Compramos followers en Instagram y este fue el resultado

¿Vale la pena hacerlo? ¿En qué circunstancias y qué hay que tener en cuenta?

Influencers, microinfluencers, seguidores, likes y comentarios. Todos estos parámetros se han convertido en una tarjeta de presentación que en muchos casos resultan más rentables que cualquier diploma. Son los tiempos actuales. Y, del mismo modo que se ofrecen diplomas al mejor postor, también se venden seguidores y Me gusta. ¿Pero cómo funciona esto? Hay dos opciones básicas. Comprar bots, perfiles creados con el único propósito de seguir a gente, no tienen publicaciones, ni foto de perfil y su nombre es un galimatías o contratar una empresa que hace un trabajo de cirujano.

“Es muy sencillo", explica en conversación telefónica Julián Sánchez, director fundador de Missu, una agencia de marketing social. "En Instagram hay millones de bots, es tremendo. Hay algunos que venden 500.000 seguidores, los compras y te llegan al momento. La mayoría de los perfiles tienen bots que les siguen, aunque no los hayan comprado. Están programados para detectar audiencias y acuden a ellas directamente. Comprar mil seguidores es muy fácil y muy económico, pero no hay interacción con ellos”.

Actualmente, el precio de los seguidores está en cerca de 100 euros por unos 20.000 seguidores. También se venden reproducciones (15.000 por €9,55) y comentarios (30 por €5). Obviamente esto no es exclusivo de Instagram, lo mismo vale para Facebook, Twitter y hasta Spotify o Tik Tok. Solo hay un problema: son bots. Es decir, son perfiles falsos y si el objetivo es que la cuenta se convierta en una fuente de ingresos, las marcas están descubriendo que no todo vale. Y también las redes sociales.

“Uno de los primeros detalles que se comprueba es la confianza en la cuenta – añade Sánchez. Por ejemplo lo que mira Instagram es el año de la cuenta. Si es reciente y hay mucha actividad, es decir, da muchos likes, publica poco y sigue a mucha gente, Instagram banea la cuenta. En este sentido Instagram mira el año de la cuenta. Si es muy reciente y a diario sigues a 20 ó 30 personas, te bloquea. Cualquier actividad masiva se castiga”. Así, aprovechando una antigua cuenta de Facebook casi inactiva y la cuenta de Instagram que, por defecto, me abrió la propia Facebook, realizamos un experimento: no comprar bots, sino hacer el trabajo de cirujano.

“Las dos maneras de crecer en redes sociales son interactuar o comprar publicidad". afirma Sánchez. "La publicidad es muy cara y para alguien que no es conocido, pasa desapercibido y gasta dinero para tener cuatro likes. Nosotros garantizamos un crecimiento de 400 a 600 seguidores al mes. Si en 30 días, no se consiguen, se alarga el tiempo hasta alcanzar la cifra. Lo primero que hacemos es ver qué tipo de perfil tiene cada cliente: entrevistamos al usuario, vemos su competencia y de allí obtenemos seguidores interactuando con ellos. Vemos sus historias, les damos likes, comentamos. Esto lo que nos permite es sociabilizar y así se interesarán en tu perfil. El objetivo es crecer para el publico que dirige el contenido, no solo sumar números. En pocas palabras, nosotros no vendemos bots, sino seguidores de perfiles vinculados a tu interés. Con esto se consigue que el crecimiento sea orgánico y no se prohiba la cuenta”.

¿Qué dirán en mi nombre?

Para ello debí darle la contraseña de la cuenta (obviamente la ignoraba, ya que no había publicado nada y tenía solo 20 seguidores que llegaban de Facebook). Y luego debí subir algunas imágenes, más que nada de viajes y tecnología, para crear contenido. Mi primera preocupación fue la seguridad de mi cuenta: si les daba la contraseña, podían hacer lo que quisieran con ella. Y la segunda inquietud era qué dirían en mi nombre.

