Sacrificios, trampas y nudismo: conoce el origen de los Juegos Olímpicos en Grecia

Desde que Enemao se suicidó tras perder una carrera de cuadrigas, hasta la prohibición de la competición por Teodosio I, los Juegos Olímpicos antiguos eran muy diferentes a los de hoy

Astérix y Obélix en los Juegos Olímpicos.
Astérix y Obélix en los Juegos Olímpicos.René Goscinny y Albert Uderzo.

Quiero que el lector se imagine a Rafael Nadal jugando al tenis completamente desnudo. O que piense en Usain Bolt corriendo los cien metros lisos como Dios le trajo al mundo, en Michael Phelps nadando a crol con el pompis coloreado de blanco y saliendo a respirar cada tres brazadas, como una ballena. Pero a la vez, aprecie la belleza de sus cuerpos, admire el sudor brillante que humedece esos pectorales pulidos e inimitables, aplauda la posición de sus caderas, comente con sus amigos heterosexuales lo fortachón que parece Pau Gasol mientras corre dando largas zancadas por la cancha, y no aplauda solo el triple apoteósico que acaba de encestar, sino también su silueta que parece que un escultor talló en el mármol más fino de Grecia. A las mujeres no hace falta que las imagine desnudas porque apenas competían en los Juegos Olímpicos antiguos, y si lo hacían era vistiendo una túnica corta por encima de la rodilla, enseñando nada más que el hombro derecho.

Imagine los Juegos Olímpicos tal y como eran antes, únicamente con los medios de hoy, con ese ligero cambio, y asómbrese conmigo. El cuarto día de competiciones se sacrificarían cien bueyes al dios Zeus y los deportistas más osados se bañarían en su sangre, orando a gritos; sería un espectáculo fascinante (y extraordinariamente sangriento) digno de una película.

El tramposo Enomao

Vayan a Olimpia aunque sea con los libros y averigüen cómo sería una mentalidad así en los Juegos del año actual. Supone un ejercicio divertido. Existen múltiples leyendas para explicar el origen de las Olimpiadas en este lugar sagrado y dedicado a Cronos en sus orígenes, el mismo padre de Zeus que se había comido a todos sus hijos hasta que Zeus se cambió por una piedra, y le hizo vomitar a todos los hijos que se había comido. Una versión primigenia de dios y cuyo nombre es hoy un sinónimo del tiempo. Una de las leyendas, quizá la más conocida, asegura que el origen de las competiciones se debe a la carrera entre Pélope (padre de Menelao y Agamenón, los reyes que atacaron Troya) y el rey Enomao. Enomao dijo que casaría a su hija con quienquiera que le venciese en una carrera de cuadrigas pero el mamón sobornaba o directamente asesinaba a sus contrincantes para ganar las carreras. Quisieron los dioses un milagro, que un esclavo de Enomao que estaba hasta las castañas de su señor se alió con Pélope y cambió las tuercas del carro del rey de Pisa por unas de cera. Pélope ganó la carrera y dicen que el rey Enomao se suicidó tras su derrota, el chico se casó con la chica y gobernaron muy juntos y felices en el Peloponeso.

Restos del Filipeo, monumento construido en Olimpia por orden de Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno. FOTO: Aruns911 dreamstime

Hay más historias pero esta es la más consensuada, técnicamente hablando, en lo que se refiere al mito fundacional de los Juegos Olímpicos. En términos de Historia estricta, sabemos que el rey Ífito de Elis ordenó organizar los primeros juegos en el 776 a. C, según él porque se lo había ordenado el Oráculo de Delfos. Pero vengan, vengan conmigo. Echemos un vistazo a los Juegos Olímpicos que nos hemos inventado.

Violencia sagrada

A lo largo de su duración, o incluso varios meses antes para garantizar la seguridad de los participantes, se pactaría una paz global, en todo el mundo. Antiguamente la paz sólo estaba pactada para Grecia (porque únicamente participaban en ellas los griegos y como invitados, alguna vez, los romanos) pero si hoy juegan todos los países, pues podríamos imaginar que la paz fuera global, aunque solo sea por unos días, una paz global, lo imagina. La necesidad, el instinto hambriento que el hombre siente hacia la guerra se mitiga con el rito, en la sangre del cuchillo, abrazando al buey herido que muge aterrorizado sobre el enorme altar.

