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El miedo a la soberanía tecnológica

Los gestos de injerencia de diferentes gobiernos a la tecnología internacional son cada vez más frecuentes. ¿A qué obedece esta nueva tendencia que pone en peligro las relaciones diplomáticas?

La directora financiera e hija del fundador de Huawei, Wanzhou Meng, fue detenida el pasado 1 de  diciembre en Canadá, a petición de Estados Unidos, por violar las sanciones económicas que Washington impuso contra Irán
La directora financiera e hija del fundador de Huawei, Wanzhou Meng, fue detenida el pasado 1 de diciembre en Canadá, a petición de Estados Unidos, por violar las sanciones económicas que Washington impuso contra Irán

Los gestos de injerencia de diferentes gobiernos a la tecnología internacional son cada vez más frecuentes. ¿A qué obedece esta nueva tendencia que pone en peligro las relaciones diplomáticas?

Tiempo atrás, la expresión «soberanía tecnológica» definía la necesidad de establecer que las leyes locales eran las que regían los ciberdelitos cometidos en un país, independientemente de si el responsable era ciudadano de otro estado, si los servidores a través de los cuales se había registrado pertenecían a una tercera nación o si el dominio de la página web era propiedad de un estado insular con diferente normativa. Era una situación más compleja aún que la del derecho marítimo, con tripulantes de una nación a bordo de buques con bandera de otra navegando por aguas de un tercer estado.

Pero los tiempos han cambiado y la soberanía tecnológica ha comenzado a tomar otra connotación más vinculada al proteccionismo no solo económico, sino también legal y político. Los casos sobran. En septiembre, por ejemplo, el sitio web de «ABC» (la corporación de radiodifusión pública de Australia) fue bloqueada en China debido a su «agresividad» a la hora de difundir noticias de este país. A este respecto, el primer ministro australiano, Scott Morrison, aseguró que «China es un país soberano y toman las decisiones que consideren en su país, nosotros hacemos lo propio en el nuestro». Pero este gesto es solo la punta de un iceberg. Particularmente, cuando se trata de noticias publicadas en redes sociales chinas, como por ejemplo WeChat, utilizada por hasta 150 millones de chinos fuera del país. Este tipo de plataformas están sujetas a controles sobre lo que pueden publicar en el país asiático, pero no está muy claro si esos controles también se producen cuando las publicaciones se llevan a cabo fuera de él. Hay quienes sugieren que WeChat opera bajo un modelo de «una aplicación, dos sistemas», con una política dentro del gigante asiático y otra en el exterior. En Australia, residen legalmente 1,2 millones de chinos y el organismo de inteligencia de la isla (ASIO) ha emitido un informe en el que muestra su preocupación por la influencia de la aplicación de inmigrantes chinos.

Australia, junto a Estados Unidos (el primero de ellos), Reino Unido, Nueva Zelanda y Canadá también han puesto obstáculos para la venta de terminales de Huawei, la empresa china de tecnología móvil que más ha crecido en el mercado en los últimos años y que se disputa, semana a semana, el segundo puesto en el mercado de «smartphones» con Apple y detrás de Samsung. ¿Por qué estas medidas? Las acusaciones se centran en espionaje, básicamente afirmando que Huawei coloca puertas traseras en su equipo para que el Gobierno chino pueda espiar a los usuarios. Pero hasta ahora no se ha demostrado nada. Algo que resulta llamativo teniendo en cuenta la facilidad que existe para hacerse con un terminal y darlo a expertos de una universidad para que lo analicen. Una de las razones para llevar a cabo este tipo de acciones podría tener que ver con una suerte de proteccionismo económico. Sin lugar a dudas, China es un gigante en términos económicos y Huawei lo es en el aspecto tecnológico. De hecho, entre los cinco proveedores más importantes de antenas para la red 5G que comenzará a funcionar en 2019, figuran, Ericcson, Huawei, Nokia, ZTE y Samsung, de acuerdo con datos de la firma especializada Stratfor. Curiosamente, tanto Huawei como ZTE (también de origen chino) han sido prohibidas en diferentes países. Y es que, solo el mercado de las antenas 5G tiene un valor de más de 4 billones de euros (sí, billones), según el informe «5G Smart Antenna Market 2018-2023», elaborado por la empresa Research and Markets. El dato de las empresas es relevante, ya que entre las compañías con mayor injerencia en el sector de antenas no figuran Xiaomi, OnePlus o Lenovo, todas ellas chinas, pero disponibles sin cuestionamientos en todo el globo. De hecho, todas ellas utilizan microchips de Qualcomm. Y en la reciente presentación del último microchip de esta forma estadounidense, el Snapdragon 855, una de las presencias estelares fue el CEO de OnePlus, Pete Lau.

