La búsqueda en La Majaloba, un trabajo inacabado

La Razón
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Después de la séptima versión de los hechos dada por Miguel Carcaño, en la que indicaba que el responsable de la muerte era su hermano Francisco Javier y que le ayudó a deshacerse del cuerpo, todas las esperanzas de la familia del Castillo se centraron en la búsqueda en la finca de La Majaloba, en La Rinconada. La búsqueda parecía maldita. Se retrasó un mes porque había que esperar a que el maiz estuviera en condiciones de ser recolectado. Después llegó un periodo de lluvias que lo retrasó aún mas. Cuando finalmente se procedió a buscar, llegaron más problemas. El georradar tenía problemas para detectar señales óseas debido a la gran cantidad de agua caída en la finca. A pesar de ello, el técnico de Cóndor georradar pudo analizar la zona durante varios días y marcó un total de 12 señales en las que podía haber restos ostológicos. Las prisas y la presión del juez, que criticó la labor policial, obligaron a hacer un rastreo incompleto. Sólo se pudo analizar un 20% del terreno. Cuando finalmente entraron las máquinas, se abrió un hilo de esperanza al encontrar una malla de obra de plástico. Falsa alarma. Después de varios días levantando terreno, sólo se descubrieron cuatro de los 12 puntos marcados tras las pruebas de termografía aérea y el uso del georradar. Luis Avial, técnico del georradar, ha dicho siempre que está convencido de que está en la zona y recomendó meter maquinaria pesada para levantar todo el terreno. Pero los investigadores decidieron que no lo harían y descartaron los ocho puntos que no se abrieron por que consideran que están alejados de la zona en la que Carcaño dijo que habían abandonado el cuerpo. Es la primera vez que algo así sucede: siempre que el georradar ha marcado algún lugar, se ha abierto. Esto afectó mucho a la familia, que sentía, una vez más, impotencia y dolor. No entienden por qué no se levanta toda la finca, pero mantienen la calma porque la Policía se ha comprometido a seguir buscando. Es la única esperanza que les queda. Tanto Antonio del Castillo como su suegro, José Antonio Casanueva, están a la espera de que los investigadores les digan que ya pueden actuar en la zona. Lo tienen todo previsto. Hay voluntarios que ya se han ofrecido para llevar sus excavadoras y ayudarles en la búsqueda. Los dueños de las fincas también colaborarían. Sevilla está con ellos y nunca podrán devolver todo el cariño que les han dado. Después de cinco años, siguen luchando por recuperar a su hija y darle sepultura. Sólo quieren poder ir a un sitio donde llorar su falta y, de momento, no pueden.