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La adopción abierta, antes de final de año

El caso de Piedad en 2007, en Tenerife, dio pie a la modificación de la Ley del Menor con el objetivo de desjudicializar los acogimientos
El caso de Piedad en 2007, en Tenerife, dio pie a la modificación de la Ley del Menor con el objetivo de desjudicializar los acogimientos

La reforma de la Ley del Menor que regulará en España la adopción abierta estará lista antes de que acabe el año, según ha podido saber LA RAZÓN. España se igualaría así a otros países como Reino Unido o Estados Unidos, que ya incluyen este tipo de adopción en su legislación desde 2005 y 2009 respectivamente. El Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad busca con el anteproyecto de ley evitar que los procesos de acogimiento estén judicializados. Este cambio legislativo serviría para acabar con las «guerras» judiciales en materia de adopción, como sucedió en el caso de Piedad. Soledad Perera inició los trámites de adopción de Piedad, pero tras dos años en su hogar, su madre biológica solicitó su custodia y una jueza la arrebató de sus brazos. Este caso abrió la veda para hacer una reforma en materia de adopciones en nuestro país, ya que «a nivel judicial ha sido un fracaso estrepitoso motivado por una muy mala actuación del fiscal», señaló el portavoz de la Asociación Pro Derechos del Niño y la Niña (Prodeni), José Luis Calvo. «A Piedad no la protegió la fiscalia, que se la devolvió a la madre biológica pese a la incapacidad de ésta para hacerse cargo de ella». Además, «no quisieron profundizar en la situación de la niña». Las batallas en los juzgados por la custodia de niños en procesos de adopción no son una excepción, aunque no todos tienen un final como el de Piedad, que lleva seis años en un centro de acogida.

En 2009, una sentencia del Tribunal Supremo sentó doctrina en este sentido. Una menor se quedó junto a su familia de adopción pese que su madre solicitó la custodia al creerse capacitada para hacerse cargo de ella. «El Supremo creyó conveniente atender a las circunstancias personales que estaba viviendo la niña», sostiene Calvo, quien critica que no ocurrió lo mismo con Piedad. A pesar de su corta edad, los cambios han sido un «leit motiv» en la vida de esta menor. Con cuatro años llegó a casa de Soledad y a los seis volvió a un centro de acogida, hasta que la jueza la devolvió con su madre biológica. Tras ocho meses con su madre, ésta no se pudo hacer cargo de ella y volvió a ingresar en el centro. Desde entonces, allí sigue. Le quedan seis años para tener la mayoría de edad, y es en ese momento cuando tendrá que decidir su futuro, porque «ya es casi imposible que vuelva con Soledad por vía legal, ya que la Administración entiende que esa etapa ya está quemada y ahora la niña debe vivir otra situación». Otro caso similar es el del «niño del Royo». Su madre, enferma bipolar, lo dejó en un centro. Una familia de Soria lo acogió, pero tras una presunta recuperación, su madre biológica volvió a solicitar su custodia. Aunque, al igual que Piedad, regresó al poco tiempo a su centro de acogida.

El anteproyecto que prepara el Gobierno dará un mayor protagonismo a las familias preadoptivas, ya que «la Administración ha negado la comunicación a estas familias al no tener lazos afectivos», dijo Calvo. Así, se pretende que la preadopción tenga todas las garantías procesales que permitan que no haya marcha atrás en estos procedimientos. «En muchos casos se rompen los procesos y se llega nuevamente al punto cero», destacó. Para Soledad, la vía judicial se ha agotado, pero un dossier con 3.000 folios está camino del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

En contra; Javier Vilches (Psicólogo)

El menor es el que debe elegir

Lo primero que debería considerarse sería el interés del niño, aunque desgraciadamente esto raras veces ocurre. Desde este enfoque, siempre con la mirada del niño presente, el modelo de adopción abierta debería contener varios matices. La adopción no podría ser abierta desde un principio. La presencia de la familia biológica dificultaría en mayor medida el proceso de vinculación que se debe llevar a cabo entre el niño y la familia adoptiva, ya que sería un elemento de tensión, que podría provocar un conflicto de lealtades en el niño. Además, hay que tener en cuenta el proceso madurativo del niño, ya que es necesario a una edad mínima, que garantice una adecuada integración de las dos realidades familiares en la mente del niño para poder pasar a tener un contacto con la familia biológica. Esta edad puede variar en función del desarrollo y nivel de madurez del niño. A partir de los 18 años, siempre que el niño muestre interés, podrían darse encuentros entre la familia biológica y el niño que podrían ser de utilidad en la construcción de su identidad. Otro aspecto que puede influir en este proceso son las situaciones traumáticas que haya padecido el niño, y cómo haya sido comunicada la historia de sufrimiento. A mayor nivel de sufrimiento infantil y mayor gravedad de las situaciones traumáticas, más tarde debería de poder realizarse este proceso, ya que requerirá una mayor capacidad de elaboración por parte del niño. Un apoyo profesional cualificado también sería necesario, para evaluar la situación y construir espacios de encuentro, apoyo y contención para estos niños y sus familias adoptivas en sus encuentros con la familia biológica.

A favor; Javier Urra (Primer Defensor del Menor)

Una decisión acertada

El proceso de una adopción abierta es positivo. El hijo puede entender perfectamente que tiene dos padres y ahí no hay nada negativo. El único problema que se puede plantear es la inseguridad que se puede crear en los padres que han adoptado. Se puede dar el caso de que el menor quiera irse con su madre biológica. Además, se puede caer en la comparación. Lo importante será siempre que el lazo de amor se anude sin «interferencias». Aunque la idea de la adopción abierta que se está planteando el Gobierno es buena, no siempre va a ser factible. En España hay muy poco acogimiento familiar si nos comparamos con otros países, donde es tradición, pese a que sólo se rechaza al 3% de las familias que quieren adoptar. El acogimiento preadoptivo, por ejemplo, da muy buenos resultados y desemboca generalmente en una adopción. También es común la adopción internacional. Sin embargo, la nacional no se da con mucha frecuencia, ya que, afortunadamente, hay pocos niños en situación de desprotección en nuestro país. El sistema de adopción se entiende como un gesto de generosidad y recepción. Antes siempre se escuchaba: «Es sangre de mi sangre». Ahora se va mucho más allá, porque los hijos lo son de corazón. Según la declaración de los Derechos del Niño planteada por Naciones Unidas, todo hijo tiene derecho a conocer a sus padres biológicos cuando sea mayor de edad. En este sentido, una de las ventajas que presenta España en materia de adopción es que existe una gran multiculturalidad, nadie se plantea de dónde es el niño que adopta, no importa el país.