El escenario de este milagro sería, todos los años, como era antes, la villa olímpica de Olimpia. La redundancia redomada. El boxeo se lucharía sin guantes hasta que uno de los jugadores (todavía desnudo) se sometiese, y el estilo sería más callejero, con menos normas que el boxeo actual. Tras un buen combate sería habitual que el público se lance a los pies del ganador y luego se correrían una tremendísima bacanal en honor a Dionisio. Y si llegara a conocerse que el vencedor hizo algún tipo de trampa, la recaudación de la multa se destinaría a esculpir uno de los zanes (pequeñas estatuas de Zeus fundidas en bronce) ubicadas en la vía procesal. Hoy veríamos miles de estatuas de Zeus brillando y vigilando a los deportistas.

Dato curioso número 872 sobre las Olimpiadas: unas 40.000 personas acudían a ver los Juegos Olímpicos antiguos frente a los 1,7 millones que fueron a Río de Janeiro en 2016.

Las excavaciones arqueológicas en Olimpia comenzaron en el siglo XIX y todavía hoy continúan. FOTO: Irina Papoyan dreamstime

Me asusta un poco el rollo que llevaban pero sigamos viendo cómo sería este lugar de sacrificios y exotismo. En Olimpia pasamos junto a una charca y nos encontramos con los restos sumergidos (succionados por el barro, perdidos) del hipódromo donde corrían las cuadrigas. Solo imagine eso hoy. ¡Por Cástor y Pólux, háganse una idea! La tecnología de ahora hace suponer que las carreras de cuadrigas serían una barbarie increíble. Y los estadios serían enormes, más grandes que el Bernabéu. No podemos imaginarlo del todo. Ya entonces rodaba una que otra cabeza si era voluntad de Hera, pero era habitual que algún mozo (el recogepelotas de la época) fuera atropellado cuando iba a recuperar el brazo de este o aquel auriga, para deleite del público. Caramba. Vivimos en una tierra donde cientos de millones de personas estuvieron dispuestas a rugir si Cristiano Ronaldo (o su homónimo de entonces) se desnucara, algo así, o si se rompiese ambas piernas, qué barbaridad. Un mundo donde millones enteros apostarían con algo tan cruel y tan nimio como son los caballos… las grandes víctimas del espectáculo.

En los laterales de la Villa Olímpica estarían dispuestos varios edificios de mármol (¿hoy acero?) con los tesoros que varias ciudades quisieron donar en honor a Zeus o Hera, y en el centro de la villa estaría el Templo de Zeus. Antiguamente albergaba una de las siete maravillas del mundo antiguo, una perla desaparecida, la gigantesca estatua de Zeus – Amón acabada con oro y marfil; hoy, quién sabe qué guardaría, o el tamaño de la estatua. ¡Anda! Y por aquí se rebozaban los deportistas cuando lo de los bueyes.

Dato curioso número 468 sobre las Olimpiadas: el emperador Nerón de Roma compitió en las Olimpiadas como hacían los niños ricos de la época. Extorsionó a sus contrincantes y corrió en solitario. Incluso se cayó de la cuadriga en una curva pero ganó la carrera de todos modos.

Olimpiadas musicales

"Nerón y Senéca", escultura de Eduardo Barrón. A Nerón se le atribuye también el suicidio de su maestro Séneca, después de haberlo condenado a muerte. FOTO: Eduardo Barrón Dominio Público

Teniendo en cuenta que muchos de los participantes eran guerreros, se comprende que las pruebas fueran del estilo: lanzamiento de jabalina, salto de longitud, carreras, diversos tipos de lucha (el pancracio resulta especialmente interesante), cuadrigas y todo eso; pero aquí encontramos un dato interesante: también había competiciones artísticas. Hubo concursos de heraldos y de trompeteros, competiciones musicales, de actores, poetas…

Imagínense: Olimpiadas de 1984 en los Ángeles. Hoy hay partido, no puedo quedar. Juegan Guns N´ Roses por Estados Unidos y España con Rocío Jurado. Duelo de titanes. Recordemos, siempre desnudos. A no ser que la norma permitiera a los artistas elegir su disfraz, según determine el Consejo Olímpico.

Antes el Consejo Olímpico lo formaban los ancianos de los pueblos que habitaban en torno a Olimpia, que de una forma prácticamente hereditaria recibieron durante siglos y siglos la responsabilidad de defender los ideales de los juegos. Y los ideales de los Juegos eran sagrados. Durante el tiempo que ocupaban el cargo eran intocables. Tuvo que venir Teodosio I con su puritanismo religioso para declarar los juegos prohibidos en el año 392 después de Cristo, y llevaban celebrándose de forma casi ininterrumpida durante mil años mientras los juegos modernos comenzaron hace poco más de cien, eso da para pensar. El desconocido Consejo Olímpico se mantuvo durante mil años, como un edificio muy preciado. Eso da que pensar.