La dosis de refuerzo en menores de 40 suscita la división de los expertos

Aunque ofrece una relación costo-efectividad limitada, puede ser útil para evitar la covid persistente

Casos de covid notificados a la Renave entre el 14 de octubre de 2021 y el 11 de enero de 2022
Casos de covid notificados a la Renave entre el 14 de octubre de 2021 y el 11 de enero de 2022 FOTO: T. Nieto

La ampliación de la tercera dosis a la población mayor de 18 años, a la que España se sumó hace una semana, ha creado división de opiniones. Mientras algunos enarbolan el principio de prevención y protección como la máxima que debe primar en las decisiones concernientes a la pandemia, otros consideran que la dosis de recuerdo no aporta un beneficio extra que justifique su inoculación «indiscriminada».

Uno de argumentos principales de quienes cuestionan el tercer pinchazo es que las cifras de hospitalizados (2,2%), ingresados en UCI (0,01%) y fallecidos menores de 40 años (25) en esta sexta ola son mínimas. Así lo muestra el último informe de situación de la covid en España, que el Instituto de Salud Carlos III publicó el pasado 12 de enero, y que incluye los casos de covid – por nivel de gravedad y por grupo de edad – notificados a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica con inicio de síntomas y diagnóstico desde el 14 de octubre de 2021.

Sin embargo, el contra argumento a esta afirmación es que la expansión meteórica de la variante Ómicron ha llevado al hospital y cientos de personas “jóvenes y sanas”, y con la doble pauta. “El número de personas jóvenes que han requerido de ingreso no es desdeñable”, señala Joan Carles March, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.

Por otro lado, en opinión de José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, “las dosis de refuerzo ofrecen una relación de costo-efectividad variable, decreciente en edades inferiores a 40 años. En cualquier caso, la evidencia apunta a que ofrecen más ventajas que desventajas en todos los grupos de edad”. Además, hay otros argumentos por los que su apertura a la población general puede ser beneficiosa. “Por un lado, puede existir alguna vulnerabilidad oculta en la población joven y aparentemente sana que les haga más susceptibles a la variante. Por otro, hay evidencias de una mejor respuesta inmunológica (y de memoria a largo plazo) tras la dosis de recuerdo, además de que, en caso de tener la infección, disminuyen las posibilidades de desarrollar covid persistente, explica March.

¿Y la inmunidad celular?

En el lado de los argumentos que la ponen en duda en los grupos de edad con riesgo bajo, está el de que se ha obviando y se continúa obviando por completo el papel clave de la inmunidad celular en la estrategia de vacunación. “Son necesarios estudios de inmunidad celular en grupos de población concretos para identificar el riesgo y priorizar los refuerzos”, señala José Gómez Rial, inmunólogo del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela. “No era necesario someter a esta dosis a quienes tienen un sistema inmunitario competente y ya están suficientemente inmunizados con la doble pauta. Además, corremos el riesgo de generar rechazo a las vacunas”, apunta.

Pero, ¿cómo se puede medir la inmunidad celular? Eduardo López- Collazo, director científico del instituto de investigación del Hospital Universitario de La Paz, de Madrid cree que “si invertimos, podríamos tener en poco tiempo un kit rápido, exacto y directo para determinar la inmunidad celular en una gran parte de la población y poder hacer una pauta personalizada y específica en aquellas personas que realmente necesitan la vacuna”.

La triple vacunación “clásica”

En otra línea de pensamiento, hay muchos expertos que defienden la idea de que la vacuna para la covid, para que sea plenamente efectiva, debe hacerse en pauta de tres dosis, como se hace con las vacunas “clásicas” establecidas en calendario vacunal (la hepatitis B, la meningitis C, el papilomavirus, entre otras). La razón por la que los ensayos se hicieron solo con dos dosis, y con intérvalos más cortos de tiempo entre una y otra que los habituales tres o seis meses, fue la urgencia de disponer de los antídotos lo antes posible.

Sin embargo, este argumento puede quedar desmontado en pocos meses si se tiene en cuenta que Israel, el país «piloto» en materia de vacunación, ya va por la cuarta. Y en ese punto sí que hay bastante consenso entre los expertos: la mayoría descartan rotundamente la estrategia de sumar pinchazos. “No me parece defendible la estrategia de basar toda la lucha contra el virus en seguir continuamente vacunando, con una cuarta, quinta, sexta dosis… una tras otra. Eso sí que pienso que podría crear, en ciertos casos, problemas de autoinmunidad en el futuro”, destaca Martín Moreno.

“Por eso, en la estrategia Vaccine-Plus, que defendimos en reciente artículo del British Medical Journal un grupo de investigadores, decimos que las vacunas son necesarias, pero no suficientes – añade –. “Criticamos abiertamente el enfoque de sólo vacunas que a su vez tolera altos niveles de transmisión e infección”.

En opinión de este experto, es imprescindible complementar la «razonable» vacunación con medidas que reduzcan la propagación del SARS-CoV-2 en función de los niveles de transmisión, incluyendo mascarillas adecuadas en sitios cerrados, ventilación y filtración de aire y minimización de eventos con aglomeración de personas. “A la par, el sistema sanitario tiene que seguir haciendo lo que es su obligación: reforzar la atención primaria y los servicios de salud; testar, secuenciar, trazar o rastrear, aislar a los enfermos, cuarentenar a los contactos y, – sobre todo –, apoyar de forma eficaz a los sectores afectados por estas medidas”, concluye.