresas y de los gobiernos que financiaron o ayudaron con subsidios por una sencilla razón: el impacto en la economía sería mucho mayor sin vacuna. Pfizer no usó dinero de los contribuyentes para desarrollar su vacuna y asumió todo el riesgo con una inversión que ha podido llegar a los 2.000 millones de euros en I+D (dinero que obviamente recuperaran sin problema). Johnson & Johnson, por ejemplo, señaló que proporcionará la vacuna sin fines de lucro mientras el mundo continúe sufriendo la pandemia… aunque eso no significa que la compañía nunca obtendrá dinero con ella: habrá en el futuro mutaciones y nuevas necesidades de vacunas.

«Las mutaciones genéticas ocurren naturalmente durante la replicación y propagación del virus», –explicaba el director ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla –. «Existe un escenario cada vez más probable en el que podría ser necesario en los próximos años reforzar a los pacientes vacunados con covid con una vacuna que codifique la variante del momento»… como ocurre cada año con la gripe. Y entonces, ¿qué pasaría si se liberaran las patentes de las vacunas para que sean más económicas? Lo primero es que en la mayoría de los casos las vacunas se compran con un margen de ganancia muy bajo. «Liberar las vacunas es muy complicado»– concluye Carmen Álvarez– .

«Las que se están administrando han sido autorizadas con urgencia pero no aprobadas y eso es un pequeño pero importante matiz. Esta autorización implica que el proceso se aceleraba, manteniendo los estándares de control y seguridad solo para que las vendan a precio de coste. Ahora mismo no están ganando mucho, están cubriendo costes. El problema es que si aceptamos liberar estas patentes, después querrán que se liberen otras. Y si se liberan las patentes, los laboratorios no ganarán dinero y no realizaran más investigación. Ese es el objetivo de patentar y eso va en detrimento de la investigación». ¿Es posible un equilibrio?