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Cirugía para niños obesos: 15 reducen su estómago cada año

El número de menores con exceso de peso alarma a los expertos. En los últimos 25 años, el peso medio de los chicos adolescentes se ha incrementado en 10 kilos, y el de ellas en cinco

El número de menores con exceso de peso alarma a los expertos. En los últimos 25 años, el peso medio de los chicos adolescentes se ha incrementado en 10 kilos, y el de ellas en cinco

«Señora, su nieto no está fuerte, tiene un problema de obesidad». Estas son las palabras que Nuria Leal, cirujana pediátrica de la Unidad de Obesidad Infantil del Hospital Universitario La Paz, les tiene que decir a algunas abuelas que creen que el menor simplemente «está gordito», pero es algo más, es un serio problema de salud.

En España, uno de cada cuatro niños de entre 2 y 17 años tiene sobrepeso y el 15 por ciento es obeso, cifras que han aumentado de manera «alarmante» en los últimos veinticinco años y que ha llevado a los expertos a recomendar, en algunos casos, intervenciones quirúrgicas a edades tempranas, como afirmaron ayer varios médicos en la presentación de un estudio pionero sobre obesidad infantil elaborado por la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad y de las enfermedades metabólicas (SECO). La doctora Leal trabaja en la única unidad que existe en nuestro país que trata este tipo de problemáticas y reconoce que, cuando se puso en marcha en 2011, como mucho, «operábamos a un adolescente al año y se consideraba una excepción, ahora tratamos entre 10 y 15 casos».

Existen varios factores que han contribuido al aumento del número de niños obesos que, en consecuencia han tenido que pasar por quirófano para evitar que las enfermedades que muchos de ellos ya empiezan a padecer, no vayan a más. Ramón Vilallonga, presidente de la Fundación SECO y especialista en Cirugía General y Digestiva apunta a varios factores: «El cambio en nuestro estilo de vida, el sedentarismo, no seguir las recomendaciones de los pediatras y no aplicar bien la dieta mediterránea explican cómo hemos llegado hasta esta situación». Y es que en el registro no oficial de cirugía de la obesidad que llevan desde la SECO se muestra cómo de las 6.000 operaciones de cirugía de la obesidad que se hacen cada año, entre 10 y 15 se practican a menores con un problema severo de obesidad. «Jamás pensamos que este tipo de intervenciones se iban a realizar en niños», añade. «Hace diez o quince años era impensable operar a niños obesos, pero hoy son una realidad que les da calidad de vida y que demuestran ser verdaderamente eficaces», sostiene Leal.

Como indica el estudio, en los últimos 25 años, el peso medio de los chicos adolescentes se ha incrementado en 10 kilos, y el de ellas en 5. Por eso, hoy muchos menores cumplen con los criterios de selección para este tipo de operaciones, aún siendo muy extrictos. «Deben haber pasado años o muchos meses en un proceso de adelgazamiento, con un seguimiento de control de peso, y que sus médicos –incluyendo psicólogos y pediatras– hayan determinado que la mejor solución es la intervención», explica Vilallonga. Se llega a esta decisión si «se determina que las alteraciones psicológicas y médicas que se manifiestan durante la infancia repercutirán en el adulto», añade el especialista en Pediatría y Endocrinología, Metabolismo y Nutrición, Diego Yeste, coautor del estudio.

Yeste destacó que en el niño obeso están descritas las mismas comorbilidades que en el adulto, entre ellas la diabetes tipo 2 o apneas del sueño, pero ha subrayado que las que más impactan en la infancia son las que inciden sobre el desarrollo psicomotor y afectivo. Son estos trastornos sociales los que llevan a muchos niños a decir sí a la operación. «Muchos de los niños que llegan a nuestra consulta no son capaces de levantar la mirada. Viven avergonzados porque no se gustan. Y, en muchos casos, pueden sufrir estrés y ansiedad», describe la cirujana de La Paz. Además, estos niños suelen ser, también la diana de los insultos de otros niños en clase. Suelen sufrir acoso escolar, «porque es muy fácil meterse con su aspecto físico», añade.

Sobre el papel no existe una edad «legal» que determine con cuántos años se pueden realizar estas operaciones bariátricas, pero «se suelen dar una vez el niño tiene cierta madurez psicológica y ya se ha desarrollado físicamente», explica el responsable del estudio. Pero «si existe una necesidad mayor se puede intervenir. Hay casos extremos de niños de 8 años que pueden requerir una intervención». Aunque lo normal es que pasen a la edad adulta, «conocemos el caso de un niño de Estados Unidos al que intervinieron con 2 años». Ésta es una excepción, como indica Leal: «Nosotros la chica más joven a la que hemos tratado tenía 15 años. Pesaba 120 kilos y, por su estatura, no debía superar los 41 kilos». Aunque los datos indican que las cirugías están siendo más habituales entre chicos, «a nuestro centro llegan más mujeres», sostiene la doctora.

En la actualidad son dos las intervenciones que se están realizando en los hospitales españoles y que, salvo en La Paz, realizan cirujanos de adultos. «Al principio se utilizaba mucho la técnica del balón gástrico porque siempre hemos preferido optar por cirugías más conservadoras. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que con este abordaje hemos fracasado», explica la cirujana. Ahora prefieren la gastroplastia vertical, por la que se reduce el tamaño del estómago y se acaba convirtiendo en un tubo. De acuerdo con Leal, «esta técnica está resultando ser más efectiva que el ‘‘bypass’’ gástrico», que crea un pequeño estómago que permite que el paciente se sienta lleno con porciones pequeñas de alimentos. «Las operaciones no suelen presentar complicaciones y a los tres días se van a casa», dice la experta. Después, poco a poco, van adaptándose a una dieta normal, aunque «siguiendo las restricciones que les marcan los endocrinos. Es muy importante que su estilo de vida cambie completamente. Deben incorporar una dieta sana y el deporte a su día a día. Yo siempre les digo que empiecen saliendo a caminar una hora al día». Algunos niños no pueden optar a esta operación porque los psicólogos «nos avisan de que no están preparados, de que tras la intervención no van a cambiar sus hábitos y, por eso, decidimos no hacerles la cirugía».

El niño que arrastra a su madre

El principal problema que perciben los médicos que tratan a los menores con obesidad es que se repite un patrón que viven en casa. «A la consulta nos llegan los niños con sus padres que también están obesos. Por eso es importante que el cambio de hábitos y de mentalidad se dé en el seno de las familias. Es más, en alguna ocasión cuando hemos decidido que el niño iba a ser intervenido, su madre nos ha pedido que a ella también se lo hiciéramos. Nosotros la derivamos a un especialista de adultos. Así, los dos entran en el cambio de chip», asegura la cirujana Nuria Leal, del Hospital Universitario La Paz. A la doctora le preocupa la situación actual de los menores porque «los hábitos que hemos incorporado no parece que vayan a cambiar. Operamos a muchos menos niños de los que deberíamos». Dentro de Europa, los países del sur son los que tienen un índice de obesidad infantil más elevado y donde «menos operaciones realizamos», añade.