El amor en los tiempos de Tinder

Recién estrenada en HBO España, la cuarta temporada de «Casual» pone el broche de oro a una de las series más injustamente ignoradas de la televisión

Recién estrenada en HBO España, la cuarta temporada de «Casual» pone el broche de oro a una de las series más injustamente ignoradas de la televisión.

«Casual» lleva tres años siendo una de las mejores series de las que casi nadie habla. Pocas ficciones televisivas son tan capaces como ella de extraer emociones humanas complejas de las tribulaciones del día a día, y de hacerlo con tanta precisión y finura y tanto humor tiznado de melancolía. Y pese a ello, mientras iba estrenando cada año una nueva temporada invariablemente mejor que la anterior, en ningún momento ha recibido la atención que merecía ni del público ni de quienes escriben sobre series o quienes las premian. Aún no es tarde para remediarlo: su cuarta temporada acaba de estrenarse en la plataforma HBO España.

Creada por Zander Lehmann y producida por Jason Reitman, «Casual» ha mantenido la mirada puesta en los hermanos Alex y Valerie y en la hija adolescente de esta, Laura, mientras intentaban –mayormente sin éxito– establecer conexiones emocionales significativas y duraderas a menudo apoyándose para ello en la tecnología y las redes sociales. Alex, de hecho, cofundó una aplicación de citas. Valerie, por su parte, es psicóloga, aunque probablemente más necesitada de terapia que sus propios clientes.

La gran virtud de la serie está en la exquisitez con la que captura las sutilezas de la vida familiar, esa colección de gestos casi imperceptibles de amor y lealtad y frustración y miedo que componen las relaciones entre su trío protagonista; en el proceso, «Casual» se muestra en todo momento reacia a trazar sus contornos argumentales con definición o a escenificar momentos de gran intensidad dramática, y esa actitud distendida proporciona tanto a los momentos cómicos como a los emotivos una genuina sensación de intimidad.

Avasallador carisma

Val, Alex y Laura, vaya por delante, son el tipo de personas egoístas y prejuiciosas que en la vida real nos resultarían insoportables. Pero, gracias a la cantidad de matices de los que los personajes han sido dotados como del avasallador carisma de sus intérpretes, resulta imposible no tenerles afecto. Después de todo, además, los tres se esfuerzan por convertirse en buena gente.

Desde el principio de la cuarta temporada queda claro que han pasado varios años. Laura acaba de regresar tras pasar dos años en el extranjero y tiene una nueva novia; Alex se ha convertido en un padre a tiempo completo; Val está a punto de dejar su profesión para abrir una tienda de vinos, y resulta obvio que no es una decisión suficientemente meditada. Las cosas, en otras palabras, han cambiado, y eso es una novedad en una serie que hasta ahora había hecho del inmovilismo su razón de ser. Al fin al cabo, nos hemos acostumbrado a asumir que Alex y Val nunca encontrarían amigos o parejas que los entiendan tan bien como ellos se entienden entre sí, y que, por tanto, nunca evolucionarían.

Pero estábamos equivocados. Ella descubre que buena parte de las cosas que la obsesionaban en la primera entrega no son tan importantes, y él, pese a seguir inclinado a echar mano del cinismo y el sarcasmo para defenderse del mundo, ya no muestra pánico a la exteriorización de sentimientos. Eso queda particularmente claro en el pase final, que contiene un par de escenas en las que se ilustran de forma conmovedora las complejidades del amor fraterno.

Pese a esos puntos dramáticamente álgidos, eso sí, «Casual» sigue mostrándose especialmente certera a la hora de sacarles el jugo a esos momentos aparentemente intrascendentes y anodinos que componen la vida diaria, y de entender que es en ellos donde están las claves para tratar de entender el sentido de todo esto.