Otra aburrida tarde de invierno

Castella, a hombros pese a la poca colaboración del ganado de García Jiménez en Castellón. Castellón. Sexta de la Feria de la Magdalena. Se lidiaron toros de García Jiménez, muy justos de presentación y fuerza. Nobles y manejables, pero sin emoción. Más de media entrada.. El Fandi, de purísima y oro, estocada entera, dos descabellos (silencio); pinchazo, entera (silencio).. Sebastián Castella, de guinda y oro, entera, aviso (oreja); entera caída (oreja).. Miguel Ángel Perera, de celeste y oro, pinchazo, estocada (oreja); pinchazo, entera (silencio).. Destacó el peón Javier Ambel.

Tampoco, pese a las orejas, a la quinta fue la vencida, y la Feria de La Magdalena sigue atenazada por el tedio. No termina de retirarse a sus cuarteles el General Invierno, que sigue venciendo, al menos en Castellón, en estos primeros compases de la temporada. Un día más, el frío, la lluvia, ayer intermitente, y el cielo plomizo se aliaron con una corrida de García Jiménez de muy muy justa presencia, de comodísimas cabezas, escurrida y sin remate. Tampoco tuvo fuerza ni, lo peor, emoción alguna, condicionando muy seriamente el discurrir de la quinta del abono, en la que nadie se acordó que, tal día como ayer, sesenta años atrás, en esta misma plaza, Antonio Chenel «Antoñete» se convirtió en matador de toros.

Pese a tantos elementos en contra, Castella logró salir a hombros. Ya se llevó una oreja de su primero, el de más motor, con el que dejó una larguísima faena de mucha quietud y reposo en su primera mitad, templando mucho al torear en redondo y dejando que el astado se arrancase de lejos. Al natural consintió más enganchones y hubo más velocidad. Poco a poco fue acortando las distancias hasta terminar metido entre los pitones. Puso él la emoción que le faltó al quinto, una raspa de la que tiró siempre y a la que arrancó los muletazos casi con sacacorchos, amarrando la puerta grande al tirarlo sin puntilla.

El Fandi intentó tapar las carencias de su primero haciendo muchas cosas: tiró de repertorio con la capa, banderilleó, naturalmente, haciendo un nuevo alarde de facultades físicas y le buscó las vueltas en el último tercio. Pero el de Matilla no estaba para nada y todo fue un «quiero y no puedo» tan pesado como imposible. En parecido son anduvo con el cuarto, que ya manseó de salida y que fue servido en varas con apenas un leve refilonazo. Pero ni por esas. Tras las banderillas, El Fandi se puso a la tarea de sacar algo en limpio pero no hubo correspondencia por parte de un astado muy aplomado. Así, pese a que se aplicó con denuedo, su esfuerzo no obtuvo recompensa alguna.

No le fueron mucho mejor las cosas a Perera, que buscó dar continuidad a las medias arrancadas de su primero dejándole la muleta puesta hasta que se rajó. Tuvo un punto más de seriedad el que cerró plaza, pero, como al resto de la corrida, no le ayudaron las fuerzas. Su lidia discurrió en un desesperante sí pero no, en el que Perera no pudo meter en vereda a un toro bastante desentendido ya a esas alturas y no consiguió que su labor interesase a una concurrencia ya más pendiente de ir a buscar algo caliente que de lo que pasaba en el ruedo.