Los investigadores del caso Asunta buscan al cómplice de Basterra

La Guardia Civil encontró ayer el ordenador y el móvil del padre a simple vista en su casa

Alfonso Basterra (i), el padre de la niña Asunta Basterra Porto, hallada muerta en una pista cercana a Santiago de Compostela el pasado septiembre, a su salida hoy de su domicilio
Alfonso Basterra (i), el padre de la niña Asunta Basterra Porto, hallada muerta en una pista cercana a Santiago de Compostela el pasado septiembre, a su salida hoy de su domicilio

Enojo, rabia y estupefacción sintieron el juez Vázquez Taín y los agentes que lo acompañaron durante el nuevo registro a la casa de Alfonso Basterra. Allí, perfectamente visible, estaba el ordenador del padre de Asunta. Ese cuyo paradero inquietaba tanto al magistrado instructor. Así lo dejó ver en un auto fechado el 19 de noviembre: «Cierto que todavía quedan una serie de elementos de la instrucción que justificarían mantener el secreto, cuales son la desaparición del ordenador de Alfonso Basterra y su segundo terminal móvil, que por razones que se escapan a esta instrucción ha ocultado».

Un mes y una semana después, concretamente el pasado jueves, el juez recibió esta sorprendente comunicación por parte de Belén Hospido, abogada de Alfonso: «Que por medio del presente escrito, pone en conocimiento del juzgado la intención de mi mandante de resolver el contrato de arrendamiento de la que hasta la fecha ha sido su vivienda (...). Lo que comunica por si el instructor considerara oportuno practicar alguna diligencia en el domicilio, antes de la entrega de su posesión al arrendador, y su eventual ocupación por nuevos inquilinos. Esta parte comunica que en dicho domicilio tenía el Sr. Basterra Chamorro su ordenador portátil y su anterior teléfono, los cuales tienen que continuar en su interior, al no haber sido retirados por él antes de su detención y no constarle a esta parte que nadie haya accedido al interior de la vivienda desde el 27/08/2013. Lo que pone en conocimiento del juzgado por si ...».

Y al juez le interesó. Al filo de las diez y media de la mañana de ayer acudió junto a Alfonso Basterra al domicilio de este último. Nada más abrir la puerta lo vieron. No hubo ni que buscar. Junto al radiador del salón estaba el ordenador, casi había que esquivarlo para no chocar con los pies. El móvil guardado en un cajón.

Los agentes recogieron los efectos y a partir de ahora seguirán dos vías. La primera, analizar el contenido de los dispositivos para averiguar si algo ha sido borrado. La segunda, buscar y detener a la persona que los colocó allí, porque los investigadores, muy enojados, niegan tamaña ineptitud y están «realmente mosqueados. Dicen que a ellos no se les pasó por alto, que registraron todo concienzudamente. Quieren saber quién es el cómplice de Basterra en la calle, aunque tienen sus sospechas ya», comentan fuentes judiciales.

Mientras, la instrucción camina lenta. En otro auto de comienzos de diciembre, Vázquez Taín enumera varios indicios contra Rosario Porto. El más novedoso avanzado por «Espejo Público» dice así: «Que el día del fallecimiento de la menor, los resultados de los análisis de toxicología indican con rango de presunción fundada, que la imputada Rosario Porto estaba presente en el momento en que se anuló la voluntad de la menor con altas dosis de Lorazepam. Incluso la presencia de dicha sustancia en la parte inferior de su vestido indicaría su participación activa en los hechos». Es decir, que se analizó la prenda que llevaba el día de la muerte de su hija y allí se encontraron restos de Orfidal. ¿Son de ese día? ¿De alguna otra vez ocasión? Todo está por ver.

Las maestras, ante la Guardia Civil

Dos profesoras de música más declararon la pasada semana ante la Guardia Civil en Santiago que en el pasado mes de julio vieron sedada en clase a Asunta, informa «La Voz de Galicia». Los investigadores pudieron escuchar cómo contaban que la niña llegaba como drogada a clase, con apariencia de cansancio y que incluso en una ocasión la tuvieron que acostar en una cama. La menor les contó que su madre le administraba muchas pastillas y que temía por su vida. «Mi madre me quiere matar», dijo la pequeña a sus profesoras.