El Ártico tiene colmillos

«The Terror», la nueva serie de AMC España, que produce Ridley Scott, es mucho

Ciarán Hinds (en la imagen) interpreta al capitán John Franklin, que dirigió una expedición fallida que puso al límite a sus hombres
Ciarán Hinds (en la imagen) interpreta al capitán John Franklin, que dirigió una expedición fallida que puso al límite a sus hombres

«The Terror», la nueva serie de AMC España, que produce Ridley Scott, es mucho.

A mediados del siglo XIX, Gran Bretaña era una potencia naval colosal sin más guerras que librar y, para mantenerse ocupados –y para seguir promocionando la grandeza imperial británica–, esos buques eran a menudo reutilizados en misiones exploratorias. En mayo de 1845, en concreto, los navíos «HMS Erebus» y «HMS Terror» partieron de Londres con la misión de descubrir una ruta hacia el Océano Pacífico a través del Ártico que proporcionaría al país un medio más rápido y rentable de comerciar con Asia. A partir de entonces, los 129 hombres que componían la expedición fueron descubriendo lentamente que su tarea era mucho más difícil de lo que jamás podrían haber imaginado. Después de tres años llenos de dificultades, durante gran parte de los cuales permanecieron literalmente atascados en el hielo, nunca más se supo de ellos. Y aunque ambas embarcaciones eventualmente fueran descubiertas mucho tiempo después –una en 2014, la otra en 2016–, el destino final de sus tripulantes sigue siendo un misterio.

«The Terror», que AMC empezó a emitir el pasado martes, tiene su propia versión sobre lo que pudo sucederles a esos pobres infelices, y en ella intervienen factores como congelaciones, ahogamientos, intoxicaciones, demencia, canibalismo y hasta amenazas sobrenaturales que, eso sí, en última instancia son mucho menos peligrosas que la que encarna el ser humano a causa de su ambición y su arrogancia desmedidas.

Los propensos a la náusea encontrarán sobrados motivos para sentirse enfermos desde los primeros capítulos de la serie, que adapta la novela homónima de Dan Simmons, y no solo a causa del gore ocasional que los salpica –vemos cadáveres abiertos en canal, dedos congelados partidos en dos como si fueran un «Kit-Kat», ese tipo de cosas–: «The Terror» ilustra lo miserable que debía de ser la vida a bordo de un barco expedicionario hace 170 años con tanto detalle que, viéndola, uno se siente aliviado de llevar una vida tan sedentariamente moderna y de disponer de una tersa manta con la que cubrirse el cuerpo mientras contempla a un grupo de exploradores que en cualquier momento podrían ser despedazadas por un Ártico al que parecen haberle crecido colmillos.

Dicho de otro modo, la serie propone un inexorable descenso en diez etapas al corazón de las tinieblas a lo largo del que una hipotética lista de las diferentes cosas que podrían salir mal durante un viaje marítimo del siglo XIX se va haciendo realidad sistemáticamente. Contemplarla, pues, es una experiencia televisiva extrema, y por tanto se requiere cierta motivación para pasar ocho horas viendo desde el sofá a hombres que toman una mala decisión tras otra, y que descubren todos los motivos por los que navegan –su nación, su causa, su Dios– son una mentira, y que finalmente mueren.

Desde el principio esos hombres están atrapados en algo parecido a un gélido purgatorio, cumpliendo condena por pecados desconocidos, y los crujidos incesantes que emite la banda sonora demuestran qué endeble será la protección brindada por los barcos cuando las cosas se pongan realmente feas. Durante sus horas iniciales, eso sí, «The Terror» se toma su tiempo para avanzar, que usa recreándose en describir la dureza del océano y en trazar las sociedades en miniatura establecidas a bordo del «Erebus» y el «Terror». La relativa normalidad que impera en el relato durante su primera mitad, antes de que la realidad comience a resquebrajarse como el hielo, no hacen sino potenciar la desolación y el horror absolutos que viviremos durante la segunda, cuando los trajes queden reducidos a harapos y los rostros se tiñan de morado y las relaciones humanas se rindan por completo a la insensatez, la intolerancia, la superstición y el sadismo. Esas cuatro horas finales de temporada prometen proporcionarnos algunos de los momentos más sombríos de la ficción televisiva reciente.

Amenaza invisible

«The Terror» ha sido producida por Ridley Scott y se nota. Después de todo, es en buena medida la historia de unos exploradores perdidos en un entorno hostil y enfrentados a un monstruo que los va aniquilando de forma especialmente sangrienta. Eso automáticamente la vincula con la obra maestra del director británico, «Alien, el octavo pasajero» (1979). Aquí, en todo caso, pese a que la criatura aparece regularmente en escena –aunque la mayoría de las veces a la manera de una amenaza invisible–, se nos invita a sospechar que quizá sus rugidos y sus letales zarpazos tan solo sean un delirio colectivo, la mera manifestación simbólica de la venganza bíblica que la madre naturaleza ejecuta sobre el hombre blanco, cuya arrogancia le llevó a creerse capaz de imponerse sobre el mar y con el derecho de someter a sus habitantes legítimos.

En última instancia, pues, «The Terror» es mucho más que una historia de monstruos –todas las buenas lo son–. A lo largo de los siglos nos hemos empeñado en creernos conquistadores pese a que desde el principio fuimos prisioneros de un planeta del todo indiferente a nuestra supervivencia. Y tarde o temprano el maltrato al que lo hemos sometido nos pasará factura; y cuando nosotros, los humanos, hayamos perecido víctimas del fuego o alguna inundación o una hambruna o algún otro ajuste de cuentas, el mundo seguirá adelante. Y esa certeza es el mayor y más inesquivable de los terrores a los que el título de esta magnífica serie se refiere.