«Lady Macbeth es adicta a la cámara»

La escritora vive con tres, y mientras pudo fue casa de acogida gatuna, por lo que opina que «nada justifica comprar un animal, salvo un capricho egoísta»

La escritora posa con Lady Macbeth, una de sus tres gatas
La escritora posa con Lady Macbeth, una de sus tres gatas

«Os presento a Ofelia, Rusia y Lady Macbeth –la que posa conmigo–. La primera apareció en el motor de un coche y la adopté; la segunda fue rescatada por Madrid Felina; a la última, la saqué de la perrera de Cantoblanco cuando era una cachorrita».

«Os presento a Ofelia, Rusia y Lady Macbeth –la que posa conmigo–. La primera apareció en el motor de un coche y la adopté; la segunda fue rescatada por Madrid Felina, recién nacida; a la última, la saqué de la perrera de Cantoblanco cuando era una cachorrita», relata la escritora, que durante años ha sido casa de acogida gatuna, «hasta que consideré que no podía dedicarme como querría. Pero estas gatitas siempre fueron mías y han convivido (a veces con celos) junto a otros compañeritos». Aunque estaba mentalizada de cuidar a animales hasta que tuvieran un hogar, «lo hacía como si fueran a quedarse para siempre, pero lo maravilloso es que no era así, aparecía alguien que les daba un hogar. Luego me quedaba mustia un tiempo, hasta que me mandaban los dueños fotos de lo bien que estaban en sus nuevas familias». Todo el mundo opina que sus gatos son especiales –dice la escritora–, «pero de las mías tengo pruebas. Lady Macbeth es una adicta a la cámara: si me hacen una entrevista tiene que salir, si hago un bodegón para recomendar un libro, posa... Necesita llamar mi atención y eso le salvó la vida. Cuando era pequeñita, en la perrera de Cantoblanco, estiró la patita a través de la jaula para darme un golpecito y atraer mi mirada. De otra manera no la hubiera visto. Ese gesto era tan conmovedor que decidí llevármela. De otra manera, la hubieran sacrificado. Desde entonces, siempre que estoy distraída me da con la patita para que le haga una carantoña y, claro, yo, o a quien sea que se lo hace, nos derretimos», resume concienciada de que «siempre, siempre, siempre hay que adoptar. Nada justifica comprar a un animal en estos momentos, salvo un capricho egoísta». En cuanto a si un cachorro se hace a un nuevo hogar igual que un gato mayor, Espido lo tiene muy claro: «Los gatos tienen un carácter muy especial, que no depende de su edad. Uno adulto amoroso estará deseando tener un humano, o varios, con los que relacionarse; uno más tímido necesitará algo de tiempo... Me rompe el corazón ver un gato anciano sin oportunidades de adopción. Mi primera gatita, Iona, era una siamesa mayor. Apareció en un patio, herida y perdida, y tan necesitada de afecto que cuando la adopté se oía su ronroneo por toda la casa. No solo era preciosa, es que daba tanto amor que nadie la ha olvidado. Se murió muy mayor, rodeada de cariño. Los cachorros son monos, pero a un gato adulto le salvas la vida», dice emocionada la mujer que no para de marcarse retos. «El año pasado conmemoré mis 20 años como escritora con un perfume, Flora, acompañado con un relato. En éste me voy a un viaje con lectores a Kenia para seguir los pasos de Karen Blixen... y me encantaría escribir algo con temática felina. ¿Quién sabe?».