La verdadera historia del corazón de cerdo

El primer xenotrasplante de la Historia acabó con la muerte del paciente seis meses después; todavía nadie sabe por qué

David Bennett (hijo) junto a su padre en la cama del Hospital de Baltimore (EE.UU.), cinco días después de que le trasplantaran el corazón de cerdo
David Bennett (hijo) junto a su padre en la cama del Hospital de Baltimore (EE.UU.), cinco días después de que le trasplantaran el corazón de cerdo FOTO: University of Maryland School of Medicine AP

Se llamaba David Bennet, tenía 57 años y murió el 8 de marzo de 2022 con un corazón de cerdo dentro del cuerpo. Su historia fue portada de decenas de periódicos en todo el mundo dos meses antes: se había convertido en el primer ser humano portador de un corazón de animal modificado genéticamente para sustituir al suyo, maltrecho tras años de sucesivas enfermedades cardiacas. La operación fue considerada todo un éxito. El paciente recibió el órgano de cerdo sin problemas, no generó rechazo, y la función cardiaca se restituyó con normalidad tal como estaba previsto.

El donante era un animal perteneciente a un linaje genéticamente modificado para inhibir la producción de ciertas sustancias que desencadenan la incompatibilidad con el organismo humano. También se había eliminado la posibilidad de proliferación de un virus específico de los órganos porcinos (el PERV-C) que es uno de los mayores obstáculos para el intercambio de tejidos entre esos animales y los seres humanos.

Durante los primeros días después de la operación, todo parecía indicar que el trasplante había sido un éxito. Dos meses después, el corazón dejaba de latir. Ahora, un informe publicado esta semana ha recogido la secuencia de los hechos y analizado qué ocurrió para que David Bennet no resistiera más de dos meses con su nuevo órgano xenotrasplantado.

El detallado análisis ofrecido por la Universidad de Maryland reconoce que los primeros pasos del proceso fueron realmente prometedores. Según el informe médico firmado por el doctor Bartley Grifith, “los primeros días recibimos solo buenas noticias”. No solo se evitó el temido rechazo en las horas iniciales sino que pronto fue posible desconectar al paciente del aparato de oxigenación extracorpórea (ECMO) al que estaba conectado. El órgano preservaba unas constantes normales, con un ritmo de entre 70 y 90 latidos por minuto.

La fracción de eyección ventricular izquierda (FEVI) es una medida utilizada en cardiología para estimar el estado de salud de un corazón. Se refiere a la cantidad de sangre que sale del órgano cada vez que este se contrae. Si es menor de 50%, se considera que puede haber alguna patología. Bennet entró al quirófano con una FEVI de 10%. Su corazón porcino se situó rápidamente en el 50. En febrero, los médicos emitieron un comunicado anunciando que Bennet había estado viendo por televisión la final de la Super Bowl e incluso había cantado durante la retransmisión. El informe inicial es sorprendentemente optimista: “Su corazón estaba fuerte, incluso demasiado fuerte para su frágil cuerpo”.

Pero las cosas empezaron a torcerse mes y medio después. La presión sanguínea del paciente comenzó a descender drásticamente. El cuerpo empezó a retener líquido, el paciente se sentía incapaz de mantenerse en pie y debió ser finalmente intubado. Las paredes ventriculares se hipertrofiaron y la cantidad de sangre otorgada por el corazón descendió. El tejido cardiaco se endureció y condujo a un fallo diastólico: el corazón es incapaz de relajarse adecuadamente entre latido y latido por lo que es incapaz de bombear la cantidad necesaria de sangre o debe emplear una presión mayor para hacerlo.

El proceso es similar al que ocurre centenares de veces cuando un ser humano sufre una insuficiencia cardiaca. Pero en este caso, el informe revela detalles más sorprendentes. Por ejemplo, los análisis de sangre desvelaron la presencia de ADN porcino en el torrente sanguíneo lo que indicaba que se estaba produciendo un daño tisular. Además, se hallaron algunos anticuerpos específicos contra células porcinas. Es decir, dos meses después del trasplante, el organismo de Bennet estaba reaccionando para rechazar el órgano exógeno.

La última prueba realizada en vida (pocos días antes de la muerte) arrojó que el 40% de las células del músculo cardiaco habían muerto sin que pudiera conocerse la causa (no existían muestras evidentes de rechazo, de hecho, ni siquiera se encotraron tras la autopsia realizada al cadáver). 60 días después del trasplante, ante el avance irreparable de la muerte celular, los doctores hablaron con la familia del paciente y llegaron al acuerdo de desconectar a David de las máquinas de soporte vital.

Informe postmortem

Tras la muerte, el estudio forense de corazón trasplantado arrojó algunas sorpresas. El peso del órgano se había duplicado. Había una significante mortalidad de células cardiacas localizada en algunas partes del corazón, pero no generalizada. No se encontró ninguno de los signos que suelen evidenciar en una autopsia que se ha producido rechazo.

Se hallaron huellas genéticas elevadas de citomegalovirus porcino, el virus que teóricamente no debía aparecer tras la manipulación genética del cerdo donante. Aunque no está claro si se trataba de virus realmente porcino o de una versión humana del mismo microorganismo y que suele estar asociado con ciertos problemas en trasplantes entre seres humanos también.

El informe forense no puede describir una causa real del fracaso orgánico. No está claro qué le ocurrió al corazón porcino de Bennet y tampoco se puede asegurar si existió algún tipo de infección cruzada entre animal y humano. Otro elemento de incertidumbre es que no ha sido posible definir hasta qué punto el uso continuado de medicamentos desarrollados específicamente con anticuerpos contra las células porcinas pudo ser más perjudicial que beneficioso.

David Bennet era un paciente desahuciado cuya única alternativa para sobrevivir (una vez se había descartado cualquier otra terapia posible) fue someterse a este experimento. Tanto él como sus doctores conocían que las posibilidades de vivir mucho tiempo con un corazón de cerdo eran reducidas. Aún así se prestó a la operación para que pudiera servir de aprendizaje en xenotrasplantes futuros. Los autores del informe aseguran que su fallecimiento no ha sido en vano y que el aprendizaje obtenido ha supuesto un gran paso adelante. Pero lo cierto es que todavía nadie puede decir, realmente, qué es lo que salió mal.