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¿Son seres sexuales los muñecos?

Tras la salida y vuelta al armario de Epi y Blas, «Barrio Sésamo» zanja la polémica: no son heterosexuales ni homosexuales, «solo marionetas». Los expertos señalan que su orientación es secundaria y que están diseñados para educar y entretener sin ningún tipo de connotación.

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20 de septiembre de 2018. 03:32h

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P del Corral/ E. Genillo.  20/9/2018

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Si se observa a los «muppets», se advierte que no existen de cintura para abajo. ¿Son, entonces, seres sexuales o simplemente muñecos amigables para los niños? Lo cierto es que en el clima actual donde todo se hipersexualiza, muchos pueden considerar que la amistad entre Epi y Blas puede tener referencias sexuales. Pero no son las únicas lanzadas desde «Barrio Sésamo».

«Cuando seamos libres de amar a cualquiera que elijamos, seremos verdaderamente libres». Esta canción del famoso cantante de country estadounidense Garth Brooks fue elegida para abrir el episodio 103 del show «Muppets Today». Lo que para algunos fue una llamada a la fraternidad, otros lo consideraron directamente un apoyo a las relaciones homosexuales. Esta anéctoda es solo una las «supuestas» referencias al mundo LGTBI lanzadas desde la popular serie infantil «Barrio Sésamo». Aunque es cierto que las marionetas de Jim Henson se han declarado en varias ocasiones abiertamente pro-gays –en el mes del orgullo de 2017 lanzaron un tuit apoyando el movimiento con una fotografía de Elmo junto con sus amigos «muppets» multicolores homenajeando la bandera del arco iris– otra cosa distinta es que estas tengan una orientación sexual.

Mucho se ha especulado acerca de ello por el «feeling» que han mantenido muchos de los personajes. El ejemplo más claro es el de Epi y Blas. Según «Barrio Sésamo», la relación entre ellos era, simplemente, de «mejores amigos» y que fueron creados «para enseñar a los niños en edad preescolar que las personas pueden ser buenos amigos de quienes son muy diferentes a ellos». Una teoría que echó por tierra su guionista Mark Saltzman al afirmar el martes que cuando creó a Epi y Blas siempre pensó «que eran pareja. No tenía ninguna otra manera de contextualizarlo». De hecho, confesó que se inspiró en su propia vida personal: «Yo era Epi, el bromista, y Arnold (su pareja) era Blas, el ordenado, el organizado. Los trastornos obsesivo-compulsivos de Arnie creaban roces con lo caótico que soy yo. Y esa es la misma dinámica de Epi y Blas». Así, mientras lo que para unos padres suponía un debate a la hora de decidir lo que sus hijos debían ver, para los pequeños era una duda que poco o nada influía en las chiquilladas que compartían los protagonistas.

Aunque Barrio Sésamo desmintió ayer a Saltzman, al recordar que Epi y Blas «siguen siendo marionetas y no tienen una orientación sexual», la polémica sobre la orientación de los muñecos ha saltado de nuevo a la palestra como en su día fue la del los ángeles. De hecho se ha convertido casi en cuestión de Estado, como cuando Marco encontró a su madre, Nobita y Shizuka se casaron o cuando Goku se convirtió en un «saiyajin» legendario. Tanto que incluso se creó una petición en la plataforma change.org para que sus creadores casaran a Epi y Blas en la pequeña pantalla. El revuelo generado se saldó con un comunicado que se limita a asegurar que ni eran homosexuales ni heterosexuales: solo marionetas.

En defensa de la inocencia de los «muppets» ha salido el guionista de animación de series como «Clay Kids» o «¡Qué bello es sobrevivir!», Nico Romero: «La orientación sexual, como la profesión, la edad o el género son importantes en tanto en cuanto tienen un valor dramático en la historia. En otras historias infantiles, este asunto puede ser relevante, pero en el caso de Epi y Blas, es completamente anecdótico». Pese a las bromas, estas amistades cercanas (que no sexuales) no indican necesariamente nada de las sexualidades de los personajes. Del mismo modo, las características que no se ajustan a los roles de género tradicionales no explican nada sustancial sobre la sexualidad o la identidad de género del dibujo animado.

«No todo debe estar sexualizado», aclara tajante el psiquiatra y el director de PsiKids, Javier Quintero. Y añade: «Deberíamos pensar a quién están dirigidos esos muñecos». El público objetivo de los programas infantiles como «Barrio Sésamo» son niños menores de 12 años, «momento evolutivo en el que la sexualidad carece de importancia y el interés está puesto en otros aspectos del desarrollo: lo social, lo cognitivo, lo motor... Ya llegará la adolescencia y entonces la sexualidad tendrá su protagonismo», afirma Quintero. Es más, no solo están dirigido a niños, sino que muchos de ellos lo son. Elmo, por ejemplo, tiene 3 años; la Gallina Caponata, 6; y Snuffy fue creado para representar una edad de 4 años. En todos estos casos, no podían tener una orientación sexual razonablamente definida.

Plantear dudas acerca de la sexualidad de Epi y Blas a los menores o que «Barrio Sésamo» se muestre abiertamente «gay-friendly» «está creando una infancia muy sexualizada y a edades cada vez más tempranas». «Los niños están expuestos a cuestiones sexuales que anteriomente solo estaban focalizadas en el ámbito de los adultos. Cuanto más grande es la exposición, mayores pueden ser las consecuencias», advirtió el director de Salud del Departamento de Educación de Nueva York, Fred Kaeser, en su blog «Psychology Today».

Entonces, ¿le podría llegar a importar a un menor de cinco años que una Barbie sea lesbiana o que Pocoyó sea gay? Quintero lo tiene claro: «Las acciones de ingeniera social deberían ser congruentes con lo que conocemos del desarrollo de los niños y, sobre todo, tener algún límite. Se crean estereotipos que, siendo tan pequeños, no saben cómo integrarlos. Pensemos en lo que necesitan los niños y no en lo que quieren los mayores. Seamos inclusivos y diversos pero dejemos a los niños jugar tranquilos».

Ni hombre ni mujer: «Me considero género ''muppet''»

Siri Gurudev descubrió que la palabra «muppet» le definía mejor que muchas otras, pues al no sentirse ni hombre ni mujer encontraba difícil identificarse con lo ya existente. Empezó a llamarse así cuando formaba parte del colectivo «Entre-Tránsitos». Según entendió, ellos habían acuñado este término de broma y tras haber visto la película de los «Muppets», en la que los personajes principales Gary y Walter cantan: «¿Soy un hombre o un ''muppet''? Si soy un ''muppet'', entonces soy un ''muppet'' muy masculino». Era consciente de que era el momento de crear sus propias palabras para autodenominarse como quisiera. Hasta ahora no hay una para esos «queers» que no se identifican ni como hombre ni como mujer.

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