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La muerte silenciada

Diez personas se quitan la vida cada día en nuestro país, una tragedia que lleva el estigma del silencio adosado al dolor. No hablamos de ello, no lo contamos ni sabemos explicarlo. Una realidad que tiene que cambiar

  • Los números del suicidio
    Los números del suicidio

Tiempo de lectura 2 min.

13 de septiembre de 2019. 22:18h

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Macarena Gutiérrez 13/9/2019

El suicidio es uno de los últimos tabúes de nuestra sociedad hiperinformada e hiperconectada. Sigue en el armario. Cada año mata a unas 800.000 personas en todo el mundo y es la principal causa de fallecimiento no natural en España, el doble de mortífera que los accidentes de tráfico, once veces más que los homicidios y 72 que la violencia de género. Y, pese a estas apabullantes cifras, no lo vemos en casi ninguna campaña de prevención pública, lo escondemos en los medios de comunicación e incluso lo rodeamos de un aire de romanticismo maldito que solo contribuye a perpetuar un horror que sufre el que se va y todos los familiares que se quedan, a los que la psicología denomina «supervivientes». Esta semana se ha celebrado en nuestro país el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el primero que se celebra de manera oficial y que está llamado a dar la vuelta como un calcetín a nuestra forma, tan errada, de afrontarlo. Parece mentira que tengamos, a estas alturas, tantas creencias equivocadas. El suicidio no se «hereda» ni produce un efecto imitación por salir en las páginas de los periódicos o en la televisión. Tampoco lo perpetran exclusivamente los que padecen algún trastorno mental, aunque son la gran mayoría, ni hay que despreciar al que amenaza con quitarse la vida porque no es cierto que los suicidas no avisan.

Mucha de la estrategia recomendada por los psiquiatras y expertos pasa por hablar, hablar y hablar. Contar lo que nos pasa y escuchar lo que les ocurre a otros. El Teléfono de la Esperanza destaca que hemos de prestar atención porque, advierten, «nos puede pasar a cualquiera». Todos, por el hecho de estar aquí, somos extremadamente vulnerables. Una característica que incluye a todos los seres humanos sin excepción. ¿Qué señales de alerta conviene no dejar desatendidas? Cuando alguien cambia radicalmente de hábitos, advierte repetidamente de que «no puede más» o solo habla del pasado sin apenas levantarse de la cama. También hay que aceptar que muchas veces no estuvo en nuestra mano, que no pudimos hacer nada y aprender a vivir con ello.

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