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2020: La era de los cobots

Configurables por cualquiera, con aplicaciones a la carta y listos para usar. A los robots del futuro solo les falta caber en el bolsillo.

Configurables por cualquiera, con aplicaciones a la carta y listos para usar. A los robots del futuro solo les falta caber en el bolsillo.

Cuando pensamos en robots, automáticamente dos imágenes vienen a nuestra mente. La primera de ellas son los androides, que actúan como humanos programados para tareas fijas y pre-programadas. Cualquier información fuera del programa puede generar un cortocircuito de duda e incertidumbre. El segundo grupo en el que habitualmente mezclamos a los robots son los gigantes que operan en fábricas y se encargan de levantar enormes pesos, cortar planchas configuradas y soldar, agujerear, plegar o ensamblar cualquier objeto.

Todos ellos tienen en común varios aspectos. Tienen un alto coste de producción, su diseño y programación debe llevarse a cabo por expertos y la puesta en su «lugar de trabajo» y el mantenimiento, necesita conocimientos específicos, un lugar fijo y mucho tiempo.

Pero hay otra clase de robots, poco conocidos, llamados cobots: robots colaborativos. Cinco años atrás, los cobots casi no existían, ni siquiera figuraban en la lista de proyecciones de tecnologías a las cuales debíamos prestar atención. Markets and Markets señala que en 2020, la industria de cobots podría alcanzar los 3.000 millones de euros anuales.

¿Qué los hace diferentes? De acuerdo con Esben H. Østergaard, creador de Universal Robots (la empresa con un 60% del mercado de cobots), doctorado en robótica y, de joven, campeón del mundo de robo-fútbol, hay varias razones. «Para empezar –nos asegura Østergaard en una entrevista en su fábrica de Ostende–, son fáciles de instalar, no requieren modificaciones en la instalación eléctrica, se conectan a un enchufe doméstico, y solo es necesario usar tornillos para asegurarlos a su zona de trabajo. También son fáciles de programar. Basta seguir un curso abierto y gratuito online para darle las instrucciones necesarias. Es decir, son plug and play prácticamente. Otra ventaja es que, como su nombre indica, son colaborativos, no solo con otros robots, sino también con los humanos: pueden funcionar sin protecciones de seguridad». Esto último es algo que llama la atención: habitualmente robots y humanos no trabajan juntos, ya que los riesgos son obvios. Universal Robots rompió con ese paradigma y dotó a sus robots de sensores de presión y fuerza: apenas notan que algo obstaculiza su recorrido, detienen la maniobra. Y la fuerza necesaria para que se inmovilicen es mínima, por lo tanto no hay riesgos para los trabajadores».

Otro factor que diferencia a los cobots es que el usuario recibe una caja y lo arma él mismo. No solo lo puede programar por su cuenta, también lo arma y se trata de una operación sencilla.

Cuando en el año 2008, Østergaard diseñó sus primeros robots, los hizo pensando en tres configuraciones muy claras, que corresponden a tres tamaños. Todos ellos son, básicamente, tres tubos de metal, conectados por seis ejes que giran 360º. El más pequeño, con una capacidad de carga de tres kilos, recrea los movimientos y el alcance de una persona que tiene los codos apoyados en una mesa. El siguiente, capaz de cargar hasta cinco kilos, imita los movimientos de un ser humano sentado y el último, con 10 kilos como límite, tiene el mismo radio de acción y movimiento que una persona de pie que no puede moverse de su sitio. Obviamente sus nombres no son muy creativos: UR3, UR5 y UR10.

¿Qué tiene que ver todo esto con un smartphone? Estos robots son «solo» ejes, brazos que pueden girar en todas las direcciones. Pero les faltan las manos. Aquí es donde entran decenas de empresas que han creado accesorios para el extremo de los cobots, que van desde manos para coger piezas pequeñas y volcarlas en una caja, hasta soldadores, cámaras, sistemas de infrarrojos, accesorios para volcar muestras (una o docenas) en laboratorios... Y la programación de estas nuevas piezas es igual de sencilla. De hecho, forma parte de un sistema operativo, como Android o iOS, llamado UR+, de código abierto, con el que cualquiera puede intervenir y mejorar las prestaciones de un nuevo accesorio o de una pieza que lleva años en el mercado.

De acuerdo con los estudios realizados, un cobot tiene una vida útil de unos cuatro años, funcionando las 24 horas del día, sin parar. Se trata, obviamente, de una situación extrema, pero el promedio de recuperación de la inversión realizada en el robot es de un año. La lógica indica que todas estas cualidades serán un camino en el empleo de seres humanos.