Un puñado de curiosidades asombrosas sobre la India

Resulta casi vertiginoso visitar la India por primera vez, su elaborada cultura tiende a confundir al visitante primerizo en un torbellino de color, religiones y tradiciones milenarias

Un viajero no termina por derrotarse ante su ignorancia hasta que visita un puñado de destinos concretos. Es en estos lugares, algo mágicos, casi incomprensibles, donde reconoce que en realidad no sabe nada, o menos todavía, al verse rodeado de olores y sabores y sonidos y colores que ni siquiera imaginaba. Una sonrisa asoma entre sus labios sorprendidos. La belleza de lo desconocido se cierne sobre él sin rastro de amenaza, pretende devorarlo para que el viajero se impregne de sus misterios, y el viajero agradecido se deja engullir sin proferir una queja.

Puede ocurrir un momento breve de angustia, es comprensible, al ver los dientes afilados de nuestra criatura. Yo mismo sentí este miedo, en uno de los destinos correctos para aceptar esta ignorancia tan sabrosa. Fue en la India, como el título de este artículo permite suponer. En este país de encanto y de color el asombro es absoluto, nos devora y nos mastica, nos traga para regurgitarnos en los jugos de sus colores ácidos, nos saborea para incluirnos en su lista de aromas milenarios.

Acoge el mayor festival religioso del mundo. El Kumbha Mela se celebra por ciclos, cuatro veces cada doce años, cuando Júpiter entra en la constelación de acuario. El origen de esta festividad masiva, a la que pueden acudir hasta 100 millones de personas, se debe a una leyenda casi tan asombrosa como sus cifras. Resulta que en el comienzo de los tiempos, los dioses y los demonios formaron una alianza para elaborar el néctar de la inmortalidad, el amrita, una pócima que otorgaría la vida eterna y de apariencia similar a la leche. Una vez conseguido el valioso néctar, los demonios traicionaron a los dioses porque así se mueve su vil naturaleza, y robando un cántaro de amrita escaparon entre corruptas carcajadas. Doce días y doce noches, el equivalente a doce años humanos, duró el combate entre los dioses y los demonios por el amrita, hasta que los dioses pudieron derrotarlos en una escena similar a la de San Miguel contra Lucifer y recuperar el codiciado brebaje. Pero los demonios, presa de un descuido imperdonable, derramaron cuatro gotas de amrita en cuatro ciudades indias: Prayag, Haridwar, Ujjain y Nasik. Es en ellas donde se celebra el festival a modo de peregrinación, recordando y alabando la victoria de los dioses sobre los demonios.

Cuenta con un tercer sexo. Aunque los hijra suelen ser varones que no se identifican con el género masculino y que han sido confundidos con habitualidad como eunucos, la realidad es que este grupo religioso cuya historicidad roza los cinco mil años tampoco son transexuales, tal y como los conocemos en Europa. En torno a cinco millones de personas en India se consideran hijra, ni hombres ni mujeres, y son adoradores de la diosa Bajuchara Mata, una deidad en la que confluyen ambos sexos - como ocurre con varias divinidades hindúes - y que permite este tipo de ideas. Pocos hijra llevan a cabo algún tipo de mutilación genital, aunque aquellos que decidan hacerlo deben verter leche en un arroyo, como símbolo de su pérdida de fertilidad. En los últimos años su persecución se ha relajado.

Es el país con más mezquitas del mundo. Aunque tendemos a considerar la India como un país mayoritariamente hinduista, en este maravilloso pedazo de tierra confluyen las cuatro religiones mayoritarias, el budismo y el islam, el hinduismo y el cristianismo. Además de que cuatro religiones nacieron en su territorio: el hinduismo, el budismo, el jainismo y el sikhismo. Su arrolladora población, la segunda mayor del mundo, implica que no importa qué religión entre en juego, todas ellas cuentan con cientos de millones de seguidores. Sorprenderá saber es el tercer país del mundo en número de musulmanes, solo por detrás de Indonesia y Pakistán, y que además cuenta con el mayor número de mezquitas construidas: 300.000.

