La esperanza frustrada (aún) de borrar una enfermedad

Los últimos estudios apuntan a que la terapia del «corta y pega» genético no sería aplicable a la mayoría de los humanos.

Una de las técnicas más prometedoras para el futuro de la medicina, una de las esperanzas que la comunidad científica aventaba con más intensidad para curar enfermedades hoy incurables puede estar a punto de quedarse en una promesa difícil de cumplir. La tecnología de edición genética CRISPR podría no ser aplicable a seres humanos, al menos a la mayoría de ellos.

CRISPR Cas9 se ha convertido en una conjunción de siglas y palabras casi mágica. El sistema de edición de genes basado en la enzima Cas9 se ha mostrado como una herramienta potente para modificar de manera específica secuencias de ADN dentro de una célula. La citada enzima forma parte del sistema de defensa de algunas bacterias para identificar el ADN extraño (por ejemplo de macrófagos que las atacan) y camuflarse. Esta habilidad de Cas9 puede utilizarse para identificar segmentos concretos de ADN y producir en ellos una rotura (un corte). Por ejemplo, eliminar una porción de información genética incorrecta que sabemos que va a producir una enfermedad. Cas9 es la tijera pera eliminar las letras dañadas del texto en el que están escritos los genes.

Desde hace años, se investiga con gran alborozo sobre las posibles aplicaciones terapéuticas de esta técnica. Enfermedades como el cáncer o la diabetes, anomalías congénitas intratables, enfermedades raras... han resultado objetivos realistas de esta tecnología CRISPR Cas9 en ensayos... con ratones.

¿Pero sería igual de eficaz con seres humanos? De momento se han realizado pruebas con embriones viables y se ha iniciado un set de ensayos clínicos con humanos que deberían dar sus primeros resultados en este 2018. Pero en este entorno esperanzador, un artículo publicado el día de Reyes en la web de comunicación científica BioRxiv por un equipo de científicos de la Universidad de Stanford ha arrojado un jarro de agua fría a tanta expectativa. CRISPR podría resultar inútil para la mayoría de los seres humanos. ¿Por qué?

Para utilizar esta terapia hace falta crear análogos de la enzima Cas9 (igual que los diabéticos se tratan con análogos de insulina). La mayoría de estos análogos derivan de la enzimas propias de bacterias del tipo «Staphylococcus aereus» y «Streptococcus pyogenes». Estas dos bacterias infectan también al ser humano y por ese motivo, desde hace años, se ha especulado con la posibilidad de que nuestro cuerpo pueda generar una reacción inmune a la presencia de Cas9, una acción natural de defensa ante una enzima atacante. De hecho, el temor a esta respuesta es una de las mayores pegas que se le ha puesto a la técnica CRISPR desde el principio. En esencia, esta respuesta inmune (como la fiebre ante un virus o una alergia al polen) podría tener dos efectos: comprometer la salud del paciente o convertir la terapia en inútil. En el segundo caso, una primera aplicación generaría una respuesta en el cuerpo que respondería inutilizando la enzima la siguiente vez que se aplicara. CRISPR sería una terapia de un solo uso.

Para calibrar esta posibilidad, los científicos pueden indagar si nuestro cuerpo genera anticuerpos capaces de reaccionar contra Cas9. Y eso es lo que ha hecho el equipo de Stanford. Se han utilizado muestras de sangre de 22 recién nacidos y 12 adultos para analizar cuán protegidos estamos los humanos ante esta enzima. En el 79 por ciento de los casos se han hallado anticuerpos contra la versión derivada de «Staphylococcus aereus» y en un 65 por ciento contra la derivada de «Streptococcus pyogenes». Es decir, el organismo de esas personas está preadaptado para evitar que Cas9 penetre con eficacia en las células. En otras palabras, para entre el 65 y el 79 por ciento de los individuos estudiados CRISPR Cas9 sería una terapia inútil.

Los resultados de esta investigación son suficientemente importantes como para tomarlos en serio y, al mismo tiempo, mostrar cautela. Es evidente que el número de muestras estudiadas es todavía muy pequeño y el artículo está pendiente de ser revisado y confirmado. Pero no deja de ser un pequeño contratiempo en la prometedora carrera de CRISPR. Como es lógico, hay miles de bacterias en las que podrían encontrarse enzimas que no generaran respuesta inmune comprometedora en el ser humano. Pero las fuentes actuales de Cas9 están muy contrastadas por la experimentación en ratones y el uso de alternativas supondría volver a empezar en muchos de esos estudios. Si se demuestra que nuestro sistema inmune es reactivo a esta terapia solo cabrían dos respuestas posibles: aplicarla solo al porcentaje de personas que no tuviera anticuerpos contra esas moléculas o aplicar la terapia junto a medicamentos inmunodepresores como se hace en el caso de los trasplantes. En ambos casos estaríamos ante dos graves obstáculos para el desarrollo de la que ha sido la terapia más prometedora de los últimos tiempos.