Todo lo que aportes de valor al usuario final, lo hará más visible, lo valora mejor. El algoritmo va cambiando cada poco, de hecho no sabemos cuando se actualiza. Nosotros tenemos perfiles de pruebas, unos 30, 40, para ir probando y cuando vemos que nos bloquean bajamos la actividad. “Trabajamos con un software que no nos permite ver las contraseñas ni publicar, sólo realizar interacciones", explica Sánchez. "Y a partir de ese momento vamos probando cuán es el límite que Instagram por ejemplo, nos permite. Con ellos interactuámos y generamos interés en la cuenta. Pero es un crecimiento orgánico, entre 30 y 40 por día. Los primeros días son principalmente de exploración de la cuenta, la competencia y los seguidores”.

Mi trabajo era publicar tres o cuatro veces por semana. Con eso basta para no saturar y generar interés. Los primeros días, tal y cómo Julián Sánchez me había anticipado, no noté diferencia. Pero a los cinco días, ya se habían duplicado los seguidores y hacían comentarios y daban likes. Pensé que era producto también de mantener actividad, pero cuando a los 15 días, ya rozaba los 500, me di cuenta que podía haber otro motivo.

“Hacemos un seguimiento de quienes te hayan hecho un followback (los sigues y te siguen)", explica Sánchez. "Eso nos permite saber quienes son los usuarios que siguen con más facilidad. En total tenemos identificados unos 15.000 o 20.000 divididos por intereses, ubicación... De este modo quienes te siguen están interesados en seguirte. Los usuarios te han seguido por interacción, yo no obligo a nadie que te siga: no compramos usuarios. El único problema puede ser que coincidamos en actividad en el mismo momento y eso puede despertar sospechas”.

El equipo de Missu y asumo que también otras empresas similares, realizan su tarea en horas que se supone que no estamos activos: a partir de las tres de la madrugada, por ejemplo. El resto del tiempo es investigación. Básicamente hacen la tarea que debería hacer alguien que no es famoso y pretende ganar seguidores. Más allá de publicar contenido valioso y original, consiste en identificar quienes pueden estar interesados en nuestras publicaciones y darnos a conocer entre ellos. Seguirlos, comentar sus publicaciones, darse a conocer. Ese es el secreto básico. Luego puede haber suerte creando algo viral, pero eso es circunstancial. Aún así “hay usuarios que no quieren crecer por calidad, sino por volumen, no les importa la interacción. Para ello están las proporciones de likes y comentarios. Aunque es muy relativo. Puedes tener 33.000 seguidores y no pasar de los 500 likes y tener 3.000 en otra publicación. Depende de muchas cosas: del lugar de residencia de los seguidores, de los hashtags utilizados, de la calidad y originalidad de la publicación. A eso hay que sumarle que al algoritmo de control de Instagram cambia constantemente para prohibir los bots. Y a veces se penaliza cualquier actividad extraña, aunque dos días antes hubiera sido normal”.

Un mes y medio después: 1.200 seguidores

Un mes y medio después, la cuenta de Instagram había alcanzado casi 1.200 seguidores. No era una cifra altísima, pero partiendo de 20 y sin ser conocido, era un logro interesante. A partir de este número sería mucho más fácil llegar a los 10.000 por ejemplo, ya que según Sánchez, cuantos más seguidores tiene una cuenta, más sencillo resulta hacerla crecer. Solo quedaba una pregunta: cuando dejaba de pagar por los servicios de Missu, ¿desaparecerían los seguidores? ¿Es un contrato de “por vida”?

Quienes te han seguido, lo han hecho por voluntad propia", repite Sánchez. "Son tus seguidores. A partir de ese momento dependerá del contenido creado si siguen o no allí. Las redes sociales son puro marketing y hay que saber venderse, pero también es un trabajo diario que no tiene nada que ver con mirarse al espejo, sino interactuar y crear contenido”.

La cuenta se ha cerrado después de dos meses. Los usuarios habían bajado en una proporción mínima (apenas 30 menos) después de semanas sin publicar nada. Veredicto: comprar usuarios no tiene sentido, lo que puede ser útil es recurrir a un experto para hacer aquello que por tiempo, trabajo o pereza no hacemos nosotros. De ese modo se puede conseguir un número de seguidores que no será tan alto como los bots de fácil acceso, pero sí existen.