Cuando ser familia no tiene fronteras

Miguel y Beatriz viven con sus cuatro hijos en Manchester, donde predican la palabra de Dios
Miguel y Beatriz viven con sus cuatro hijos en Manchester, donde predican la palabra de Dios

¿Cómo es posible que familias con varios hijos lo dejen todo y se vayan a evangelizar a cualquier país del mundo? A simple vista parece que la pregunta no admite respuesta, pero la realidad es bien distinta y hoy lo vamos a comprobar en la Plaza de Colón en Madrid. Más de cien familias del Camino Neocatecumenal pondrán hoy su misión a los pies de la Sagrada Familia de Nazaret durante la Misa de las Familias al tiempo que reciben una bendición especial del arzobispo de Madrid. Esa oración la escribió el beato Juan Pablo II en 1988 al enviar en Italia a las primeras familias en misión de esta iniciación cristiana que recorre y revitaliza las etapas del Bautismo. Desde entonces hay ya casi mil familias misioneras repartidas en 91 países y 52 misiones ad gentes a lugares donde la presencia de la Iglesia es nula. Las familias que acuden a este tipo de misión forman comunidades por las que los no creyentes se sienten atraídos al ver cómo se relacionan. Además, el Papa Francisco será el encargado el próximo 1 de febrero de enviar a 300 nuevas familias e inaugurar 40 nuevas missio ad gentes en el Aula Pablo VI.

La Razón ha hablado con tres de estas familias que son españolas y se encuentran ahora mismo de misión en diferentes países. Katy y Juanjo llevan casi dos años en la ciudad austriaca de Graz y decidieron dejarlo todo para acudir donde la Iglesia les enviase. "Tomamos esta decisión como agradecimiento a Dios por todo lo que ha hecho por nosotros y porque queremos decirle a la gente lo que nosotros vivimos cada día: que Cristo ama a cada hombre", explica Juanjo, quien ha tenido que dejar de lado al menos por un tiempo su afición casi profesional a los bolos y las competiciones en las que participaba. "Nunca pensamos dejar el trabajo, la familia, los amigos pero después de este tiempo vemos que es una gracia de Dios para nosotros estar aquí, es un verdadero milagro", coinciden Katy y Juanjo que no ocultan las dificultades que tienen con el idioma y para ellos "es una cruz que hace que aprendamos a ser humildes y a ocupar el último puesto". Sin embargo, "Dios nos ha dado una casa, un trabajo y nunca nos ha faltado de nada". Ahora, después de perder a su hija Anna pocos minutos después de nacer, esperan entusiasmados un nuevo hijo.

Hasta Luanda, capital de Angola, en África, se fueron Jesús y Noemí. Él es ingeniero y ella arquitecta y pertenecen a una comunidad neocatecumenal de la céntrica parroquia Santa Joaquina de Vedruna, en Barcelona. Hace ocho años que se casaron, con el deseo de formar una familia con varios hijos, pero después de varios años los hijos no llegaban. "Dios se manifestó con mucha misericordia delante de este acontecimiento para que pudiéramos descubrir que nuestra verdadera esterilidad estaba en nuestro corazón, incapaz de donarse", cuenta Jesús. No fue fácil aceptar la situación, y ellos mismos lo explican: "los dos primeros años fueron especialmente duros por no aceptar esta cruz, hasta que fuimos a un Santuario de la Virgen y le pedimos que nos concediera ser felices aceptando la voluntad de Dios, fuera la que fuera". "Desde entonces nuestra vida cambió por completo y la amargura se volvió alegría", lo que influyó para que poco después, en el encuentro de jóvenes con el Papa Benedicto XVI en Sidney, Dios suscitara en ellos "el deseo de ofrecer nuestra vida a Dios y a la evangelización"porque "vimos cómo Dios nos llamaba a otro tipo de paternidad". En una convivencia en 2012 les tocó partir en misión a esta ciudad, donde ya están experimentando "un encuentro fuerte con Dios", relatan Jesús y Noemí. Su misión, entre otras cosas, consiste en ayudar en la construcción de un seminario misionero para la formación de nuevos sacerdotes, y de centros parroquiales "en los que jóvenes y adultos puedan sentirse amados a través de la belleza y de la palabra de Dios, y puedan encontrar sentido a su historia y descubrir el plan de salvación que Dios tiene sobre ellos". Sin embargo, no es fácil dada la complicada historia del país. "Angola es una nación totalmente destruida por la guerra, y desde que acabó, hace 10 años, el país lucha por reconstruir sus infraestructuras, cuando lo que realmente está destruido es el corazón de las personas. Tienen heridas muy fuertes por culpa de la promiscuidad, la violencia, el alcoholismo, etc.", dice Jesús. Además, "es una sociedad donde gobierna el amor al dinero y el materialismo, por lo que vivir la fe en una comunidad, donde los hermanos se hablan en la verdad, está salvando la vida de las personas", apunta Noemí. Hace unos meses tuvieron un regalo inesperado: Noemí espera su primer hijo que nacerá a finales de marzo.

Cuando Miguel y Beatriz escucharon en la misma convivencia que la ciudad en la que recalaría su misión era Manchester, en Inglaterra, pensaron que al estar "cerca"de casa sería fácil. Sin embargo, desde que están allí no paran un momento. La familia de estos vallisoletanos está formada por cuatro hijos y otros siete que han perdido por diferentes circunstancias. Esto "nos ha llevado a grandes sufrimientos"pero también "frente a estos acontecimientos de dolor hemos comprobado el amor de Dios en nuestra vida, cómo nos ha sostenido y ayudado, como ha fortalecido nuestra fe", cuentan Miguel y Beatriz. Después de todo "hemos sentido que lo mejor que podíamos hacer es ofrecer nuestra vida a la Iglesia para ayudar evangelizando". Viven en el barrio de Wythenshawe, una zona que "está moralmente destruida y alejada de Dios, donde los valores familiares se están perdiendo, hay mucha dependencia del alcohol, muchísimas madres solteras muy jóvenes y adolescentes extremadamente violentos que sufren las consecuencias de familias totalmente desestructuradas". Al llegar, comenzaron a buscar trabajo, pero fue frustrante porque "todas las agencias se negaban a alquilar una casa a una familia extranjera y sin trabajo". Ante esta situación "el Señor nos llamaba a abandonarnos a Él, a renunciar a nuestras comodidades, a nuestros afectos y a dar la vida por la misión.". Al final se obró el milagro y consiguieron una casa y un trabajo para Miguel. "Los primeros meses fueron muy duros, el idioma suponía una gran barrera para cualquier cosa, hasta para lo más sencillo, como la compra diaria, los deberes de los niños, subir al autobús... todo era complicado"pero "somos felices"y "la gente se pregunta porqué hemos dejado un país tan bonito como España para acabar aquí". Beatriz también ha perdido el niño que esperaba, pero "seguimos viendo cada día en las pequeñas cosas, como el Señor está ahí, de nuestro lado".