Fallece a los 67 años el matador de toros sevillano Manolo Cortés

El torero arrastraba una gravísima dolencia que le había retirado de la vida pública en los últimos meses; y su estado de salud había empeorado irreversiblemente en los últimos días.

Manolo Cortés

El matador de toros sevillano Manolo Cortés ha fallecido hoy en el Hospital de San Juan de Dios de Bormujos a los 67 años

El matador de toros sevillano Manolo Cortés, de 67 años de edad, falleció en la noche del pasado sábado en el hospital de San Juan de Bormujos, en Sevilla, donde se encontraba ingresado, víctima de una larga enfermedad que se había agravado en los últimos días.

Nacido el 11 de junio de 1949, en la población sevillana de Gines, la nada boyante situación económica de su familia le decidió a buscar en el mundo del toreo una solución vital. Después de ir un tiempo en la parte seria de un espectáculo cómico taurino -algo obligado y corriente hasta la aparición de las Escuelas Taaurinas... y la desaparición de las charlotadas-, toreó por primera vez vestido de luces el día 8 de septiembre de 1965, en la plaza jiennense de Santisteban del Puerto, donde, en compañía del novillero Antonio Millán «Carnicerito de Úbeda», se enfrentó a reses de Fuentelespino.

El 10 de septiembre de 1966 debutó con picadores en el coso onubense de Cortegana y tras torear veinticinco novilladas en la campaña siguiente, el 14 de marzo de 1968, y sin haber hecho su presentación com novillero en la madrileña palza de Las Ventas, tomó la alternativa en Valencia, de manos de Antonio Ordóñez y con Diego Puerta de testigo, siendo los toros de Carlos Urquijo.

Confirmó su doctorado dos meses más tarde, con Ordóñez de nuevo como padrino y Miguelín de testigo, lidiando en esta ocasión reses de Murube.

Torero de mucha clase y de los considerados artistas, no obstante, no hizo ascos a matar corridas duras, siendo frente a toros de Samuel Flores en Sevilla o de Miura en Valencia cuando logró dos de sus más grandes éxitos. O en Pamplona, en cuyas corridas de San Fermín se anunció durante trece años de manera consecutiva.

Ha sido, tras Curro Romero, y junto a Espartaco, el torero que más ha toreado en La Maestranza, en cuyo albero actuó hasta en cincuenta y una ocasiones, dejando en la misma dos tardes para el recuerdo. La primera tuvo efecto el 16 de abril de 1969, saliendo por la Puerta del Príncipe tras cortar tres orejas a toros de Carlos Núñez, alternando con Antonio Ordóñez y Paco Camino. La tarde anterior, la de su debut ferial, desorejó a sus dos toros en compañía del rejoneador Fermín Bohórquez y de los matadores Jaime Ostos y Victoriano Valencia.

La otra cumbre sevillana fue la del lunes del alumbrado de 1972. Con una aparatosa y tremenda corrida de Samuel Flores, Manolo Cortés, que toreó junto a Andrés Vázquez y Dámaso González, cuajó una faena extraordinaria al segundo de su lote, al que le cortó las dos orejas, siendo esa faena la más premiada de aquella feria.

Para el recuerdo dejó también una faena memorable a un toro de Miura en la feria de julio de Valencia, en el año 1978, al que cortó las dos orejas y siendo obligado a dar dos vueltas al ruedo entre gritos de ¡torero! ¡torero! de un publico emocionado y encandilado por lo que había hecho el torero sevillano.

Fue además un torero muy castigado por los toros –Madrid, Castellón, Pamplona...– durante toda su trayectoria, que llegó hasta la década de los noventa del pasado siglo y, a pesar de sus altibajos -motivados en buena parte por sus probemas de salud- fue torero respetado y admirado por sus colegas, logrando el sello de «torero de toreros», algo que no todos los que visten el chispeante pueden decir, siendo el primer mandamiento de su particular catecismo taurino «es fundamental andar en la plaza en torero».

Tras retirarse de los ruedos ejerció de apoderado de diestros como Tomás Campos, Salvador Vega, Manuel Escribano o Pepe Moral, en los que grabó a fuego su consigna y en los que siempre se veía su sello, personal e intransferible: andar en torero.