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Tomás Navarro: «Construimos nuestra identidad a través de retales de otras, eso es un error»

Presenta su libro «Fortaleza emocional», un manual para ser feliz.

Tomás Navarro cambió su vida en la ciudad para trasladarse a La Cerdaña, en Los Pirineos, donde desarrolla una terapia totalmente novedosa basándose en que «la psicología debe salir de las consultas y ponerse al servicio de las personas». Su tratamiento se articula a través de la fortaleza emocional y las vías para conseguirla. Estas enseñanzas las ha plasmado en su libro «Fortaleza emocional» (Zenith).

–Usted habla de la importancia de la fortaleza emocional para ser feliz, ¿qué es ser feliz?

–Es tener un cúmulo de muchos momentos de felicidad que se consigue buscándolo, sólo no viene. Posees esos momentos cuando haces lo que quieres. Para ello debes saber qué es, y pasa en el momento en el que te paras a pensar y decides la vida que quieres tener.

–¿Las personas felices son conscientes de su estado?

–Csikszentmihalyi define un trance que denomina «fluir». Cuando estamos fluyendo perdemos la conciencia de lo que nos pasa. Si somos felices no estamos conscientes de que no nos duele nada, de qué hora es, si hemos comido o no, y eso nos lleva a no preocuparnos de que estamos felices, nos damos cuenta cuando ese momento ya ha acabado y piensas: «¡Qué bien que estaba!». Normalmente eres conocedor de cuando estás mal porque hay algo que te molesta y no anda bien.

–¿De dónde surgió la idea de llevar a cabo una terapia tan novedosa como la que usted desarrolla? ¿Me puede explicar un poco en qué consiste?

–Empecé hace mucho tiempo. Subía con los pacientes una vez al mes a hacer terapia en la naturaleza. El 100% de las personas en el medio natural están bien, ya sea en la montaña o en el mar. Estás más relajado, tienes menos estímulos, fuera de tu zona habitual con sobrecarga de preguntas y de móviles, te puedes concentrar mucho. Además, es inspirador, porque llegas y ves un valle, un cielo azul, y los resultados son mucho mejores. Todo esto me llevó a plantearme dejar de hacerlo ocasionalmente y pasar a algo sistemático. Funciona muy bien y los pacientes siempre quieren volver.

–¿Considera que es un método de consulta que se puede extender y popularizar?

–Sí, me gustaría que así fuera. Sabemos que la actividad física biológicamente nos ayuda a pensar mejor porque provoca vasodilatación: la sangre llega a los distintos lugares del cerebro, por lo que tiene más oxígeno y funciona mejor, especialmente a las funciones superiores como pensar, analizar, tomar decisiones y la perspectiva. Y por otro lado está el factor inspirador de la naturaleza.

–¿Cómo fue plasmar su terapia en el libro?

–Estuvo motivado porque yo quería uno así. Numerosos pacientes, o potenciales, no necesitaban venir, sólo tenían que entender algunas cosas y para ello requerían un ejemplar que le ofreciera los pasos. Lo estuve buscando y, como no lo encontraba, al final lo escribí. Cuando me planteé la estructura decidí seguir la que hago en la terapia: cómo piensa el paciente, qué fortalezas tiene, cuáles hay que desarrollar, cómo hacerlo, etcétera.

–¿La fortaleza emocional se construye desde la infancia?

–Nos viene de serie pero nos esforzamos en perderla. Un bebé puede identificar un estado emocional de su madre sin darse cuenta. Todo lo que necesitamos lo tenemos: cuando estás en la montaña es más fácil conectar con ella. Es un mecanismo psicológico de adaptación, lo que nos permite adecuarnos a sentimientos y situaciones.

–¿Cuáles son los elementos más importantes de esta fortaleza?

–Todos. No vale de nada tener un excelente en uno de los puntos y un suspenso en otro, lo mejor es tener un aprobado y que haya equilibro entre ellos.

–Su libro es un manual, ¿considera que lo puede necesitar cualquier persona?

–Sí, he recibido mensajes muy bonitos donde dice que lo han leído y pretenden volverlo a hacer.Lo creé con tres funciones: para las personas que creen que no les pasa nada pero de vez en cuando se dan un atracón de chocolate o ponen el coche a 180 para liberar adrenalina, para gente que está bien pero necesita estar mejor, para quien necesita ayuda, y finalmente, para los profesionales de la salud a los que les pueda ser útil en su consulta.

–En «Fortaleza emocional» habla de los «inputs», ¿qué son exactamente?

–Los inputs son cualquier información que reciben nuestros sentidos. Normalmente prestamos más atención al visual, aunque llegan a través de todos. Éstos son los externos pero también hay internos, que son lo que imaginamos y las creencias. De alguna manera todos ellos nos afectan.

–En su libro cita a Faulkner: «No te molestes en ser mejor que tus contemporáneos o tus predecesores. Intenta ser mejor que tú mismo». ¿Cómo se consigue este objetivo viviendo en una sociedad en la que reinan el mimetismo y la competitividad?

–No sabemos contextualizar y formamos nuestra identidad a partir de retales de otras que, muchas veces, son ficción. Es muy difícil imitar las identidades de otros, de hecho, en bastantes ocasiones crecemos queriendo agradar a nuestra familia y profesores, en otras culturas se valora cómo eres tú y no cómo quieren que seas. Si somos capaces de conocernos, valorar nuestras virtudes y buscar dónde encajamos, seremos nosotros mismos y más felices.

–También nombra a Lorca: «Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como a una ventana llena de sol». Usted dice que descubre almas felices a través de los ojos de las personas. ¿Qué tienen de especial esas miradas?

–Por las arrugas de expresión que se generan por el músculo cigomático y el orbital, que no son voluntarios, si hay muestras de este tipo en la cara es que sonríes mucho y eso señala que eres feliz. La depresión también se refleja en el rostro, especialmente en la caída de los párpados y la creación de bolsas.

–En la segunda parte del libro invita a liberarse de las personas tóxicas. ¿Este tipo de gente puede dejar de ser dañina?

–A una persona tóxica no le importas y además no cree que esté haciendo nada malo. Un individuo no puede cambiar si no ve la necesidad de ello y no está dispuesto a hacerlo. Es muy difícil que una persona no tóxica piense como una que sí lo es, por lo tanto lo mejor es alejarse de ellas.

–¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

–Las personas, poder charlar y conocer a muchas distintas. Y, especialmente, comprobar que son felices porque han podido conseguir lo que querían y compartir ese éxito es lo que más satisfacción me da.