Un funcionario y un escritor, los "testigos"que pudieron cambiar el caso Ibar

Mathew Black y Kurt Collins fueron los dos miembros del jurado popular que dieron esperanzas a Pablo Ibar. El primero escuchó una conversación sobre el reo de origen vasco que no debía fuera de sala. El segundo llamó para retractarse de su veredicto: culpable

Pablo Ibar durante el último juicio en el que fue declarado culpable
Pablo Ibar durante el último juicio en el que fue declarado culpable

Mathew Black y Kurt Collins fueron los dos miembros del jurado popular que dieron esperanzas a Pablo Ibar. El primero escuchó una conversación sobre el reo de origen vasco que no debía fuera de sala. El segundo llamó para retractarse de su veredicto: culpable.

Pablo Ibar «está absolutamente machacado. Destrozado por la sentencia. Apenas ha comido ni dormido, tiene unas ojeras pronunciadas», explica a este periódico Andrés Krakenberger, portavoz de la familia y presidente de la Asociación contra la Pena de Muerte Pablo Ibar. No es para menos. Ibar tiene 46 años. Lleva en la cárcel desde 1994 aseverando que es inocente. Sin embargo, un nuevo jurado le ha vuelto a declarar culpable de un triple crimen. Pese a que su caso casi dio un giro por dos miembros del tribunal popular, el juez ha decidido celebrar una audiencia el 4 de febrero, en la que estarán presentes las partes, con el objetivo de preparar la segunda sesión del juicio, que comenzará el 25 del citado mes. Entonces se dictará la sentencia, un fallo que en cualquier caso será condenatorio: pena de muerte o cadena perpetua. La defensa luchará por conseguir la cadena perpetua, ésa que Ibar desestimó «durante el primer juicio antes de que fuera declarado nulo», explica Krakenberger. De ahí que «hasta 2024 aproximadamente no vaya a haber una sentencia definitiva». Para entonces, Ibar llevará ya 30 años entre rejas. Mientras él trata de afrontar el nuevo varapalo judicial, la Defensa ya se ha puesto a trabajar en cómo afrontará esta segunda parte del juicio y el recurso del fallo de este caso que, debido a las numerosas anomalías, parece de película: huellas que no coinciden con las suyas, identificaciones de expertos a las que se resta importancia frente a los testimonios presenciales o incluso cintas borradas. Los últimos giros de este caso han sido protagonizados por dos miembros del jurado popular: el señor Black y Collins. Pero, ¿quiénes son sus protagonistas? Según ha podido saber este periódico, se trata de Mathew Black y Kurt Collins. El primero trabaja como administrativo del juzgado. El segundo es escritor técnico de profesión. Mathew Black escuchó una conversación que no debía fuera de sala, dado que los miembros del jurado han de estar aislados en todo momento de cualquier información que pueda venir fuera de la sala. Había escuchado a una abogada y a un juez hablar. El administrativo de justicia aseguró ante el juez Bailey, que únicamente había oído lo que estaba sufriendo la familia del acusado. Es decir, nada sobre los antecedentes de Ibar. Pese a ello, el magistrado decidió apartarle, máxime tratándose de un jurado sustituto. Además, el juez rechazó la petición de la defensa de anular el veredicto y que volviera a reunirse el jurado para seguir deliberando. También se negó a que la defensa pudiera entrevistar a Kurt Collins, el miembro del jurado (éste sí oficial) que llamó para retractarse de su veredicto: culpable. Se trata del mismo que la citada asociación afirmó en un comunicado días atrás que «la defensa de Pablo Ibar ha sabido que a las 08:35 de la mañana del 22 de enero, una persona integrante del jurado, cuya identidad se desconoce, se puso en contacto con el juzgado del juez Bayley y comunicó su decisión de retractarse de su decisión de apoyar el veredicto de culpabilidad de Ibar». Sin ese veredicto de culpabilidad, no habría habido unanimidad, que es lo que se exige en Florida para que un jurado popular dicte sentencia, y por tanto el jurado tendría que haber continuado deliberando. De esta forma, una vez retirado el suplente del jurado, el proceso continúa también con Collins, que sigue siendo miembro activo del jurado. «Cada día había una o dos cosas alucinantes. Parece una película de cine negro, pero en cutre», sentencia Krakenberger. No es para menos. Ibar, ciudadano de origen vasco, lleva encarcelado desde hace 24 años, 16 de ellos en el corredor de la muerte. Fue declarado culpable en el 2000; es decir, casi tres años después de que el Supremo de Florida anulase la sentencia de muerte. Ha vivido cuatro procesos judiciales y, como alega la defensa, numerosas irregularidades. Las más significativas son éstas:

