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El padre que ganó a «Gnosis»

Patricia Aguilar había sido captada por la secta Gnosis de Félix Steven Manrique cuando era menor de edad y viajó a Perú desde Elche al cumplir los 18 años

  • Patricia Aguilar, de 18 años, con su bebé en la finca de Perú donde ha vivido. / Foto: Efe
    Patricia Aguilar, de 18 años, con su bebé en la finca de Perú donde ha vivido. / Foto: Efe

Tiempo de lectura 5 min.

06 de julio de 2018. 21:43h

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L. L. Álvarez/O. González .  5/7/2018

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Hace un mes Alberto Aguilar hizo las maletas y se marchó solo a Perú con un objetivo claro: traer a su hija de vuelta a España. Ha pasado un año y medio desde que la joven ilicitana Patricia Aguilar hizo las maletas y se marchó al país andino siguiendo las indicaciones de Félix Steven Manrique, líder de la secta «Gnosis». A pesar de que aseguró que se había ido por su propia voluntad, sus padres no han dejado de buscarla. Hace una semana, en su segundo viaje al otro lado del Atlántico, Alberto localizó a Patricia en una de las zonas más remotas de la selva. Desde ayer, padre e hija vuelven a estar juntos y Manrique, detenido. Este padre coraje ha logrado el objetivo en el que muchos habían fracasado antes: desmontar la secta «Gnosis».

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Nadie dudó nunca que Patricia se había marchado sin haber sido forzada a hacerlo, pero todos tenían claro que esa voluntad había sido manipulada por Manrique. Este gurú aseguraba ser un enviado de Dios con la misión de repoblar el mundo tras la llegada del apocalipsis. Así se entiende que la policía peruana encontrase en un su refugio, en una zona de narcotraficantes a 600 kilómetros de Lima, a más mujeres –una de ellas su esposa oficial, la que vivía para mantenerlo– y a varios menores. Uno de ellos apenas cuenta con un mes de edad y es hijo de Patricia y del propio Manrique.

La joven se encuentra en buen estado de salud aunque ha perdido bastante peso y, ya en España, será sometida a un análisis más exhaustivo por parte de profesionales médicos. También presentaba síntomas de haber sido drogada con ayahuasca, una sustancia alucinógena muy común en la zona y que ha provocado serios daños a muchos consumidores. Desde España, el resto de sus familiares esperan que tanto la joven como el bebé puedan poner rumbo a casa lo antes posible. «Sabíamos que lo más probable es que tuviese un bebé», reconoce Noelia Bru, prima de Patricia y portavoz de la familia. Para ellos, lo importante es que la pesadilla haya terminado. Uno de los grandes apoyos de los allegados de Patricia en este proceso ha sido la organización SOS Desaparecidos. «Tememos la peligrosidad a la que están expuestas estas mujeres con él para que no vuelve a ser puesto en libertad. Estaban en condiciones infrahumanas», indicó la abogada de la entidad solidaria, María Teresa Rojas.

Steven Manrique solía captar a sus víctimas a través de las redes sociales. En cuanto veía a una chica vulnerable, comenzaba a soltar sus redes y sabía que, tarde o temprano, alguna caería. Se metía en grupos especiales dentro de Facebbok de gente interesada en la espiritualidad o con inquietudes esotéricas. Así encontró a Patricia, que en 2015 estaba atravesando un momento complicado tras el fallecimiento de su tío. En estos grupos, los usuarios lanzan preguntas por si alguien puede ayudar o recomendar y esa era la baza que solía jugar Manrique. Él siempre respondía, acompañaba y aconsejaba: él era la mano salvadora y ellas sentían que tenían un hombre donde llorar. Una vez que se había ganado su confianza, comenzaba a dar instrucciones de forma sutil: «compra tal piedra preciosa que es un talismán para erradicar tal maleficio», «deberías encontrar un lugar donde sentirte querida»... Iba creando un caldo de cultivo perfecto para chicas con un entorno debilitado, bien por la falta de amistades, profesores que estén pendientes o la propia familia que, por los motivos que sean, no estén muy al tanto de los problemas emocionales de sus hijas. Así logró convencer a Patricia de que debía ir a Perú y, curiosamente esa fue una de sus labores en el país andino. Ella llevaba las tareas de «captación» para hacer más grande la secta. Era, en teoría, el trabajo «legal» que le habían ofrecido: marketing de una ONG que, después se comprobó, no tenía sede social. De esa forma podía permanecer en el país de forma legal. De esta forma intentaron captar a otras chicas en País Vasco. Una de las víctimas no acudió a Perú porque gracias a una denuncia temprana por parte del estudio de criminólogos Dacrim, según publicó este diario el pasado mes de enero. Manrique estaba empleando el mismo modus operandi con una menor de edad de Guipúzcoa (País Vasco), con la intención de que, al cumplir la mayoría de edad, abandonara el domicilio familiar para marcharse con él a Perú.

Los criminólogos concluyeron que existía una alta probabilidad de que hubiera más chicas menores de edad que corrieran el mismo peligro y acudieron a denunciarlo a la comisaría de Policía Nacional de Arganzuela (Madrid). La Ertzaintza de Guipúzcoa logró frenar la captación de la joven tras ser identificada. Ella era, a buen seguro una nueva víctima de «Gnosis», una secta que, según los expertos «bebe» de distintas religiones. Así, hacían rituales de lo más variopinto pero el delito estaba, básicamente, cuando abusaba de ellas de forma sexual al tratarse de menores de edad. Y es que entre los rituales que debían hacer para formar parte de la comuna estaba el practicar sexo de forma conjunta. Era la única manera, explicaba Manrique, de que le «transmitieran» la sabiduría que necesitaba, la vía más rápida.

Porque la «Gnosis» es la «ciencia por excelencia o sabiduría suprema», y al parecer, no había forma mejor de integrar al sabiduría de estas menores que practicando sexo con ellas. Por supuesto, lo hacía sin ningún tipo de protección, dejando a merced de ese ente supremo, el devenir de las jóvenes. Ellas acababan embarazadas y daban a luz sin ningún tipo de control sanitario. Todos vivían en comuna en el poblado donde Patricia terminó ayer su calvario para siempre.

Además del bebé que Patricia tuvo con Manrique, había otros niños corriendo por la vivienda que, según creen los investigadores, eran también hijos del captor. Ahora, afortunadamente, este tipo (que se valió del nombre de la secta una vez le echaron de la misma, conocedores de los problemas que les estaba creando) ya está fuera del peligro social.

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