El Ciemat ha invertido más de medio millón de euros en Palomares en siete años

Imagen de archivo de técnicos de EEUU y del Ciemat en Palomares

Desde 2009, la supervisión continua de la población y del medio ambiente de la zona de Palomares, en Almería, corre a cargo del Ciemat.

Anteriormente, este organismo científico de referencia en investigación en protección radiológica venía efectuando la supervisión por el acuerdo de España y EE UU firmado en 1966. Pero hace siete años concluyó, y desde entonces, las labores que se llevan a cabo en esta pedanía se realiza únicamente con recursos del organismo científico citado. “El Ciemat destina 75.000 euros al año en las diferentes pruebas y cometidos que realizamos en Palomares”, explica Yolanda Benito, directora del departamento de Medio Ambiente del Ciemat. Es decir, que desde 2009 han

invertido 525.000 euros. Unos recursos que entre otras cosas se destinan, además de tener un investigador del Ciemat allí, al control del estado de salud y la posible contaminación interna de unas 150 personas cada año. Como ya explicó a este periódico Maribel Alarcón, la alcaldesa de Palomares y concejala de Hacienda de Cuevas del Almanzora (término municipal al que pertenece esta pedanía), los chequeos médicos son voluntarios. Y por eso todos los años los vecinos que así lo decidan van a Madrid. Maribel ha ido en seis ocasiones y este año volverá a ir.

“La última vez que fui mis analíticas dieron resultado negativo, así que me emplazaron a que volviese dentro de tres años”. “Por mi parte y la población en general no va con miedo, vamos sin preocupación”. Los chequeos médicos se realizan durante dos épocas del año: octubre-noviembre y abril-mayo. “Siempre salimos los domingos en taxi y volvemos los martes”, explica.

Algo que los vecinos de Palomares llevan haciendo desde que en la mañana del 17 de enero de 1966, un avión militar estadounidense modelo B-52 colisionó con un avión cisterna en pleno vuelo. El incidente tuvo lugar mientras el avión realizaba una maniobra de repostaje. De las cuatro bombas que llevaba el bombardero, dos se detonaron al impactar contra el suelo, dispensando parte del material radiactivo que contenían. Ahora bien, como explica el investigador del CSIC, Eduardo Rodríguez-Farré, “los análisis se realizan a los que siguen viviendo en Palomares no a todos los que migraron a Barcelona, por ejemplo”.