Qualcomm (la mayor fabricante de microchips del mundo), afincada en California y por otro lado China, también se ha convertido en protagonista de otra batalla. Pocos días atrás, esta empresa logró detener la venta en el país asiático de numerosos modelos de iPhone ( 6S, 6S Plus, 7, 7 Plus, 8, 8 Plus y iPhone X) basándose en una disputa de patentes. Este tipo de conflictos no resultan extraños en el sector tecnológico y, en este caso, los tribunales chinos señalaron que Apple infringía una patente de Qualcomm vinculada a la gestión de aplicaciones. La respuesta de Apple será crear una actualización para que no haya problemas. Si tenemos en cuenta que Apple ha pasado de los 4.500 millones de dólares que ganó en 2012 en China a los casi 12.000 que se embolsó en 2018 (según cifras de Statista), la prohibición era una situación en la que ganaba Qualcomm y también los fabricantes chinos de «smartphones» que se deshacían de la competencia.

Desde los años 90, cuando gran parte de los gigantes tecnológicos de Estados Unidos comenzaron a fabricar sus productos en China, debido a la mano de obra más barata, la preocupación por la seguridad tecnológica ha ido en aumento, así como las denuncias al respecto. La última de ellas es un extenso informe realizado por «Bloomberg», en el cual señalan dispositivos de espionaje instalados en dispositivos de Amazon y Apple y ensamblados en China. Si bien el artículo daba numerosos datos, tanto Amazon como Apple declararon en sendos comunicados que no había ningún tipo de brechas, declaraciones que fueron apoyadas por las agencias de inteligencia de Estados Unidos y Gran Bretaña. Mientras todo esto ocurre, hay otro gigante asiático que también busca enfrentarse a una tecnológica.

Recientemente, el Gobierno de India señaló a una empresa de Facebook, más precisamente a WhatsApp, por su papel en una ola de violencia que afectó al país a fines de la primavera y terminó con decenas de muertos. Todo surgió por rumores falsos que señalaban la presencia de personas en diferentes pueblos, con el objetivo de secuestrar niños. La presencia de desconocidos se convirtió entonces en una excusa para linchamientos que culminaron, en septiembre de 2018, con más de 60 muertos. India exigió una respuesta contundente a la red social para filtrar los mensajes falsos, pero las respuestas de Facebook no fueron satisfactorias. Paralelamente, hubo una aplicación, también de mensajería instantánea, que subió como la espuma en la India: Hiker. Este emprendimiento (que aumentó su número de usuarios activos de 120 a 160 millones durante estas revueltas), fue desarrollado por Kavin Mittal, hijo de Sunil Mittal, presidente del mayor operador de móviles del país, director de la cámara de comercio de la nación y el tercer hombre más rico de India.

La tecnología no solo se ha convertido en un gigante económico, sino en una fuente de información de mayor valor. Una capaz de condicionar elecciones y producir alianzas insospechadas. La soberanía tecnológica condicionará nuestro vínculo con el mundo tanto como Internet si la tendencia actual se mantiene. Los sorprendente es que un término que nació para describir la aplicación de normas legales en el entorno de conectividad, no precise de pruebas concluyentes para dictaminar quién vende qué. Y dónde.