Toros

Aquí se muere de verdad

El diestro segoviano Víctor Barrio fue herido mortalmente en la plaza de Teruel por su primer toro de Los Maños. Tras ser volteado, cayó al suelo y el astado le propinó una fuerte cornada en el tórax

Momento de la cogida a Víctor Barrio
Momento de la cogida a Víctor Barrio

Desgarrador. Horrible. No lo queríamos creer, pero era cierto. Las informaciones desde la enfermería iban cayendo con cuentagotas y cada vez eran peores. Primero fue la preocupación lógica de una cornada. Todos atentos a lo sucedido. Y, a pesar del congojo, lo primero que contaron los presentes en los alrededores de la enfermería es que le estaban interviniendo y que era grave. No había más datos. Luego, que la herida era en la zona del tórax y era más de lo que parecía. Y así hasta llegar lo peor. Sin embargo, en el fondo, todos los allí presentes sabíamos que no era una herida por asta de toro al uso. Era más. La forma de caer al ruedo, el perder la mirada y desplomarse no era propio de la vida. Pero aun así, teníamos la esperanza de que iba a salir alguien de ese quirófano a decirnos algo así como «es grave, pero le están interviniendo». O aunque fuera el comentario de «es grave pero están haciendo todo lo posible». Pero no. Hasta que, desde una pequeña mirilla de la puerta de la enfermería le comunicaron a Manuel Larios, banderillero de Víctor Barrio, la tragedia. Casi fue el primero en enterarse. El mismo que no se apartaba de la puerta para conocer noticias y quería pasar cada vez que veía a alguien salir pero no podía. Como torero, debía permanecer en el ruedo para seguir con la tarde. Pero ya no hubo tarde.

El lloro del torero de plata era desgarrador al saber la noticia. Profundo. De dentro. Y así, iba llegando el resto de la cuadrilla para enterarse de lo sucedido. Víctor Barrio había muerto. Sí, el mismo Víctor que no llegaba a la treintena y que destacaba por su altura. Y por sus andares toreros dentro y fuera de la plaza. Y por su entrega. Siempre. Desmedida. La misma que le llevó a irse a portagayola en su primero de Los Maños en Teruel. Las mismas ganas con las que afrontó la tarde como si no hubiera otra. Así se ganaba los contratos. Día a día. La lucha y la afición de Víctor Barrio por esta profesión era desmedida. El mismo segoviano que, minutos después de hacer el paseíllo, atendía a los micrófonos de Telemadrid asegurando que «cada tarde es una oportunidad para demostrar lo que uno quiere y ganarse su sitio». Ya no habrá más. Ni declaraciones. Ni oportunidades. Ni entrega.

Por la mañana, fue el único torero que acudió al sorteo (lo habitual es que vayan los mozos de espadas, apoderados y miembros de la cuadrilla). Y, a la salida, a la pregunta de «¿Qué tal?», respondió: «Bien, me gustan». Y se le deseó suerte. No la tuvo.

El disgusto se fue derramando por todo el callejón y tendido. Y al anuncio de la suspensión del festejo, empezaron a llover los primeros claveles al ruedo y una fortísima ovación del público de Teruel. Los mismos que estaban de fiestas y cambiaron las sonrisas por las lágrimas.

Nadie se espera una muerte. Aunque todos la tenemos en mente. Principalmente, los toreros. Todos dicen que si deben morir de alguna manera que sea en el ruedo. Y lo dicen en serio. Muy de verdad. Porque saben que, en esto, la vida te la juegas de verdad. Los toros matan. Porque llegan tal cual del campo. Sin sustancias, como dicen algunos que se creen defensores de algo. Ni idea tienen. Y, a pesar de lo sucedido ayer, es tanto el amor al toro que tienen todos y cada uno de ellos que no sienten rencor alguno hacia el animal. Le siguen amando. Dan su vida por él. Parece increíble, pero es cierto. Como lo es que Víctor Barrio ha dado su vida por y al toro. A su pasión. A lo que siempre ha soñado. Es inimaginable el dolor, de ese que duele y rompe por dentro, que debe estar sufriendo su mujer, Raquel, y toda su familia. Nada sirve de consuelo. Las tragedias no lo tienen. Necesitan tiempo. Y espacio. El toreo entero está con ellos, que lo vivieron en la plaza.

Lo de ayer ha sido un recuerdo a la verdad. A lo que ser torero significa. A que la vida es efímera y la entregan todos los toreros cada tarde para emocionar al respetable.

En la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda de Madrid, al menos donde estaba hasta ahora, en El Batán, existe una frase enorme colgada en la pared que reza lo siguiente: «Llegar a ser figura del toreo es casi un milagro, pero el que llega, podrá el toro quitarle la vida, la gloria jamás». Firmado por el gran Santiago Martín El Viti. Víctor Barrio no fue figura del toreo. Qué más da. Es sólo un apellido. Y consiguió muchos triunfos y logros importantes, pero no es momento de recopilarlos. Lo que sí vale es que fue capaz de ser querido. Por su sinceridad y lealtad. A los suyos y a su profesión. Para todos, es poseedor de la gloria. Y contará con el respeto y la admiración de todos los profesionales y aficionados para la eternidad.