Las reliquias como objetos de poder

Desde tan atrás como el neolítico, pasando por las religiones griegas y monoteístas, las reliquias han servido como fuente de poder y objeto de peregrinación en todo el mundo

Ayer terminé de ver la serie de Knightfall en HBO, una que trata sobre la caída de los Caballeros Templarios por mediación de Felipe IV de Francia y su fiel cómplice, el Papa Clemente V. Dejando de lado el dudoso rigor histórico de la serie, no pude evitar sentir un profundo interés en el objeto que rodea la primera temporada. El Santo Grial, ese que ha inspirado tantas aventuras, al parecer necesario según la serie para reunir al cristianismo bajo una misma bandera, lanzar una última cruzada que permitiese recuperar Tierra Santa y, por supuesto, aprovechar sus supuestas propiedades mágicas. Los sucesos narrados en esta ficción sobre el Grial no son ciertos pero sí destaca un punto interesante en lo que concierne a las reliquias. Es el poder que parece manar de ellas, llevando a millones de personas a peregrinar en su búsqueda a lo largo de los siglos.

Origen de las reliquias

Diversos pensadores coinciden en la idea de que la religión partió de una falta de comprensión del ser humano respecto a la naturaleza que le rodeaba. Otros, como es evidente, en la revelación divina. Pero siguiendo la primera línea - que permitirá abarcar todas las religiones, falsas y verdaderas, en el tema a tratar en este artículo - se estipula que había tantos misterios inexplicables, las estrellas, la lava del volcán, el crecimiento de los árboles, ese gran charco de agua que llamamos mar, los rayos y los truenos; que a falta de una explicación científica que descifrase estos enigmas, se creó una relación entre el ser humano y la naturaleza a partir de los magos. Y tras el fracaso que estos supusieron, con la religión y dioses que explicasen sin necesidad de una explicación el por qué de las cosas.

Este ideario basado en dioses otorgó un sentido espiritual a la muerte, comenzaron a generarse diferentes teorías sobre qué suponía morir y hacia dónde nos dirigíamos después de hacerlo. Con este nuevo desarrollo del pensamiento humano, el difunto adquirió un carácter cercano a lo sagrado, creándose los elaborados rituales de enterramiento que no sigue ningún otro ser vivo. Aquí encontramos el primer vestigio de las reliquias, en estos difuntos. Es una teoría comúnmente aceptada que el carácter casi sagrado que ostentaban pudo convertirlos en objetos de culto (lo cual todavía se demuestra en ciertas religiones africanas) mientras todo bien palpable que les rodease, desde su sangre hasta sus bienes materiales, eran portadores de poderes mágicos.

Las primeras reliquias bien podían ser objetos relacionados con los ancestros de cada familia, ya que se tiene constancia de que algunos hombres primitivos llegaban incluso a ingerir bienes de los muertos para impregnarse de su poder.

Las reliquias en religiones anteriores al cristianismo

No hace falta irse demasiado lejos para encontrar reliquias que no tienen conexión alguna con el cristianismo. Basta buscar épocas donde las religiones mayoritarias eran otras. Cualquier religión ha sustentado sus ideas con objetos tangibles, fáciles de comprender para el hombre cotidiano, y es por esto que si viajásemos a la Atenas presocrática, podríamos haber visitado los restos de Teseo en uno de sus templos. O escucharíamos que el olivo junto a tal templo fue un regalo de la diosa Atenea, nada más y nada menos, después de que el iracundo Poseidón hiciera manar una fuente de agua salada en plena ciudad, por cualquier rabieta que hubiera tenido a bien coger.

No solo objetos, también ciertos lugares eran venerados por los griegos en su frenesí por los dioses. Según recogió el geógrafo Pausanias, el Templo de Erecteion, en la Acrópolis, fue construido con una forma determinada para cuidar el terreno sagrado que protegía. Las sandalias de Helena de Troya, la lanza de Aquiles, la espada del rey Memnon, mitos y reliquias se asociaron rápidamente para conformar importantes centros de peregrinación - una excelente fuente de dinero - y otorgar un poder muy peculiar a los guardianes de estos asombrosos elementos. Si todas las historias que rodeaban a las reliquias eran ciertas, quienes las guardaban tenían entre sus manos una serie de poderes - como el casco de Hades, que volvía invisible a quien lo calzase - difíciles de igualar por ningún rey humano. Esa suposición temerosa era suficiente para que nadie quisiera probar su veracidad.

