“El fuego no es el problema; de hecho, es parte de la solución”

El abandono rural y la falta de uso del terreno son un polvorín en los graves incendios que asolan España cada año

Carlos Navarro, piloto e instructor de lucha contra y Gonzalo de Santisteban, director de departamento de drones de European Flyers, en el centro de formación de vuelo
Carlos Navarro, piloto e instructor de lucha contra y Gonzalo de Santisteban, director de departamento de drones de European Flyers, en el centro de formación de vuelo FOTO: La Razón

Cada verano, el fuego arrasa miles de hectáreas en España. Las estadísticas confirman que este ha sido el peor de los últimos 10 años, con un total de 224.272 hectáreas quemadas en 336 incendios forestales entre el 1 de enero y el 31 de julio, superando ya al 2012, cuando la cifra se elevó a 189.000.

Estos son los datos que ha dado el Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales (EFFIS), y que están muy alejados de las que admite el Gobierno a través del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) que, del 1 de enero al 17 de julio, asegura que han ardido en España 78.759 hectáreas. La gran diferencia se debe a que el Miteco ofrece cifras de los incendios solo cuando se dan por extinguidos, mientras que las estadísticas del EFFIS son diarias y por vía satélite.

Ninguna comunidad autónoma se ha librado de las llamas, con macroincendios como el de la Sierra de la Culebra, en Zamora, o el de Humanes, en Guadalajara encabezando la lista de los más devastadores.

En este último, un piloto de helicóptero sufrió un grave accidente que estuvo a punto de costarle la vida. Carlos Navarro, de 40 años, piloto e instructor de lucha contra incendios y rescate en la zona de Alicante y Murcia sabe bien lo que es enfrentarse a las llamas, y lo que significa perder a compañeros en el camino. «Lo viví en primera persona en 2005, en el incendio de Riba de Saelices, en Guadalajara, en el que murieron 11 compañeros del retén. Eso fue una tragedia que, gracias a Dios, no se ha vuelto a repetir, en parte gracias a la mayor especialización, dotación de recursos y medidas de seguridad», señala.

En aquella ocasión, el fuego se propagó con una intensidad fuera de lo común porque era una zona de pinares abandonada y sin tratar, ya que llevaba años sin resinarse. «El problema principal que existía entonces es el mismo al que nos enfrentamos ahora: el abandono del medio rural. La disminución de la agricultura, del pastoreo y de la recolección de madera, y la falta de gestión en plantaciones forestales, generan paisajes más continuos y homogéneos donde el fuego se propaga fácilmente. Por ello, y aunque los profesionales cada vez nos hemos ido especializando más y somos muy eficaces ante los conatos de fuego, la intensidad de los incendios actuales solo nos permite ir por detrás, minimizando los daños», explica.

Carlos siempre ha trabajado en el ámbito de los incendios forestales. Empezó en unidades de tierra y después pasó a las brigadas heli-transportadas. «Progresivamente fui especializandome. En 2014, inicié la licencia como piloto de helicóptero en European Flyers y desde ahí, empecé a trabajar en la cabina. Este bagaje me ha facilitado especialización en tripulaciones de vuelos. También he trabajado como instructor del operativo de lucha contra incendios en varias compañías. Las funciones más importantes de un piloto de helicóptero en emergencias son las de transporte de personal especialista, lanzamiento de agua, coordinación y observación y patrullaje».

Aprovecha para animar a los jóvenes interesados en la profesión especializarse en servicios de emergencia, donde hay una especial carencia. «Tenemos un problema muy grave: los pilotos de los años 80 y 90, que venían del ejercito, se están jubilando. No hay relevo generacional, y la temporalidad de la profesión hace que resulte menos atractiva que la de piloto comercial. Las administraciones públicas deberían apoyarnos con contratos más estables, de más meses, para que la profesión resulte atractiva como salida profesional», destaca.

La paradoja de la extinción

Por otro lado, el piloto considera que hay que hacer mucha divulgación sobre los incendios forestales, porque hay muchos falsos mitos y creencias que parten del desconocimiento. «Hay mucha desinformación alrededor de las causas de los incendios. El 15% de los ellos son provocados y el 20%, empiezan por causas naturales. El resto son negligencias o accidentes. El porcentaje de intencionalidad es muchísimo más bajo que el de negligencia».

Carlos apoya la teoría de la paradoja de la extinción, que defiende el papel fundamental de las llamas como fuerza regeneradora de la naturaleza. En ella, se explica que los incendios (controlados) sirven para evitar males mayores, ya que, de algún modo, «inmunizan» los montes y las masas forestales frente a los macro-incendios devastadores. «El fuego no solo no es el problema, sino que es parte de la solución. Es un elemento más del ecosistema, y centrarse solo en las tareas de extinción no es otra cosa que tratar de poner una tirita en una herida enorme. Lo explica muy bien Marc Castellnou, inspector jefe del cuerpo de Bomberos de la Generalitat de Cataluña y uno de los mayores expertos en incendios forestales a nivel nacional e internacional. Él dice que las sociedades urbanas pretenden conservar sus bosques intactos, tal y como están, pero sin entenderlos ni comprender el papel del fuego. También que, aunque los sistemas de extinción necesitan recursos y siempre van a hacer falta bomberos y helicópteros, no tiene sentido seguir pidiendo más y más medios cuando sabemos que hay incendios que no vamos a poder apagar porque son demasiado intensos. Lo que necesitamos no son más medios, sino paisajes que nos permitan apagar esos incendios», explica.

Drones, «ojos» en la noche

Las nuevas tecnologías también definirán el futuro de los incendios. En los últimos cinco años, los drones han adquirido un papel esencial en las tareas de extinción: la vigilancia nocturna de los incendios. Cuando los helicópteros y los equipos de tierra se retiran, estos «guardabosques» dirigidos por control remoto se encargan de configurar un mapa termográfico georeferenciado que permite saber por donde avanza el fuego milimétricamente. Detrás de algunos de ellos está Gonzalo de Santisteban, director del departamento de drones en el centro de formación de vuelo European Flyers. «Los drones son los ‘ojos’ del director del operativo de extinción por la noche. Son de gran utilidad para tomar mejores decisiones en los primeros momentos, lo que puede contribuir a que un fuego incipiente no evolucione hacia un gran incendio», destaca. «Gracias a ellos, los servicios de emergencias pueden saber qué operativo enviar, por dónde atacar el fuego y, así, se minimizará el riesgo de pérdida de vidas humanas», añade.

Aunque en la actualidad los drones no se usan en el momento concreto de la extinción, Gonzalo confía en que serán de gran utilidad en un futuro no muy lejano. «Cuando avance la legislación (y la tecnología– aunque esta siempre va por delante de la legislación) habrá carruseles de drones que apaguen incendio. Repostarán en los pantanos ininterrumpidamente, y volverán para echar el agua. Esto permitirá tener un riego incesante de drones», augura.