«Gomorra», la serie que levanta ampollas en Italia

El éxito de audiencia respalda una ficción que no cuenta con el beneplácito de los políticos

El éxito de audiencia respalda una ficción que no cuenta con el beneplácito de los políticos.

Cuando una ficción es tan fronteriza con la realidad como «Gomorra» entra dentro del guión que provoque sarpullidos. Tras la publicación del libro, la mafia se la tiene jurada a su autor, Roberto Saviano. El estreno de la película basada en la obra provocó un salto cualitativo y cuantitativo en las amenazas y éstas se han multiplicado con la versión televisiva, que ha logrado el respaldo de la audiencia. El último en apuntarse a la lista de presuntos agraviados es Diego Armando Maradona. El ex futbolista y tantas cosas más ha lanzado toda su furia contra la serie y ha anunciado que pedirá a la Justicia italiana que paralice la emisión de «Gomorra», que emite el canal Sky Italia, además de pedir una indemnización de 10 millones de euros, no sin subrayar que la cuantía la destinará a obras de caridad. El enfado de «El Pelusa» viene provocado porque bautizaron a uno de sus protagonistas como «Maradona», algo que le ha sacado de quicio puesto que es un asesino. Y por ahí no pasa. Su rabieta significa un punto y seguido a las tribulaciones que ha padecido la serie. Es lo que tiene cuando los mafiosos que recrean ni son producto de la imaginación ni forman parte del pasado. Muchos arquearon las cejas ante la calidad del producto televisivo cuando supieron que detrás de la producción estaba Sky Italia. Pensaron que iba a desnaturalizarla amparándose en un interés bastardo, ya que su propietario, Rupert Murdoch, es íntimo amigo de Berlusconi, al que muchas veces se le ha acusado de tener relaciones más allá de la cortesía con distintos mafiosos. Esa presunción de culpabilidad se difuminó en cuanto se supo que Roberto Saviano avalaba el proyecto, ya que iba a supervisar los guiones, aunque se mantuvo a una prudencial distancia de las localizaciones del rodaje por seguridad. La autoridades tampoco le pusieron una alfombra roja al equipo de filmación en exteriores; todo lo contrario, sacaron las uñas inmediatamente. En enero del año pasado la máxima autoridad del barrio napolitano de Scampia, Angelo Pisani, se negó en rotundo a que se rodara «Gomorra» allí. ¿La razón? No quería que la barriada fuese estigmatizada una vez más como un vivero de aprendices de mafiosos, delincuentes de distinto calado y drogadictos. Saviano avivó la polémica al afirmar que Pisani estaba ejerciendo «un acto de censura diseñado para encubrir la incapacidad de los líderes políticos para resolver los problemas de la delincuencia organizada en la ciudad». El resultado fue previsible: se recreó Scampia en otra localización.

Ventas internacionales

Esta tarascada entre los políticos y los responsables de la serie tuvo un efecto «boomerang», ya que azuzó el interés de los espectadores por ver la serie. En el pasado MIPCOM de Cannes, la producción fue recibida como uno de los acontecimientos televisivos del año. Su primera temporada –de doce capítulos, de 90 minutos de duración– fue vendida a Reino Unido, Alemania, Francia, Holanda y a distintos países iberoamericanos, y se prevé que se estrene próximamente en España. El crítico de la prestigiosa publicación «The Hollywood Reporter» la calificó como «Los Sopranos italianos». Nada más lejos de la realidad si se tiene en cuenta la brutalidad y la sordidez que despliega «Gomorra», que además está basada en la realidad que se vive en Napoles. Mientras, los productores de «Los Soprano» remaron a favor de la corriente puesto que el retrato que se hace de Tony Soprano, sin dulcificar su historial televisivo, le humaniza, además de no estar inspirado en ninguno de los gánsteres todavía operativos en Nueva Jersey.

Los productores de «Gomorra» ya están curtidos. En 2008 ya estrenaron «Romance criminal», que narraba el ascenso y caída de la banda de la Magliana, que dominó el narcotráfico en Roma a finales de los 70. Lo excepcional es que con «Gomorra» nunca se había llegado tan lejos.

Antecedentes sospechosos

Para entender la denuncia de Maradona hay que leer entre líneas. Fichado por el Nápoles en 1984, no tardó en cometer múltiples imprudencias que fueron acalladas por los aplausos que recibía en el terreno de juego. Pero la bula se le acabó en 1991, año en que, además de dar positivo de cocaína, fue acusado de tener relaciones con los narcotraficantes y la mafia napolitana, que le proporcionaba droga diariamente. «Fui un pelele en sus manos», admitió años después.