El Ganges fluye con cadáveres de embarazadas, animales y leprosos. Quien se haya interesado mínimamente por este país sabrá de los rituales de incineración que se realizan en la ciudad de Benarés, a las orillas del río sagrado Ganges. En estas ceremonias se incinera el cuerpo del difunto en una pira, y la cadera de las mujeres y el pecho de los hombres son arrojados, una vez purificados por las llamas, al río. Pero el fuego no es más que un elemento purificador, precisamente, por lo que ciertos fallecidos no necesitan pasar por esta fase antes de ser arrojados al río. Ocurre con las almas puras. Son los niños, las embarazadas por llevar un alma pura en su interior, los leprosos (el lector se sorprendería de saber la cantidad de lepra que queda en ciertos países) y los animales. Cualquiera que visite los crematorios de Benarés y dedique un tiempo a observar el río no tardará en ver un animal flotando por sus aguas. A los seres humanos los atan a una roca para que se hundan.

Las vacas tienen carné de identidad. O algo parecido. En la región de Bengala Occidental, las vacas deben tener una fotografía identificativa con el fin de controlar sus defunciones. Aprovecho esta curiosidad para explicar por qué las vacas se consideran animales sagrados en la India. Esto se debe, en primer lugar, a que son tomadas como símbolos de alimento y de vida, de felicidad en resumen mientras nos regalan su leche aunque no hayan criado, y matarlas con el simple fin de alimentarse significa algo parecido a querer destruir la vida y la felicidad. No se las adora ni nada por el estilo, solo se las adorna en los templos durante la festividad de Gopastami, pero numerosos textos hinduistas señalan que en una época en que los demonios contaminaron la Tierra y privaron a los hombres de alimento, la Madre Tierra se presentó ante Vishnu (un dios supremo) en forma de vaca, para pedirle su intercesión a favor de los hombres.

Todo es más caro para los turistas. Puede molestar en un primer momento, cuando comprobamos que el té nos cuesta unos céntimos más que a los locales, o incluso las entradas de los museos, que cuentan con tarifas diferenciadas para los turistas y los indios. No se da esta diferencia en todos los productos posibles, por supuesto, aunque es lo habitual. Ignoro a que se debe. Si el cambio de precio viene dado durante el regateo con un vendedor ambulante, supongo que se explica como la clásica situación, tan habitual, del extranjero estafado; en los museos quiero pensar que las autoridades del país buscan incentivar la cultura entre sus ciudadanos. En cualquier caso, pagar cinco o diez céntimos por un té caprichoso no hará que nos falte para cenar.

Un no significa que sí. Yo tardé en darme cuenta, tras varias situaciones de frustración contenida. Cuando se le hace una pregunta a un indio y este gira la cabeza hacia los lados, tal y como haríamos en España para expresar una negación, en realidad está indicando una afirmación. ¿Por qué? Lo ignoro. Se trata de una joya más en su cultura.

Está prohibido sacar rupias del país. La moneda nacional de la India es la rupia, cuyo cambio es de 1 euro por 86 rupias, aproximadamente. Pero anda con cuidado cuando quieras llevarte unos billetes de recuerdo. Está prohibido sacar moneda local del país, bajo pena de multa o cárcel dependiendo la cantidad, así que lo más recomendable sería hacer el cambio antes de subir al avión. Si quieres llevarte nada más que 100 rupias, claro que no hay problema. Se mete el billete en la cartera y a otra cosa.

El hinduismo cuenta con 330 millones de divinidades. Casi nada. Su literatura religiosa indica que existe tal número de deidades aunque si añadimos a los dioses familiares y personales, o regionales, la cifra sería mucho mayor. Dependiendo de la rama del hinduismo que uno profese, dará más importancia a unas divinidades que a otras. Por ejemplo, el dios supremo para los shivaístas sería Shiva, mientras que Vishnu y sus avatares se consideran el dios supremo para los vishnuistas, para otros sería Shakti y así sucesivamente. Además no todos los dioses pertenecen a una misma categoría. Bajo los dioses supremos se encuentran los vedas y bajo estos los devas, algo parecido a los ángeles en para las religiones judeocristianas.

Se hablan hasta 1.500 dialectos. Otros dicen que llegan a los 2.000. Probablemente sea este el dato que mejor revele su amplia diversidad cultural, además de su complejo sistema de castas, al cual dedicaré un artículo futuro. Este sistema resulta demasiado complejo para explicarlo en la brevedad de una lista de curiosidades. Hablando en términos oficiales, la India cuenta con dos idiomas promulgados como tal a nivel nacional en su constitución de 1950, que serían el hindi y el inglés, además de otros 21 idiomas oficiales regionales. Sin embargo, desde 1965 no existe un idioma oficial a nivel de estado propiamente dicho, ni siquiera el hindi, y el inglés terminó por ser excluido de la lista de idiomas oficiales. Aunque la realidad difiere del papel por lo habitual, y tanto el inglés como el hindi son utilizados casi a diario por amplios sectores de su población.