¿Defensa letrada eficaz?

Tras un primer juicio, contra él y Seth Peñalver, que fue declarado nulo al no haber unanimidad del jurado en su veredicto, en enero de 1999 se abrió un segundo contra los dos. Tuvo que ser aplazado a petición de Ibar después de que su entonces abogado fuera detenido por agredir a una embarazada. El juicio de Peñalver, en cambio, continuó. Aunque fue condenando a muerte, en 2012 fue puesto en libertad. Sin embargo, Ibar fue considerado culpable por el mismo tribunal pese a la exculpación de Peñalver. El mismo abogado de entonces, Kayo Morgan, reconoció haber cometido «graves errores» en el proceso por problemas personales. El nuevo equipo de abogados de Ibar recurrió dadas las supuestas irregularidades tanto por el entonces letrado como por las pruebas y el Supremo de Florida anuló la sentencia en 2016. De hecho, en la transcripción traducida de la vista oral ante el Alto Tribunal, el juez R. Fred Lewis afirma que «no creo haber visto a ningún abogado comportarse como lo hizo este abogado; el Sr. Morgan, al parecer, se sale de los registros». Pese a ello, la fiscal Leslie Campbell afirma que «éste no es un caso donde se haya probado una asistencia letrada ineficaz».

Huellas y altura

El perpetrador del brutal crimen era «entre 2 y media y 3,5 pulgadas más bajo de estatura que el señor Ibar, así como que el palo con el que este individuo entró en la casa tenía dos huellas que no casan con las de Ibar.

Identificaciones

Otro argumento inusual es que la Fiscalía defiende que «todos los que conocen a un acusado, o conocen a una persona, pueden determinar que la persona que está en la foto es la que conocen. Más que un experto al que se le exige mucho más nivel». Y eso que la identificación errónea por testigos presenciales es la principal causa de condenas erróneas en Florida. Otro asunto inusual es el vídeo: debido a la mala calidad, el experto en identificación afirmó que esta prueba nunca habría sido admitida en Reino Unido.

Pero el ADN...

Pese a todas las anomalías descritas, hay una cosa cierta: el ADN detectado en la camiseta con la que uno de los perpetradores del salvaje crimen se limpia la cara fue clave en este último juicio para sentenciar a Ibar. Ahora bien, Huma Nasir, técnica del laboratorio utilizado por la Fiscalía en torno al análisis del ADN hallado en la camiseta, afirmó que, cuando en 2010 recibieron la prenda, la bolsa de papel donde estaba guardaba tenía suelta la cinta adhesiva que la cerraba. El laboratorio analizó cinco puntos de la camiseta: uno de ellos contenía ADN que coincidía con el de Ibar. Aunque Nasir también reconoció que al llegar abierta, se puede sospechar de una posible contaminación por transferencia. Además, llama la atención que el jurado no escuchase la transcripción hecha el 18 de diciembre por un experto en ADN presentado por la defensa, el genetista Allan Jamieson, en la que explicaba que según cómo se utilice el programa, analizar una misma traza de ADN pueden arrojar resultados distintos.