El judaísmo también ha corrido en paralelo con el ideario griego sobre las reliquias como objetos de poder. Se dice del Arca de la Alianza, construida por Moisés para guardar los Diez Mandamientos, que es capaz de liberar la energía suficiente como para destruir ciudades enteras. La mesa del rey Salomón llevaba inscrito en ella el Shem Shemaforash, el nombre secreto de Dios, y quien pudiese leerlo conseguiría una sabiduría ilimitada. Otro ejemplo sería la Piedra del Destino, también conocida como la Piedra de Jacob, 150 kilogramos de arenisca que dicen fue la almohada que utilizó el patriarca para dormir la noche que soñó con las escaleras del cielo. Desde el año 1296, cuando fue robada por el rey Eduardo I a los escoceses, hasta su devolución en 1996, ha sido guardada en Londres y utilizada durante la coronación de todos sus reyes.

Existen más ejemplos en la religión islámica, budista y tantas otras, el tema daría para libros enteros, pero el resultado es evidente. Todas las reliquias han supuesto algún tipo de poder, ya sea espiritual o puramente humano, para todos aquellos que hayan sido capaces de hacerse con ellas. Y cualquier herramienta de poder es realmente útil para aquél que lo busca.

Las reliquias cristianas

La primera referencia que encontramos sobre las reliquias en el cristianismo mana de la boca de Jesucristo: “¡Ay de vosotros, que edificáis monumentos a los profetas, a quienes vuestros padres dieron muerte!Vosotros mismos atestiguáis que consentís en la obra de vuestros padres; ellos los mataron, pero vosotros los edificáis”. (Lucas 11, 47-48).

Queda patente, a lo largo de los Evangelios, el escaso interés de Jesús por las reliquias de esta religión que él pretendía renovar, en un mundo donde el reino de Dios no necesitaría de bienes materiales para consolidarse. Es por esta razón que durante los primeros siglos de religión cristiana, apenas se tienen en cuenta las reliquias. Luego llegaron los mártires. Se tiene constancia de reliquias utilizadas en las catacumbas de Roma en torno al siglo III, objetos personales o incluso el propio cuerpo de algunos de los asesinados por su fe. También se sabe que los primeros templos públicos, construidos al terminar la persecución a los cristianos, fueron levantados sobre las tumbas de mártires y santos; el Papa Félix I llegó a promulgar una ley en el 269, permitiendo la celebración de los sacramentos frente a las mismas.

Es evidente que se creó una nueva asociación entre estos hombres y mujeres santos, convirtiéndolos en excelentes figuras que podrían hacer de intermediarios en las oraciones entre los fieles y Dios. La posesión de sus bienes terrenales parecía facilitar esta comunicación.

El momento clave en el reliquiario cristiano ocurre durante la peregrinación de Santa Elena, madre del emperador Constantino I, a los lugares santos en Jerusalén. Se dice que además de la Vera Cruz, Santa Elena encontró durante su viaje los clavos de Cristo (que entregaría a su hijo para que le protegiesen en cada batalla), la tablilla de la cruz donde venía escrito el lema: Jesús el Nazareno, Rey de los Judíos (INRI), un pedazo de la Santa Túnica que vistió durante su crucifixión, la Escalera Santa por la que se dice que ascendió para ser juzgado y un fragmento de la cuna de Jesús.

¿A qué se debió esta aparente sumisión de la religión cristiana frente a las reliquias? Hasta el punto de que prácticamente cualquier Catedral cuenta con las suyas. Las teorías difieren. Unos opinan que el hecho de Dios se hiciera hombre en el cuerpo de Cristo fue interpretado como una sacralización de la materia, llevando a la creencia de que esta santidad podía transmitirse a otros objetos. Ya fueran cuerpos de santos o bienes materiales como el Santo Grial, la Sábana Santa o la Lanza del Destino. Otros afirman que el pasado religioso de los romanos, sustentado como el de los griegos a partir de reliquias, llevó a esta malinterpretación de la palabra de Dios. Y por supuesto que los hay quienes aseguran que el poder de estos objetos es real, simple y llano.

Como tantos otros elementos relacionados con la religión, creer o no en el poder de las reliquias es una cuestión que compete a la fe en exclusiva, aunque no quiero entrar en este complicado tema cuando analizamos el uso que los hombres han dado de ellas. Reales o no, las reliquias fueron utilizadas durante siglos como útiles elementos de poder por intercesión de la mano humana. Los cruzados que combatían junto a la Vera Cruz lo hacían con una pasión y una fiereza admirables. Peregrinos de todo el mundo acuden a contemplarlas, pagando una suma considerable de dinero en su camino y generando todo tipo de negocios beneficiosos para el bolsillo. Incluso los han habido, como ocurrió con Adolf Hitler, que creían firmemente en el poder mágico de las reliquias para conseguir sus objetivos. Se sabe que consiguió hacerse con la Lanza del Destino (en teoría utilizada por el soldado Longino para comprobar si Cristo había muerto) y que buscó febrilmente el Santo Grial. Y no hace falta volver a citar la Piedra del Destino que guarda con tanto recelo las familia real británica.