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Fallece por coronavirus Borja Domecq, uno de los grandes ganaderos de bravo

A los 75 años era propietario de la prestigiosa divisa de Jandilla

Fallece por coronavirus Borja Domecq, uno de los grandes ganaderos de bravo
Borja Domecq falleció por coronavirus hoy Julián Pérez EFE

Avanza el coronavirus y a la misma velocidad las malas noticias. El cerco se va acercando y el prestigioso ganadero de bravo Borja Domecq Solís ha sido el protagonista al fallecer a los 75 años afectado por el coronavirus que no ha podido superar. El criador ha perdido la vida hoy en el hospital de Mérida (Badajoz).

Borja Domecq dirigió la conocida ganadería de Jandilla desde el año 1987 hasta la temporada de 2016, año en el que decidió pasar el testigo a su hijo, del mismo nombre, además, aquejado de ciertos problemas de salud que se han visto muy afectados por la pandemia que está azotando el país estos días. Durante esos veinte años el ganadero puso la ganadería entre las primeras y consiguió grandes éxitos.

Nacido en Pamplona en 1945, el ganadero fallecido era hijo del jerezano Juan Pedro Domecq y Díez, quien con sus hermanos Juan Pedro, Álvaro, Pedro y Salvador inició en los años 50 un largo proceso de mejora genética que llevó a que sus reses, con sus hierros y con aquellos que compraron sus vacas y sementales, coparan gran parte del mercado mundial, con el llamado encaste Domecq.

Hermanos de Borja Domecq fueron los también prestigiosos ganaderos Juan Pedro, propietario de la divisa que llevaba su nombre, y Fernando Domecq Solís, con la de Jandilla -hasta 1987- y posteriormente con la de Zalduendo.

La muerte de Juan Pedro Domecq sorprendió en el mes de abril de 2011 en un trágico accidente de tráfico y el año pasado, su hermano Fernando perdió la vida en el mes de mayo, tras haber vendido su vacada de Zalduendo al magnate mexicano Alberto Bailleres. Borja Domecq era el único de los tres hermanos que seguía vivo.

En 2002 Borja Domecq Solís formó también el hierro de Vegahermosa con productos de esa misma prodecedencia genética con la que hizo un brillante trabajo que le llevó a situar la ganadería entre las más destacadas de las últimas décadas.

Gracias a ello los “jandillas” se convirtieron, por su alto nivel de bravura y calidad, en unos de los toros predilectos tanto de toreros como de aficionados, con una gran regularidad en el éxito en las plazas más exigentes de España y Francia.

A lo largo de los 20 años en los que gestionó la divisa de Jandilla cosechó triunfos importantes. Sin ir más lejos, el años pasado, por estas fechas, “Horroroso”, que no hizo honor al nombre y fue un grandioso toro que se lidió en la Feria de Fallas.

“Timonel” fue, además, el último toro que se indultó en la Monumental de Barcelona. Resultó Serafín Marín el cómplice perfecto un 26 de septiembre de 2011, antes de que la nostalgia catalana nos atrapara de lleno. Supo Sebastián Castella también de la generosidad de los toros de Jandilla con aquel “Hebreo” que lidió en Madrid, en la Monumental de Las Ventas, el mes de mayo de 2017. O en la despedida sanferminera de Padilla. Muchos toros, muchas tardes, la de Pablo Aguado en Sevilla, sin ir más lejos.

Y luego hay recuerdos que ahora inundan la memoria, como aquella vuelta el día después de la mítica mañana de José Tomás en Nimes. En 2012. Su mañana cumbre. El día que toreó en solitario. Se indultó un maravilloso toro de Parladé y se lidió uno encastado y agradecido de Jandilla que sumó muchísimo. Le vi a la vuelta en el avión. No cabía en sí de gozo. Ganadero bueno. Y hombre íntegro. Muere en la crueldad de una pandemia terrible para los que se van y los que se quedan. La oscuridad del luto es más solitaria que nunca.