Cándido Ibar: “Pablo me ha dicho que su vida se ha acabado”

Tras años dedicado en cuerpo y alma a demostrar la inocencia de su hijo, Cándido Ibar se muestra abatido tras el nuevo veredicto de culpabilidad: “No me lo esperaba, este sitio está podrido”

Cándido Ibar, reacciona luego de escuchar el veredicto contra Pablo. EFE/ Giorgio Viera
Cándido Ibar, reacciona luego de escuchar el veredicto contra Pablo. EFE/ Giorgio Viera

“Guilty”. La palabra seguía martilleando la cabeza de Cándido Ibar un día después del veredicto. Su hijo Pablo ha sido declarado culpable, una vez más, de un triple asesinato ocurrido en Miramar (Florida) en 1994 y él no encuentra explicación. “No se entiende, esta vez no, hemos demostrado que todo ha sido manipulado”, ha declarado a LA RAZÓN en una entrevista telefónica. Cándido Ibar aguarda la llamada de Pablo. “Ayer se cortó. Habló un momento con su mujer y conmigo. Su voz era la de la desesperación. Nos dijo que su vida se había acabado”, dice este pelotari vasco que lleva 24 años dedicado en cuerpo y alma a demostrar la inocencia de su hijo. En los pocos minutos que duró la conversación, a Pablo solo le dio tiempo a trasladar a sus familiares que le iban a poner solo en un cuarto. Después de escuchar con su temple habitual el varapalo, “encima de todo, el sargentó le preguntó que si se encontraba bien, que si tenía pensado suicidarse”. “El chico es fuerte pero lo que le ha tocado vivir..., en fin”. El abatimiento de su voz traspasa la línea telefónica. El esfuerzo de la familia Ibar para devolver a Pablo la libertad ha caído en saco roto y no saben de dónde sacar fuerzas para seguir con el proceso.

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Agotado, apático, Cándido atendía nuestra llamada al volante. Este cuarto juicio era la oportunidad que llevaban tantos años esperando: “Yo, que he intentado ser justo siempre, hubiera podido medio aceptar un juicio nulo, pero esto no...”. Él , que ha estado presente en las sesiones previas, ha sido testigo de todas las irregularidades que rodean al caso de su hijo. Se refiere al experto en reconocimiento facial, “un hombre que lleva 35 años en la profesión” y que no pudo determinar que es Pablo el que aparece en el famoso video. También a las pruebas de ADN en la camiseta, “que la mujer encargada del análisis encontró en un paquete abierto” y que “ fuimos nosotros -la defensa- quién mandó examinar”. “Hay que ser estúpido para hacerlo si pensáramos que mi hijo pudo tener algo que ver con ese crimen”, apostilla. Y, por último, “a los manejos del juez”, Dennis Bailey.

Cándido se preguntá la razón oculta por la que no permitió que en el juicio se mencionase siquiera a Seth Peñalver, el otro sospechoso de los crímenes de Miramar y que fue absuelto en 2016 por falta de pruebas. Ni tampoco la declaración de varios testigos, entre ellos la de un tal James, amigo de la juventud de su hijo. “Le fueron a buscar para que reconociera a Pablo en el video y él dijo que no podía, que estaba muy borroso. Después de aquello le llevaron a la casa donde sucedieron los asesinatos y le advirtieron de que se trataba de un asunto de la mafía para mantenerle callado”, apunta.

Aunque no duda en contestar a todas y cada una de las preguntas que se le plantean, es consciente de que no puede hablar más de la cuenta. Pero para este padre todo está muy claro: “Este sitio está podrido, aquí no hemos ganado ni una sola moción de las veintitantas que hemos presentado. Algo ha tenido que pasar para que, después de todo, el veredicto sea culpable. Es seguro, es evidente”. ¿Sobornos?, se le pregunta. “No lo puedo decir, pero algo ha pasado”.